Edición Nº 1608

 

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    2 de Marzo de 2000
    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Carta de Intención ¿No?

    BUENO mira, a estas alturas de la vida hija, creo que al Perú sólo le queda pedir su ingreso al Commonwealth (aunque sea para lavar los baños) y esperar, porque pucha, por el camino de la lógica normal, yo me guardo mis reservas, cómo te explico.
    Tú sabes que desde hace años tengo de paciente a Tim Hibbit, ¿ya?, que es el funcionario del FMI encargado de Perú, Lesotho, Bramaputra y los Talibanes, en lo que se refiere a las cartas de intención.La primera vez que vino Tim, qué te puedo decir, se creía poco menos que parido por Buda el hombre, y entró al país con la pata en alto. Recién empezaba el segundo período de El Infame Jaladón, ¿y sabes tú a quién le pusieron de interlocutor?: ¡a Abanto Pongo en persona, cuando el cholo estaba en su cuarto de hora con la cosa esa de la Nueva Mayoría! Bueno, a los dos días lo tenía al gringo en el diván, hija, con una resaca de camionero, llorándome porque entre que una puta de Cailloma le había robado el pasaporte y Pongo lo había hecho chupar Kola Inglesa con cerveza, qué quieres que te diga, o sea, su identidad se había hecho puré al límite de la psicosis.
    Bueno, la cosa es que cada año Tim tiene que venir a Lima a la misma charanga de la carta de intención, y regio, hija, ya aprendió, con decirte que la última vez se lo llevaron "a comer un chifita, gringo, para que seas un clavel entre las rosas", entre la María Jesús Espinoza, Martucha ag, la Salgado y la tronada de la Cuculiza y cuando se dio cuenta de que le estaban echando Rohypnol en la sopa wantán para después hacerlo firmar lo que sea, pucha, les cambió la sopera y a la ex alcaldesa de San Borja se la tuvieron que llevar a su casa en Cruz Verde con las patotas estiradas fuera de la ambulancia porque no cabían y todo Paruro se enteró, lo que no hace sino demostrar la absoluta vigencia de la metodología freudiana.
    La cosa es que me llama el otro día Tim, que ya le tocaba venir y claro, le habían empezado la psoriasis, los cólicos, el insomnio y el garrotillo y yo le di su sesión para después de su primera rueda de reuniones. Hija, pobre Tim, no sabes: para empezar, le pusieron de negociador a Absalón, y el gringo, que ya sabe cómo son las cosas en este país, pucha, pensó que era el conserje del MEF y le pidió "una mate de coca pero without sugar", y Absi se pegó tal empinchada que ahí nomás le soltó que no había carta de intención salvo que el FMI autorizara las invasiones de terrenos.
    Pucha, Tim será pajarón y teta frita en muchas cosas pero hija, cuando le tocan la oficina el hombre se pone tiger. Lo miró a Absi con cara de Lincoln explicándole lo que es la esclavitud a un angoleño del sur algodonero, y le hizo saber con todas sus letras quién era quién en este juego, y que si se trataba de poner condiciones, o sea, ya "el ingeniero Pantaleón Vásquez" podía ir pidiendo su cambio a la Unidad de Servicios Agropecuarios de la provincia de Pariacaca.
    Ay hija, o sea, cuando Tim me contaba todo eso en el diván, no sabes, yo sentía una absoluta felicidad porque el método psicoanalítico una vez más me demostraba su valía, ¿ya? Y nada te cuento cuando siguió Tim narrándome que su siguiente reunión fue con Efraín y éste, que de mamerto no tiene un rulo, le dijo con toda claridad, "oye compadre, entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera, atrácale todo al Chino y después tú y yo hacemos las cosas como se debe". Mira, esa muestra de generación de confianza por parte de El Otro que a mí me dejó fas-ci-na-da y me hizo el año.
    En ésas estaba, cuando no sé qué cosa me hace voltear hacia la ventana, ¿ya?; pucha, era una especie de sombra que se proyectaba sobre el alero exterior del edificio y no le di demasiada importancia. Pero cuando el paciente entraba a contarme de su tercera cita (esta vez con la tía Marthona, ¡ay qué mello!), pucha, se vuelve a aparecer la misma figura y era como un pájaro prehistórico que surcaba los cielos de Lima. "Lo único que nos faltaba: volver al mezozoico", pensé.
    Nada de mezozoico, era ni más ni menos que Gloria Helfer volando en parapente. Hija, cuando hice in sight de lo que estaba pasando, le dije al paciente, "Tim, tú ya estás curado, cholito, invítame un martini bien dry en café Voltaire y hablemos del clima de Washington porque por hoy cierro la tienda". Suficiente. También contigo. Chau, chau. (Rafo León).



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