Edición Nº 1605

 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Mal Menor
  •  

     
    11 de Febrero de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE

    MEA culpa: debo confesar el grave error que cometí debido a mi total incultura en materia de físico-culturismo. Vi en la televisión al señor Alan Wong luciendo sin ninguna vergüenza la camiseta de Perú 2000, e, inculto de mí, lo confundí con su colega de oficio, el congresista Moisés Heresi, atribuyéndole a éste ese acto sublimemente oportunista. Mil perdones (a Heresi). La próxima vez voy a tener que meterme en un gimnasio para distinguir quien es quien y no confundir a la gente por sus músculos.

    Lo cierto es que Wong (Alan) se ha ganado el derecho de estar en la lista parlamentaria de Perú 2000. ¡Buena! 24,000 soles del ala por mes, por lo menos.

    Haber organizado y promovido las invasiones de terrenos en Villa El Salvador ha sido para el gobierno como abrir la caja de Pandora, porque, abusando de la necesidad de los más humildes los impulsaron a tomar lo que no les pertenecía, y ahora ellos reclaman ante el gobierno para que los reubique en mejores lugares.

    Lo mismo sucedió cuando se llevó a ambulantes de otros distritos a invadir una vez más el remodelado Jirón Gamarra, que es un logro del alcalde Bonifaz, de Somos Perú, por cierto. Los que protestaron fueron los propios comerciantes de la zona, como ahora ocurre con los vecinos de Villa El Salvador, a quienes se pretendió quitarles, invadiéndoles, terrenos para proyectos agrícolas. Todo ello puede resultar un tiro por la culata para el gobierno, promotor de invasiones.

    El gobierno se ufana de haber reubicado a no se sabe si a 7.000 ó a 18.000 personas en las lomas en donde el diablo perdió el poncho, es decir a un costado de la llamada ciudadela Pachacútec, a donde ha ido una parte de los invasores llevados por camiones oficiales, o contratados por el gobierno. Esperan con ello obtener una cosecha del arenal: 7.000 ó 18.000 votos en las próximas elecciones. Para lograrlo les ofrecerán casa construida, agua, luz y desagüe, y casi-casi música y vista al mar. Una re-reelección bien vale la pena. Y una mentira más qué importa.

    El señor Carlos Quiroz escribe una confusa carta dirigida a esta página desde Miami (¡buena, primo!), en la que, tras alabarla, cosa que agradezco, me acusa de pituco sólo porque me referí a los jóvenes chic que andan en motos Harley-Davidson iguales a las de la Policía del Escuadrón Fénix, que he criticado varias veces porque a las lindas chicas que forman parte de ese escuadrón les gusta mucho conversar con sus colegas en la esquina del parque de Miraflores, muy cerca de La Tiendecita Blanca. No sé cómo habrá hecho el señor Quiroz para descubrir por ese solo comentario mi supuesta pituquería, racismo y otras cosa que no practico. Y no me refiero a la explicación que da al término pituco el pequeño Larousse ilustrado, que dice que es un chilenismo que significa "flacucho" (la doctora Martha Hildebrandt no lo registra en su libro "Peruanismos"), estado físico del que por desgracia estoy a varios kilos de distancia. Quisiera ser pituco en ese sentido, lo juro, porque en el que sugiere el lector, es decir, persona que se distingue de otras por su situación económica y sus pretensiones sociales, basta con señalar que hace 44 años que ejerzo el periodismo en forma libre e independiente, y lamentablemente ese cuero no da para tales correas. ¡Yo quiero ser pituco, pero no me alcanza para comprarme una Harley-Davidson!

    Hace poco escuché en televisión a un locutor decir: "la cavidad faringea", en vez de faríngea. Lapsus brutus, que digamos.

    Un grupo de danzarinas que participaron en las festividades de la Virgen Candelaria lucían faldas, o polleras serranas amplias que, cuando danzaban dando vueltas, me hicieron recordar esa bellísima escultura de Marina Núñez del Prado denominada "Mujeres al viento". En cambio, otro grupo, en la misma fiesta y cuya foto apareció en el diario decano, lucía esos mini-mini faldellines hechos para mostrar el poto (valgan las verdades), que ahora parecen estar de moda, por más que vayan contra el auténtico folclore. Y contra el buen gusto, que ya vemos es una de las cosas que también se están pervirtiendo. ¿Por qué, ya que estamos, no bailan en tanga? Sería mucho más sugestivo.

    18.000 invasores trasladados a la ciudadela Pachacútec exigen ahora de todo, menos aire acondicionado. Y tienen razón, porque el desalojo, como ya lo dije, empezará el 10 de abril. Después de entonces, como siempre, tendrán que valerse por sí mismos. Quienes promovieron las invasiones que ahora cumplan sus promesas.

    Falleció el sábado pasado Manuel Moreyra Loredo, amigo, pero sobre todo hombre superdotado y sabio. De él escuché alguna vez una interesantísima exposición que empezó como una simple y amigable conversación, pero que su dominio del tema convirtió en un monólogo que no me atreví siquiera a interrumpir. Era sobre historia, una de sus varias inquietudes plenas, como casi todas las suyas, de enciclopédicos conocimientos. Era suavemente mordaz, parco e irónico, y uno de los gurúes de la economía nacional. Al Perú que se aproxima le hará falta sin duda su consejo inteligente, que no escatimó jamás. ¡Descansa en paz, Manolo!

  • ../secciones/Subir

  •    

       
    Pagina Principal