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ARTÍCULO
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24
de Febrero de 2000 |
El Tirano del Caribe
Rafael Trujillo: treinta años de la más
cruel dictadura contra un país. Mario Vargas Llosa relata su insólito
poder en La Fiesta del Chivo su más reciente novela.
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Retrato
oficial del general Trujillo en 1950. Los crímenes se esconden
tras la sonrisa.
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SUS partidarios y aduladores lo llamaban El Jefe. El pueblo
que componía canciones y chistes a sus espaldas prefería
llamarlo El Chivo. A cuarenta años de su asesinato, el sabio
oficio de Mario Vargas Llosa para contar historias nos precisa el retrato
de un personaje en el que convergen todos los lugares comunes utilizados
para imaginar al dictador más primitivo, insólito, extravagante,
farsesco y cruel: el general Rafael Leonidas Trujillo.
El ascenso en su carrera fue meteórico. El presidente Horacio Vásquez
lo había encumbrado en el escalafón militar en reconocimiento
a su supuesta lealtad, mientras Trujillo aprovechaba el cargo para hilar
fino una tropa de leales cómplices en los mandos claves del Ejército.
Gradualmente convertiría aquel cuerpo del orden en una aceitada
maquinaria al servicio de sus intereses.
Cría cuervos y te sacarán los ojos dice el dicho: Esa confianza
de Vásquez en Trujillo convirtió a éste en una figura
intocable dentro del régimen y más adelante, en un punto
de serios conflictos dentro de su partido. A pesar de las numerosas denuncias
que recibió el mandatario previniéndolo de una conspiración
orquestada por su protegido, a ninguna dio crédito creyéndolas
fruto de intrigas y pugnas partidarias. Muy tarde daría razón
a las advertencias, cuando su engreído Trujillo se apropió
de la Presidencia tras una revuelta popular y un proceso electoral plagado
de denuncias por hostigamiento contra los otros candidatos. Luego del
triunfo, el electo Presidente dirigió una campaña de terror
político y de intimidación policial, persiguiendo y encarcelando
a sus más destacados opositores. Uno de ellos, Virgilio Martínez
Reyna, quien había propuesto la destitución de Trujillo
por corrupción en tiempos del gobierno de Horacio Vásquez,
fue asesinado a tiros y puñaladas junto con su esposa embarazada
mientras dormían en su casa de campo. Eso no es todo: Trujillo
había organizado una banda terrorista llamada "La 42", encargada
de imponer el miedo en el país. Montada en raudos automóviles,
la banda daba sus golpes por sorpresa, dejando tras de sí una estela
de cadáveres y hogares desgraciados. Con su juramentacion en la
puerta del Congreso el 16 de agosto de 1930, ante la consternación
de la mayoría nacional, la Era de Trujillo había
comenzado.
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Trujillo
juramentando como presidente frente a las puertas del Congreso.
Santo Domingo, 1930.Derecha, Fachada de la Estancia Ramfis, símbolo
del poder y ostentación de la familia presidencial.
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En 1929, los tiempos eran difíciles. Los precios del azúcar
de caña habían caído estrepitosamente, las aduanas
seguían cautivas por los acreedores y, el crac financiero había
producido varios suicidios en Wall Street. Trujillo inició entonces
un proceso sin precedentes de transformacion política y económica
en el país caribeño, buscando paralelamente cambiar su cuestionada
imagen de militar corrupto por la de confiable símbolo del poder.
Sin embargo, para acceder al prestigio social, debió robar los
títulos a quienes tradicionalmente los ostentaban. En efecto, Trujillo
se dedicó a expropiar las propiedades y negocios de las más
poderosas familias y empresas nacionales. Con patrañas legales
cobraba deudas ficticias y monopolizaba empresas en nombre del Estado.
Tal fue su régimen de rapiña, que apenas al terminar su
primer mandato, ya se había convertido en el hombre más
rico y poderoso del país.
Por otro lado, el general había iniciado un ambicioso programa
de obras públicas. Negoció una moratoria al pago de la deuda
externa, y con el dinero liberado financió las modernas y amplias
avenidas que se tendían alrededor de su residencia. Con el resto
de los fondos, cubrió gastos de lo más caprichosos, especialmente
referidos a diferentes remodelaciones de su palacio: salones de reuniones,
comedores, grandes estancias, piscinas conectadas al océano, una
cámara frigorífica para resguardar los abrigos de armiño
de su esposa del inclemente calor caribeño, ampliación del
cuarto para ocasionales torturas de opositores y, por si fuera poco, un
campo de polo sólo para las prácticas de su primogénito,
fanático de la equitación.
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Monumental
piscina palaciega. El agua provenía del mismo Mar Caribe.
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Un día antes de su caída, cualquiera diría que Trujillo
podía vivir para siempre. Sin embargo, el mismo gobierno norteamericano
que protegió al dictador cuando le era útil, lo dejó
solo ante sus enemigos cuando éste le resultaba anacrónico.
Tal fue su poder sobre las conciencias, que se dice que sus propios asesinos
no osaron moverse frente al cuerpo inerte de su víctima. Tras la
muerte del dictador, una multitud saqueó el Palacio de Trujillo,
llevándose cuanto mobiliario afrancesado, finísimas vajillas,
o enormes óleos encontrara. La Historia, como un tornado impredecible,
se llevó en instantes toda una época que parecía
eterna. Muerto el tirano, su poder basado en el miedo se diluyó.
La larga pesadilla había terminado. (Enrique Planas)
Estilos Coincidentes
Texto de época del oficialismo trujillista revela las similitudes
con la retórica que quiere vendernos un país con futuro.
AL amparo del régimen democrático del Excelentísimo
Presidente Trujillo, la República Dominicana vive una época
de progreso y de paz, consagrada al orden y al trabajo. Se ha concertado
el tratado que fija definitivamente la frontera con la República
de Haití, dándosele satisfactoria solución a tan
viejo como espinoso problema. (...) Se ha prestado especial atención
al aspecto de la enseñanza, multiplicándose de manera extraordinaria
los planteles escolares, tanto en las zonas urbanas como rurales, y orientándose
la educación acorde con los dictados de la pedagogía moderna.
Se ha brindado una amplia protección a la clase obrera, con los
servicios de asistencia pública y los de previsión social,
orientados hacia la salud y el bienestar del pueblo. Se han desarrollado
las vías de comunicaciones como medios de acercamiento entre los
centros provinciales, tendido sólidos puentes sobre los ríos,
trazado nuevos caminos y carreteras, y hecho las obras de canalización
y riego en todas las regiones de siembra. Se ha saldado la deuda externa
contraída por regímenes gubernamentales anteriores y obtenido,
por tanto, la completa independencia económica de la nación.
La República Dominicana se siente, pues, respetada y engrandecida
por la sabia dirección presidencial de un estadista de tan altos
ideales, a quien la gratitud nacional llama, justicieramente, Benefactor
de la Patria.
___________
Androcles Cámpora Benítez. "República Dominicana".
Editorial Quisqueya, 1950.
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