Edición Nº 1608

 

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    2 de Marzo de 2000
    Por FERNANDO ROSPIGLOSI


    Falsificando Una Elección

    LOS excelentes reportajes de la Unidad de Investigación de El Comercio, han puesto en evidencia la catadura gangsteril del gobierno. La masiva falsificación de firmas del llamado Frente Independiente Perú 2000, demuestra que la cúpula cívico-militar no tiene el más mínimo respeto por las más elementales normas de una competencia democrática.
    Desde el comienzo fue sospechosa la repentina aparición de ese nuevo partido, sin organización, sin locales, sin dirigentes, que en unos pocos días logró una inscripción que a otros les demoró años. El único representante de Perú 2000, un tal Daniel Chuan fue abordado por CARETAS y se fugó. Luego de inscrito su movimiento, convocó a una conferencia de prensa y luego la suspendió. Así es que nunca nadie pudo saber en qué consistía ese sorprendente partido, que poco después inundó los muros y cerros del país con su logotipo.
    Es decir, Perú 2000 siempre fue un movimiento fantasma. Pero apadrinó la lista del candidato-Presidente, que encabeza largamente las encuestas para la farsa en que se han convertido los comicios del 9 de abril.
    La necesidad del régimen de agenciarse una nueva fachada para cada elección es una vieja estrategia. Lo único nuevo es la creciente desfachatez con que actúan. Como controlan todas las instituciones estatales y toda la Tv. de señal abierta, están seguros que no recibirán ninguna sanción electoral ni judicial, y que el asunto quedará limitado a unos pocos medios escritos y a un canal de cable.
    Esta investigación de El Comercio, la denuncia de Alberto Andrade el lunes pasado sobre los policías en el padrón y en las mesas de sufragio, se añaden a las numerosas irregularidades constatadas por las varias misiones de observación que han visitado el país en las últimas semanas.
    El informe del británico Electoral Reform International Service, preparado por Rebecca Cox y presentado el viernes pasado, es igualmente concluyente. Empieza diciendo que "el Perú del 2000 posee las instituciones formales y la apariencia de un sistema democrático, pero no la esencia. Por eso resulta problemático que el 9 de abril se realicen elecciones legítimas y veraces, que cumplan con los estándares internacionales."
    Eso ya parece obvio a estas alturas. El 9 de abril pasará muy poco, porque las elecciones ya estarán decididas. El fraude no se realizará ese día -no muy importante, por lo menos-, sino en la manipulación de todo el proceso.
    Esa situación era previsible para todos. Por eso la Asociación Transparencia y la Defensoría del Pueblo empezaron a observar el proceso con meses de anticipación y las misiones internacionales han venido al Perú desde noviembre del año pasado.
    El régimen cívico-militar no ha podido engañar a la comunidad internacional ni a los observadores nacionales. Sin embargo, lo que se esperaba, la reacción enérgica de los candidatos, sigue postergándose.
    Si bien fue un avance que seis de ellos se reunieran el lunes pasado, el pronunciamiento que emitieron estuvo muy lejos de las expectativas creadas y de la gravedad de los hechos denunciados por El Comercio y Alberto Andrade.
    Hasta el candidato-Presidente se burló de ellos el martes pasado, aludiendo a sus marchas y contramarchas, a sus vacilaciones y falta de firmeza.
    Y es que además de los intereses de muchos candidatos al Congreso, algunos todavía conservan la ilusión que pueden enfrentarse a la maquinaria montada por el SIN y los militares con métodos propios de una democracia. Eso es absurdo. Simplemente los van a aplastar y borrar del mapa.
    Los que se aferran a la esperanza de obtener una bancada parlamentaria fuerte, pronto verán evaporarse sus fantasías. El gobierno presionará o chantajeará a algunos haciéndolos desertar, y el resto se desgastará en una tarea inútil en un Congreso de pacotilla.
    Y si otros ingenuos apuestan a las municipales del 2002, pueden irse olvidando de ese espejismo. Hasta 1998 el gobierno no le dio importancia a los municipios, porque podía controlar fácilmente a cientos de alcaldes "independientes" dispersos. Las elecciones municipales eran relativamente libres. Pero cuando Somos Lima y luego Somos Perú usaron las municipales para tratar de organizar un movimiento, el gobierno montó de inmediato una maquinaria paralela, para evitar que se estructuren partidos opositores a partir de los municipios.
    Si el régimen dura hasta el 2002, Absalón Vásquez se ocupará de que el gobierno gane el 70% u 80% de los municipios en el país, con los mismos métodos que están usando en esta elección. Y nuevamente los incautos quedarán con los crespos hechos.


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