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ARTÍCULO
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11
de Febrero de 2000 |
Carol
y Darlene
Tomaron Palacio
Las Bernaola se pasearon por Palacio sin el anfitrión mayor.
La elección
de las hermanas Carol y Darlene Bernaola ha alborotado el gallinero limeño
y ha despertado un chauvinismo que no se veía desde la presentación
en sociedad del cholonauta de la NASA Carlos Noriega. Y es que no todos
los días se elige a una, y menos a dos peruanas como playmates
del milenio. Si bien Playboy las ha hecho ricas y famosas, son ellas mismas,
con su natural simpatía, las que se han encargado de hacerse populares
en el país donde nacieron. Como ellas mismas dicen, eligieron el
camino difícil para triunfar en los EE.UU. No fue fácil:
lavaron platos y trapearon pisos, se convirtieron en modelos y -casi sin
proponérselo- entraron al casting de Playboy. Los ejecutivos, al
enterarse que en este caso había belleza por partida doble, no
dudaron en coronarlas.
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No
es el sillón presidencial, pero está cerca. Derecha,
El húsar de Junín en los interiores de la Casa de
Pizarro supo mantenerse firme -con no poco esfuerzo- ante la perturbadora
presencia de las conejitas de Playboy.
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AL ver a los paparazzi locales enfrascados en una implacable persecución
desde el aeropuerto hasta el hotel, las hermanas Bernaola, de 23 años,
se dieron cuenta de que éste no sería un viaje común
y corriente. Primero, se trataba del lugar donde pasaron los mejores momentos
de su infancia (Chanchamayo, Perú). Segundo, se había generado
una exagerada expectativa, reflejada en un titular de la prensa sensacionalista
que nada tenía que ver con la agenda de Carol y Darlene: Se
bañarán calatitas en la Costa Verde: cholos podrán
apreciar el espectáculo.
Luego de vivir sus primeros años en la selva de Chanchamayo, jugando
con los monos, pescando en el río y trepándose a los árboles
a recolectar frutas, su familia tuvo que viajar a los EE.UU. obligada
por el terrorismo de los ochenta. Y es así que, a los dieciséis
años, empezaron una nueva vida en Miami. Desconociendo el idioma,
tuvieron que lavar platos y limpiar mesas en restaurantes de comida rápida
para subsistir. Poco a poco lograron escalar posiciones y cambiar de rumbos,
hasta ubicarse como modelos de la agencia Elite. Y sería en una
de las fiestas de Playboy en la discoteca Caos, de propiedad del esposo
de Carol, que un productor descubrió a las gemelas. El resto es
historia, Hugh Hefner las hizo ricas y famosas al elegirlas playmates
del milenio entre 18 mil candidatas.
Durante su travesía limeña, hubo de todo un poco. Acción:
porque a pesar de los guardaespaldas, los paparazzi nunca se doblegaron,
acechando igual en calles, lobbies de hotel y sets de televisión.
Romance: se supo por un botones que un ramo de rosas rojas llegó
con la firma de un congresista de la República, pero que al enterarse
del remitente las gemelas no pudieron más que soltar la risotada.
Ecología: porque se dieron tiempo para ponerse bikinis y chapotear
con los delfines del acuario del hotel. ¿Y dónde estaban
los paparazzi? Suspenso: porque esa noche, cuando iban a aparecer en vivo
y en directo en el programa inaugural de Mónica Zevallos, la señal
desapareció inexplicablemente del aire. Entre los miles de espectadores
que se quedaron con los crespos hechos, se argumentó que las charapitas
-vestidas con espectaculares escotes y faldas translúcidas- habrían
recalentado la antena en el Morro Solar. Turismo: al día siguiente
una lamentable descoordinación (conociendo al Presidente resulta
improbable pensar que se haya negado) hizo que las conejitas se pasearan
por Palacio de Gobierno sin la compañía del anfitrión
mayor.
Al principio las gemelas guardaron la debida compostura ante la majestuosidad
del recinto, pero pronto afloró en ellas esa natural y sana espontaneidad
con la que han cautivado al público gringo. Carol y Darlene empezaron
el recorrido jugando a las adivinanzas frente a los retratos de los héroes
nacionales: ¿Quién es?..., ¿quién es?...,
lo tengo en la punta de la lengua..., Miguel..., Miguel..., ¡sí!,
¡Miguel Grau!. Seguían con interés la explicación
de la guía pero luego no pudieron resistirse a la tentación
de probar la comodidad del sillón donde el Presidente se entrevista
con otros altos mandatarios, a subir a brincos las escalinatas del balcón
destinado a la juramentación de los ministros de Estado, en el
Salón de los Espejos, y a coquetear graciosamente con un húsar
de Junín que, en todo momento, permaneció inamovible: de
hecho, la procesión iba por dentro. Al final del recorrido, las
gemelas Carol y Darlene Bernaola agradecieron la visita al Presidente
autografiando la edición de los cincuenta años de la revista
Playboy y la edición de colección de enero del 2000, dedicada
a mostrar sus más sensuales encantos.
En la noche, una vez acostado, el Presidente hojeaba la revista Playboy
y refunfuñaba: ¡pucha madre, la que me perdí!
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Con
sus camaritas buscaron al dueño de casa por todos los ambientes,
pero no lo encontraron.Derecha, Luego de mantener la inicial compostura,
las gemelas dejan aflorar su juguetona personalidad.
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