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11 de Febrero de 2000 |
Por
AUGUSTO ELMORE |
MEA culpa: debo confesar el grave error que cometí debido
a mi total incultura en materia de físico-culturismo. Vi en la
televisión al señor Alan Wong luciendo sin ninguna vergüenza
la camiseta de Perú 2000, e, inculto de mí, lo confundí
con su colega de oficio, el congresista Moisés Heresi, atribuyéndole
a éste ese acto sublimemente oportunista. Mil perdones (a Heresi).
La próxima vez voy a tener que meterme en un gimnasio para distinguir
quien es quien y no confundir a la gente por sus músculos.
Lo cierto es que Wong (Alan) se ha ganado el derecho de estar en la lista
parlamentaria de Perú 2000. ¡Buena! 24,000 soles del ala
por mes, por lo menos.
Haber organizado y promovido las invasiones de terrenos en Villa El Salvador
ha sido para el gobierno como abrir la caja de Pandora, porque, abusando
de la necesidad de los más humildes los impulsaron a tomar lo que
no les pertenecía, y ahora ellos reclaman ante el gobierno para
que los reubique en mejores lugares.
Lo mismo sucedió cuando se llevó a ambulantes de otros distritos
a invadir una vez más el remodelado Jirón Gamarra, que es
un logro del alcalde Bonifaz, de Somos Perú, por cierto. Los que
protestaron fueron los propios comerciantes de la zona, como ahora ocurre
con los vecinos de Villa El Salvador, a quienes se pretendió quitarles,
invadiéndoles, terrenos para proyectos agrícolas. Todo ello
puede resultar un tiro por la culata para el gobierno, promotor de invasiones.
El gobierno se ufana de haber reubicado a no se sabe si a 7.000 ó
a 18.000 personas en las lomas en donde el diablo perdió el poncho,
es decir a un costado de la llamada ciudadela Pachacútec, a donde
ha ido una parte de los invasores llevados por camiones oficiales, o contratados
por el gobierno. Esperan con ello obtener una cosecha del arenal: 7.000
ó 18.000 votos en las próximas elecciones. Para lograrlo
les ofrecerán casa construida, agua, luz y desagüe, y casi-casi
música y vista al mar. Una re-reelección bien vale la pena.
Y una mentira más qué importa.
El señor Carlos Quiroz escribe una confusa carta dirigida a esta
página desde Miami (¡buena, primo!), en la que, tras alabarla,
cosa que agradezco, me acusa de pituco sólo porque me referí
a los jóvenes chic que andan en motos Harley-Davidson iguales a
las de la Policía del Escuadrón Fénix, que he criticado
varias veces porque a las lindas chicas que forman parte de ese escuadrón
les gusta mucho conversar con sus colegas en la esquina del parque de
Miraflores, muy cerca de La Tiendecita Blanca. No sé cómo
habrá hecho el señor Quiroz para descubrir por ese solo
comentario mi supuesta pituquería, racismo y otras cosa que no
practico. Y no me refiero a la explicación que da al término
pituco el pequeño Larousse ilustrado, que dice que es un chilenismo
que significa "flacucho" (la doctora Martha Hildebrandt no lo registra
en su libro "Peruanismos"), estado físico del que por desgracia
estoy a varios kilos de distancia. Quisiera ser pituco en ese sentido,
lo juro, porque en el que sugiere el lector, es decir, persona que se
distingue de otras por su situación económica y sus pretensiones
sociales, basta con señalar que hace 44 años que ejerzo
el periodismo en forma libre e independiente, y lamentablemente ese cuero
no da para tales correas. ¡Yo quiero ser pituco, pero no me alcanza
para comprarme una Harley-Davidson!
Hace poco escuché en televisión a un locutor decir: "la
cavidad faringea", en vez de faríngea. Lapsus brutus, que digamos.
Un grupo de danzarinas que participaron en las festividades de la Virgen
Candelaria lucían faldas, o polleras serranas amplias que, cuando
danzaban dando vueltas, me hicieron recordar esa bellísima escultura
de Marina Núñez del Prado denominada "Mujeres al viento".
En cambio, otro grupo, en la misma fiesta y cuya foto apareció
en el diario decano, lucía esos mini-mini faldellines hechos para
mostrar el poto (valgan las verdades), que ahora parecen estar de moda,
por más que vayan contra el auténtico folclore. Y contra
el buen gusto, que ya vemos es una de las cosas que también se
están pervirtiendo. ¿Por qué, ya que estamos, no
bailan en tanga? Sería mucho más sugestivo.
18.000 invasores trasladados a la ciudadela Pachacútec exigen ahora
de todo, menos aire acondicionado. Y tienen razón, porque el desalojo,
como ya lo dije, empezará el 10 de abril. Después de entonces,
como siempre, tendrán que valerse por sí mismos. Quienes
promovieron las invasiones que ahora cumplan sus promesas.
Falleció el sábado pasado Manuel Moreyra Loredo, amigo,
pero sobre todo hombre superdotado y sabio. De él escuché
alguna vez una interesantísima exposición que empezó
como una simple y amigable conversación, pero que su dominio del
tema convirtió en un monólogo que no me atreví siquiera
a interrumpir. Era sobre historia, una de sus varias inquietudes plenas,
como casi todas las suyas, de enciclopédicos conocimientos. Era
suavemente mordaz, parco e irónico, y uno de los gurúes
de la economía nacional. Al Perú que se aproxima le hará
falta sin duda su consejo inteligente, que no escatimó jamás.
¡Descansa en paz, Manolo!
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