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24
de Febrero de 2000
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Bailada Voladora
Exótico y audaz arte marcial de la Capoeira llega del Brasil
para quedarse entre nosotros.
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Levantando
vuelo. Danza mezclada con arte marcial empieza a sumar seguidores
en Lima.
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A simple vista pareciera que se sacan la mugre: patadas voladoras, cachetadas,
cabes, barridos, llaves al cuello. Más cerca se entiende que todo
es pura finta, o lo que es mejor, pura danza. Se llama Capoeira, y empieza
a ponerse de moda entre los más jóvenes. Se trata de una
mezcla brasileña muy antigua de ritmo, acrobacia, lucha y baile.
Y si bien nació como la única forma de defensa que tenían
los esclavos africanos ante la explotación de los portugueses,
aquí se la puede practicar con otros ánimos liberadores.
La historia de la Capoeira es larga y difícil. Durante el siglo
XIX, esclavos angolas, congos y mozambiques superaron sus diferencias
tribales, y junto con los indios tupi guaraníes, se unieron para
enfrentar al enemigo blanco con violentas revueltas. Muchos de estos hombres
encontraron en la selva, la Capoes, el lugar ideal para resistir
la reacción portuguesa. Rebeldes que por el lugar agreste de su
pelea fueron bautizados como capoeristas.
En el siglo XIX se acabó la esclavitud pero continuaron la discriminación,
la injusticia, la pobreza. El negro capoeira que no robaba para sobrevivir
era contratado como guardaespaldas. Sin futuro, no sorprende que los sectores
más pobres de la ciudad formaran pandillas para organizar saqueos.
Y todo crimen, todo exceso contra la sociedad, se asoció con la
práctica de la capoeira. Tanto que el gobierno llegó a dictar
penas como la cárcel o los azotes, a todos aquellos, negros, blancos
o indios, que se entregaran a esta danza "vandálica".
En 1920 un bahiano conocido como el Maestre Bimba, decidió abrir
una escuela de capoeira, pero cambiándole el nombre para evitar
la persecución oficial. La bautizó como Lucha Regional Bahiana,
y con sus cultores se presentó una década más tarde
ante el mismo presidente. Al mandatario Getulio Vargas le gustó
tanto el espectáculo que decidió de un plumazo abolir cualquier
decreto que vaya en contra de la práctica de este baile. Hoy día
la capoeira se practica en las calles de Bahía y Río de
Janeiro por supuesto, pero también llega hasta las aceras de Nueva
York y Barcelona. Y como suele suceder, el Perú es uno de los últimos
países de Latinoamérica que acusa recibo de esta afición.
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Con
esta danza los esclavos se enfrentaron al poder portugués.
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Esta historia apasionante nos la contó Bruno González, uno
de los pocos instructores de capoeira en el Perú. Para él,
en un principio ésta fue un arte disfrazado, que escondía
en sus movimientos muchas danzas guerreras africanas, enriquecido con
toda la violencia cotidiana que el esclavo estaba acostumbrado a ver y
sentir. "En sí es un arte de lucha, porque gracias a ella lograron
su libertad..." explica.
Hoy, esta danza tiene un sistema y un método de enseñanza
muy parecido al de las artes marciales. Y movimientos tales como "la patada
arco iris", "la patada quijada", o "el vuelo del murciélago" son
sólo parte de los diversos aspectos en los que el practicante de
este arte puede manifestar su creatividad. "Si quieres te dedicas a luchador,
o bien puedes dedicarte a la música y canto con los instrumentos
de percusión que forman parte de esta danza" dice González.
"Cuando uno empieza a practicar capoeira se da cuenta de que no es difícil.
En las exhibiciones la gente nos ve dando saltos fantásticos y
cree que esto es sólo para atletas jóvenes, pero cuando
asisten a clases, descubren que la capoeira les ayuda a despertar las
habilidades dormidas. Se dan cuenta que al final pueden lograr muchas
cosas con su cuerpo", agrega.
González es uno de los muy pocos que enseña Capoeira como
manda la tradición brasileña. Sus clases se inician la próxima
semana en la Escuela de Danza Pata de Cabra, en Juan Fanning 325, Miraflores.
