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24 de Febrero de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Proceso
Ilegítimo
LAS agresivas declaraciones de Alberto Andrade el martes pasado,
podrían iniciar un vuelco en el proceso electoral. No sólo
porque el candidato de Somos Perú señaló la existencia
de un "núcleo fascista" en el gobierno, sino sobre todo porque
insistió en que estas elecciones, tal como están, son ilegítimas.
Andrade se basó en los informes presentados en los últimos
días por las misiones Carter-NDI y de la FIDH, respaldados por
el Departamento de Estado y los embajadores de la Unión Europea,
que sostienen que el proceso electoral está viciado y no es democrático.
El punto es que el gobierno se ha burlado de todas las recomendaciones
fundamentales de esas misiones de observación y está demostrando
una descomunal falta de pudor. La grotesca respuesta del premier Alberto
Bustamante al excelente reportaje de Edmundo Cruz y la Unidad de Investigación
del diario La República, sobre la participación del
Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) en la campaña electoral,
confirma que no existe la menor voluntad de rectificación en el
régimen.
Al contrario, los ataques del mismo Bustamante a la Defensoría
del Pueblo -complementados por las agresiones de un supuesto sindicato
también manipulado por el SIN-, indican que el gobierno sigue empeñado
en restringir las posibilidades de una observación electoral independiente,
que está desenmascarando lo que no es sino "un procedimiento que
busca justificar o disfrazar lo que en realidad es la perpetuación
de un régimen autoritario con fuerte presencia militar", como sostuvo
la misión de la Federación Internacional de Derechos Humanos
(FIDH).
En esta situación, era hora ya que los candidatos de la oposición
asumieran un comportamiento más firme. La semana pasada Luis Castañeda
planteó el problema, pero con una alternativa un tanto enrevesada.
Esta vez Andrade ha enfrentado el mismo asunto, pero tratando de focalizar
la responsabilidad del candidato-presidente, el verdadero culpable de
las condiciones anormales del proceso electoral.

La propuesta de Andrade incluye una reunión con los otros candidatos
de oposición y un ultimátum de 72 horas al candidato-presidente.
El asunto de los plazos es clave, porque es muy obvio que el gobierno
busca dilatar las condiciones inequitativas de la campaña, haciendo
concesiones ínfimas, para llegar al final con el triunfo asegurado.
Por ejemplo, las pintas realizadas por los militares en terrenos y locales
estatales han sido vistas por el 86%, según la última encuesta
de Apoyo. Ahora están empezando a borrarlas, lentamente. Pero el
objetivo ya está cumplido.
Porque, como se sabe, lo que busca el candidato-presidente es identificar
a Perú 2000 con Alberto Fujimori. Es decir, él hace la campaña
electoral usando los recursos públicos, movilizándose incesantemente
por todo el país, regalando lotes de terreno y comida, "inspeccionando"
cuanta obra pública exista. El otro aspecto de la campaña,
es establecer que ese Presidente regalón y trabajador es el candidato
de Perú 2000. Como toda nueva marca, el flamante partido tiene
que posicionarse en el mercado, en la jerga de los publicistas.
En otras palabras, la ilegal maquinaria reeleccionista avanza sin pausa,
pisoteando todo lo que se le pone delante. Si los candidatos opositores
no se ponen fuertes a sólo 45 días de los comicios, después
será muy tarde.
Por eso es indispensable que los candidatos que han propuesto iniciativas,
Alberto Andrade y Luis Castañeda, conjuguen esfuerzos. Al parecer
Acción Popular estaría en la misma línea.
Ellos no pueden esperar a que todos los candidatos se sumen al
esfuerzo de exigir condiciones equitativas. Es evidente que el gobierno
está alentando a algunos, como Alejandro Toledo, creándole
la ilusión de que puede pasar a la segunda vuelta. De esa manera
siembra la discordia en la oposición y trata de impedir que se
constituya un frente común. El gobierno sabe que a Toledo lo pueden
anular en cualquier momento, como ocurrió en 1995.
A estas alturas, apoyándose en informes imparciales tan contundentes
como los de las misiones Carter-IND y FIDH, respaldados por gobiernos
extranjeros, y los que han producido Transparencia y la Defensoría
del Pueblo, es suficiente que los dos candidatos más importantes,
a los que se pueden sumar otros, asuman una posición firme.
Eso podría mejorar las condiciones de la campaña para la
oposición. O, si eso no ocurre, llevaría eventualmente a
decisiones más drásticas, que terminen de deslegitimar el
proceso electoral, viciado por el propio gobierno, abriendo paso a una
nueva situación.
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Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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