Edición Nº 1610

 

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    16 de Marzo de 2000
    Por FERNANDO ROSPIGLOSI


    Un Gobierno Impresentable

    EL ataque gubernamental al diario El Comercio ha confirmado que no puede soportar que se le ponga al descubierto. Las represalias por el sensacional destape de la falsificación de firmas de Perú 2000, significa que el régimen es tan frágil -detrás de una aparente fortaleza- que no es capaz de tolerar una investigación periodística que desnude su podredumbre.
    A pesar de que, como ya es obvio, su control sobre las instituciones judiciales va a impedir cualquier sanción a los ejecutores directos, Absalón Vásquez y Oscar Medelius, y a los responsables políticos e intelectuales, Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori.
    Según varias empresas encuestadoras, la denuncia de la falsificación de firmas ha afectado fuertemente al gobierno sólo en los estratos altos, los que tienen acceso a la información. Las franjas más pobres -inmensamente mayoritarias-, que consumen sólo la basura que se transmite por la Tv. de señal abierta y la prensa amarilla, casi no se han enterado del asunto.
    Esa mayoría está atosigada por la propaganda oficialista, esperanzada con la posibilidad que le regalen un lote de terreno y chantajeada con los alimentos que les entrega el Estado.
    Si se le cree a esas encuestadoras, el golpe de las firmas falsificadas no ha sido devastador, electoralmente hablando, como hubiera ocurrido si existieran medios de comunicación libres en el país.
    ¿Por qué entonces el feroz ataque del gobierno contra El Comercio? Parece claro que el régimen es incapaz de absorber denuncias que tocan intereses vitales o personajes claves, no obstante el control que tiene sobre la inmensa mayoría de medios de comunicación, con los que mantiene desinformada al 80% de la población.
    Y eso es una muestra de debilidad, no de fortaleza del gobierno de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori, que se está enmarañando en un torbellino de desaciertos y disparates, propios de un régimen que se desmorona.
    Una evidencia de estupidez y desatino -que revela su pérdida de perspectiva-, fue el haber enviado como testigo del gobierno, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a uno de los torturadores de la ex agente de inteligencia Leonor La Rosa, el mayor del Ejército Ricardo Anderson Kohatsu.
    El resultado es que el testimonio de Anderson, en el caso del espionaje telefónico, no sirvió de nada al gobierno y el oficial estuvo a punto de ser detenido y procesado por torturador. El escándalo internacional ha averiado aún más la ya destartalada imagen del régimen.
    Varios pronunciamientos y artículos en los últimos días van en el mismo sentido:
    El comunicado de Santiago Cantón, relator para la libertad de Expresión de la OEA, que señaló que en el Perú no existen las condiciones necesarias para criticar al gobierno en los medios. (8 de marzo).
    Las medidas cautelares dictadas por la CIDH en favor de Genaro Delgado Parker, en los casos de Canal 13 y Radio 1160. (10 de marzo).
    El comunicado de la CIDH después de su última sesión, donde también critica las "restricciones a la libertad de expresión en el Perú". (13 de marzo).
    El primer informe de la Misión de la OEA que preside Eduardo Stein, que admite inequívocamente que está comprometida "la legitimidad de este proceso electoral". (10 de marzo).
    El pronunciamiento del Departamento de Estado de los EE.UU., que reitera que el gobierno norteamericano "sigue profundamente preocupado acerca de las condiciones preelectorales en el Perú" (9 de marzo). Y las varias declaraciones del embajador John Hamilton en el mismo sentido.
    En la prensa extranjera las cosas no van mejor para el gobierno: El domingo 12, el New York Times publicó un artículo de Clifford Krauss, "Enorme foul en la campaña presidencial peruana", que se suma a los otros dos igualmente críticos publicados la semana pasada en el Wall Street Journal y otro en el Miami Herald, por no hablar de la prensa latinoamericana.
    El caso del mayor Anderson también fue tratado en varios medios de los EE.UU., incluyendo un extenso reportaje en CNN.
    En suma, no cabe duda que el régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos es impresentable en el exterior. Ninguna argucia, ni leguleyada, ni viajes del premier Alberto Bustamante a EE.UU., ni empresas de lobby, pueden maquillar su desagradable rostro.
    Sin embargo, por más aislado o débil que pueda estar el gobierno, no caerá si alguien no lo empuja y lo reemplaza. Y mientras más dure la camarilla cívico-militar, más daño causará al país, en su desesperación por permanecer aferrada al poder.

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