Edición Nº 1605

 

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    ARTÍCULO

    11 de Febrero de 2000

    Carol y Darlene
    Tomaron Palacio

    Las Bernaola se pasearon por Palacio sin el anfitrión mayor.


    La elección de las hermanas Carol y Darlene Bernaola ha alborotado el gallinero limeño y ha despertado un chauvinismo que no se veía desde la presentación en sociedad del cholonauta de la NASA Carlos Noriega. Y es que no todos los días se elige a una, y menos a dos peruanas como playmates del milenio. Si bien Playboy las ha hecho ricas y famosas, son ellas mismas, con su natural simpatía, las que se han encargado de hacerse populares en el país donde nacieron. Como ellas mismas dicen, eligieron el camino difícil para triunfar en los EE.UU. No fue fácil: lavaron platos y trapearon pisos, se convirtieron en modelos y -casi sin proponérselo- entraron al casting de Playboy. Los ejecutivos, al enterarse que en este caso había belleza por partida doble, no dudaron en coronarlas.

     

    No es el sillón presidencial, pero está cerca. Derecha, El húsar de Junín en los interiores de la Casa de Pizarro supo mantenerse firme -con no poco esfuerzo- ante la perturbadora presencia de las conejitas de Playboy.

    AL ver a los paparazzi locales enfrascados en una implacable persecución desde el aeropuerto hasta el hotel, las hermanas Bernaola, de 23 años, se dieron cuenta de que éste no sería un viaje común y corriente. Primero, se trataba del lugar donde pasaron los mejores momentos de su infancia (Chanchamayo, Perú). Segundo, se había generado una exagerada expectativa, reflejada en un titular de la prensa sensacionalista que nada tenía que ver con la agenda de Carol y Darlene: Se bañarán calatitas en la Costa Verde: cholos podrán apreciar el espectáculo.
    Luego de vivir sus primeros años en la selva de Chanchamayo, jugando con los monos, pescando en el río y trepándose a los árboles a recolectar frutas, su familia tuvo que viajar a los EE.UU. obligada por el terrorismo de los ochenta. Y es así que, a los dieciséis años, empezaron una nueva vida en Miami. Desconociendo el idioma, tuvieron que lavar platos y limpiar mesas en restaurantes de comida rápida para subsistir. Poco a poco lograron escalar posiciones y cambiar de rumbos, hasta ubicarse como modelos de la agencia Elite. Y sería en una de las fiestas de Playboy en la discoteca Caos, de propiedad del esposo de Carol, que un productor descubrió a las gemelas. El resto es historia, Hugh Hefner las hizo ricas y famosas al elegirlas playmates del milenio entre 18 mil candidatas.
    Durante su travesía limeña, hubo de todo un poco. Acción: porque a pesar de los guardaespaldas, los paparazzi nunca se doblegaron, acechando igual en calles, lobbies de hotel y sets de televisión. Romance: se supo por un botones que un ramo de rosas rojas llegó con la firma de un congresista de la República, pero que al enterarse del remitente las gemelas no pudieron más que soltar la risotada. Ecología: porque se dieron tiempo para ponerse bikinis y chapotear con los delfines del acuario del hotel. ¿Y dónde estaban los paparazzi? Suspenso: porque esa noche, cuando iban a aparecer en vivo y en directo en el programa inaugural de Mónica Zevallos, la señal desapareció inexplicablemente del aire. Entre los miles de espectadores que se quedaron con los crespos hechos, se argumentó que las charapitas -vestidas con espectaculares escotes y faldas translúcidas- habrían recalentado la antena en el Morro Solar. Turismo: al día siguiente una lamentable descoordinación (conociendo al Presidente resulta improbable pensar que se haya negado) hizo que las conejitas se pasearan por Palacio de Gobierno sin la compañía del anfitrión mayor.
    Al principio las gemelas guardaron la debida compostura ante la majestuosidad del recinto, pero pronto afloró en ellas esa natural y sana espontaneidad con la que han cautivado al público gringo. Carol y Darlene empezaron el recorrido jugando a las adivinanzas frente a los retratos de los héroes nacionales: ¿Quién es?..., ¿quién es?..., lo tengo en la punta de la lengua..., Miguel..., Miguel..., ¡sí!, ¡Miguel Grau!. Seguían con interés la explicación de la guía pero luego no pudieron resistirse a la tentación de probar la comodidad del sillón donde el Presidente se entrevista con otros altos mandatarios, a subir a brincos las escalinatas del balcón destinado a la juramentación de los ministros de Estado, en el Salón de los Espejos, y a coquetear graciosamente con un húsar de Junín que, en todo momento, permaneció inamovible: de hecho, la procesión iba por dentro. Al final del recorrido, las gemelas Carol y Darlene Bernaola agradecieron la visita al Presidente autografiando la edición de los cincuenta años de la revista Playboy y la edición de colección de enero del 2000, dedicada a mostrar sus más sensuales encantos.
    En la noche, una vez acostado, el Presidente hojeaba la revista Playboy y refunfuñaba: ¡pucha madre, la que me perdí!

    Con sus camaritas buscaron al dueño de casa por todos los ambientes, pero no lo encontraron.Derecha, Luego de mantener la inicial compostura, las gemelas dejan aflorar su juguetona personalidad.

     

     


     



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