Edición Nº 1608

 

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    2 de Marzo de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE


    DIVERSOS miembros del gobierno (incluso creo que hasta el ministro de Relaciones Exteriores) alegaron, sin rubor alguno, que la seria crítica de la Unión Europea respecto de las elecciones peruanas, no fue hecha por la Unión Europea sino por sus embajadores en Lima. ¡Peor aún (para el gobierno)!, porque ¿quién conoce más lo que sucede en el Perú que los embajadores residentes de los quince países de la Comunidad Europea? A esos embajadores (de Francia, España, Inglaterra, Austria, Suecia, Alemania, Portugal, etc.) nadie los va a engañar. Ellos saben muy bien que la oposición cuenta aquí con trabas que no se dan en ninguna parte del mundo. Mucho menos en Europa.

    La hipocresía oficial llega ya al colmo cuando personajes tan controvertidos como la señora Martha Chávez dicen que ¿qué puede hacer el gobierno contra la decisión de los canales de señal abierta de no pasar propaganda de los partidos de oposición?: ¿ponerles un puñal en el pecho? Lo que más bien debería hacer el gobierno es quitarles el puñal del pecho. Los que escuchamos al asesor decirle al semipropietario del Canal 4, como si fuera su chulillo, las cosas que debía o no debía hacer, sabemos de qué se trata. El puñal del gobierno no está en el pecho, sino en el estómago de los propietarios de los canales. Y en el de los jueces; como aquellos que impiden que Genaro Delgado Parker y Baruch Ivcher asuman el control de los canales de los que son legítimamente propietarios.

    ¿Creerán estas figuras del oficialismo que los extranjeros, por serlo, están en la Luna? Pues Bianca Jagger, Mariclaire Acosta, el Centro Carter y varios organismos internacionales más les han demostrado que no.

    ¡Qué tal vapuleada le pegó el candidato de Somos Perú, Carlos Bruce, al de Perú 2000, Jorge Lazarte, en un programa transmitido por Canal N! (Disculpa Jorge, pero los hechos son los hechos). El resultado de la confrontación fue contundente: 83 para Bruce y 17 para Lazarte, que sólo supo referirse a las carreteras que había reconstruido Fujimori en sus primeros cinco años de gobierno. Lo que no dijo es qué había hecho en los otros cinco, además de producir desempleo masivo en la población y haber dilapidado los fondos de la privatización, que nadie sabe dónde están. Su falta de argumentos fue tan grande como la ausencia de plan de gobierno de Perú 2000 para el próximo período.

    Lazarte se refirió reiteradamente a los desempleados de Sitramún, esa pandilla de gordos bien comidos que desde hace años mantiene el gobierno para hacerle la vida imposible a Andrade primero, al Defensor del Pueblo después (obligándolo a pronunciarse contra aquél), luego a la OEA, para que suene en el extranjero, etc. ¿Y los miles de desempleados de la administración pública? ¿Y los del diario El Sol, que dirigía Lazarte? Eso se llama mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

    Y hablando de Sitramún, el grado de delincuencia demostrado el miércoles pasado, en complicidad con el gobierno y con la anuencia o pasividad absoluta nada menos que de la Policía Nacional del Perú (como quedó demostrado en una foto de primera página de El Comercio), destrozando oficinas e instalaciones de la Municipalidad de Lima y, además, los negocios, restaurantes y otros de propiedad privada del Paseo de los Escribanos, ya me parece obscena, además de absolutamente peligrosa para la sociedad peruana en general, porque demuestra hasta dónde se puede llegar en política. De lo que se trata es de anular a Andrade a como dé lugar. ¿Será porque va mal en las encuestas, o porque a la hora de los loros le puede ir muy bien?

    Lo peor de todo es que nada menos que el Presidente de esta república ha atribuido a los empleados municipales (cascos azules) la culpa de lo sucedido. No sé en qué otro país el primer mandatario sea capaz de justificar los desmanes que comete una mesnada como la de Sitramún. ¿Licencia oficial para atropellar y destruir?

    Conozco y he escuchado en mi vida de muchas estafas, pero ninguna tan pública, consentida y popular como esa que cometen los periodistas y comentaristas deportivos (de fútbol, para ser más exactos, porque de los otros deportes no se ocupan nunca) quienes, procurando seguir mangoneando a costa de la inocente credibilidad de los aficionados, continúan todos los días engañándolos por radio, televisión, periódicos y revistas, prometiéndoles triunfos que nunca llegan o que son, semana a semana, negados por la rotunda realidad de los partidos perdidos en todas partes del mundo, ya sea por la selección peruana o por los equipos de los clubes peruanos. Siguen ofreciendo que clasificaremos al Mundial, como si algún equipo se pudiese clasificar perdiendo todos los partidos que juega. Al revés de lo que ese general chileno dijo con insufrible altanería, el fútbol peruano debería declarar: ¡Nunca vencedores, siempre vencidos!

    La coartada para que la estafa continúe es que, cosas del fútbol, los aficionados creen que a veces en la cancha ocurren milagros. Pero yo soy agnóstico, especialmente en ese tema.

    Yo no creo en milagros. Pero que a veces los hay, los hay.

    No sé si será la nueva tecnología peruana (esa que pregonaba el primer Fujimori), pero el puente de Carapongo, construido por FONCODES hace apenas seis años, está por venirse abajo. Ese puente reemplazó a uno colgante anterior, que gozó de 40 años de vida. ¡Qué tal tecnología la actual!




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