Ojo, que aquí el baile no se aprende a las patadas. (Enrique
Planas).
Llega Manu Chao
Ex líder de Mano Negra viene a despertar
el auditorio del Parque de la Cultura.
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El
explorador más inquieto del rock actual de visita.
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MANU Chao viaja. Y lo hace de la mejor manera: irresponsablemente.
Supera las fronteras sin documentos, totalmente clandestino. Sus maletas
son sus canciones de ritmos latinos y espíritu revolucionario,
temas simples y desarmante austeridad. Quien ha escuchado su primer disco
en solitario Clandestino, puede dar fe de ello. Sus 16 temas entre
la denuncia y el intimismo, se construyen básicamente sobre la
guitarra y su hipnótica voz, como si en estos tiempos rendidos
a las computadoras y sus efectismos todo fuera cuestionado por un músico
callejero que nos canta en medio del ruido, dentro de nuestro microbús.
Manu renueva el lenguaje del rock mundial y lo hace en silencio. Pero
en cualquier momento monta una nueva banda y la convierte en la fábrica
musical más excitante del nuevo milenio. Y tiene con qué:
en su mochila lleva toneladas de talento, apretado, listo para descomprimir.
El Servicio Cultural, Científico y de Cooperación de la
Embajada de Francia se encargó de incluir a nuestra ciudad en el
recorrido latinoamericano del músico franco-gitano. Córrase
la voz: a mediados de abril Manu Chao despierta al por ahora tímido
auditorio del Gran Parque de la Cultura. Y aunque los incondicionales
de la desaparecida banda Mano Negra deberán aceptar que Manu Chao
dejó atrás la pachanga punk de aquella institución
del rock latino, sin embargo, la madurez del ahora solista convence a
propios y extraños con su marcada cadencia reggae y latina. Hay
que oírlo.
Al Desierto Nuevamente

Enfermo ya, el dramaturgo francés Bernard Marie Koltés
volvió hacia su pasado para mirarse adolescente. Y el recuerdo
es grato, le sonríe para saldar cuentas con su educación,
soñando desprenderse de este mundo inconmovible. Este uso de la
memoria dio origen a "El Retorno al Desierto", primera y última
comedia de Koltés, escrita en 1998 antes de morir de sida. Quienes
no pudieron verla en la sala de la remozada Asociación de Artistas
Aficionados durante el festival organizado por el Centro de Artes Escénicas,
tienen ahora una nueva oportunidad: la obra vuelve a presentarse con el
mismo elenco y el mismo director, Laurent Gutmann. Lo que cambiará
será el escenario. El desierto espera quieto en el auditorio del
Centro Cultural de la Católica, desde el jueves 9 de marzo, a las
8:00 p.m.
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Una
reflexión del medio audiovisual como espacio obligado.
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lmágenes
Muntadas
Provocador artista visual Antoni Muntadas, se apropia
las salas del Centro Cultural de España.
A lo largo de 20 años, a pesar de los sube y bajas del oficio,
de los cambios de rumbo y la diversidad de propuestas y logros, el español
Antoni Muntadas ha sabido utilizar siempre los medios audiovisuales para
actuar sobre los medios espaciales. Lo que en buen cristiano significa
que, utilizando video, fotografía y audio, ha sabido inventar un
paisaje, un medio ambiente televisivo o publicitario, en el cual vivimos
como peces en el agua turbia.
Videos e instalaciones, juntas o por separado, así como fotomurales
y performances realizadas en puntos tan distantes como lo son Venecia
de Sao Paulo, prestigio que ya quisieran tenerlo otros hispanohablantes
miembros del círculo del arte internacional. Preocupado por las
relaciones del individuo con lo social, su trabajo provoca al espectador
para reflexionar sobre su realidad, así como los contrastes entre
la experiencia social e individual. Por ello es una buena noticia que
gracias a las gestiones del Centro Cultural de España el creador
visual español nos visite y saque de la aduana su ambiciosa muestra
titulada simplemente "Muntadas", como para que no quepe duda que los limeños
veremos una buena selección de la obra de este renovador de los
lenguajes plásticos. La exposición se inaugura el martes
7 de marzo a las 7:30 de la noche, y sorprenderá hasta el 24 de
abril. Imprescindible.
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