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Edición Nº 1610 |
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Por FERNANDO VIVAS
HACEMOS funambulismo sobre un cable de alta tensión. Un empujón y caemos al pozo sin fondo de la Tv. abierta; mentón en alto, dedo firme, mirada pa'lante, y nos entregamos a la arrulladora bulla visual de la Tv. pagada. El flipping -primer recorrido al dial antes de escoger la base sobre la que uno luego zapeará- es el ejercicio del prejuicio y la impaciencia. Pero si uno sabe dominar su compulsión flipera, puede detenerse en el cable de producción nacional y dejar a Seinfeld, HBO y los bichos del Discovery para más tarde. Queda así afirmada la condición de peruano que necesita estar informado sin amargarse la vida con el 2,4,5,7,9 y 11.
CABLE A TIERRA Quizá CCN se diseñó para ser el chicote a tierra que bajara las tensiones del cable nacional. La administración de Vicente Silva Checa y la dirección periodística de Jorge Morelli y Carlos Cabrera apuestan a pie juntillas al oficialismo y no pueden ocultarlo. Rechazan las denuncias ajenas, callan las propias y entrevistan con complicidad a gentes que saben que mienten. Y en el fragor de su defensa a veces mienten ellos mismos con total alevosía, como han hecho respecto al tema de las firmas bamba que ocupa a su vecino N. Para dar un pequeño contrapunto de credibilidad a su apuesta han contratado a pequeñas voces como las de Blanca Rosales, Antonio Zapata, César Campos y José Salazar (noticiero "Primera noticia") que toman nota de los excesos del libreto y, sin éxito, lo denuncian. Pero Morelli y Efraín Trelles e invitados como Jorge Trelles y Fernán Altuve, se les imponen con convicción digna de mejor causa a sus tímidos colegas. Dos casilleros antes, la apuesta de N gana rating y credibilidad mientras la Tv. abierta hace humo.
Como muchos peruanos de espíritu libre busco en la televisión programas que informen sobre la situación real de nuestro país y que contagien optimismo, pero únicamente encuentro noticieros que desinforman y enlodan a personas y organizaciones que opinan en forma diferente a la del gobierno, programas con personajes que ridiculizan la naturaleza de nuestra cultura ancestral, talkshows en los que se hace escarnio de la miseria humana, novelas que muestran realidades fantasiosas y en general programas intrascendentes; esto me ha obligado a optar por la televisión por cable. Afortunadamente, el cable nos da la oportunidad de ver programas serios e interesantes como los del Canal N o los de CNN, que nos mantienen informados objetivamente. También disfruto viendo los documentales sobre los avances tecnológicos, la historia y la naturaleza, que transmiten los canales Discovery, Animal Panet , Mundo Ole y otros. Extraño los tiempos en que la televisión de señal abierta ofrecía programas políticos diversos, en los que se investigaba y se informaba la verdad. Confío en que esta etapa negra terminará pronto y que la libertad plena volverá a la televisión peruana.
Máximo San Román de UPP, obligado a optar por el cable. Veo Canal N, Mundo Olé, Discovery, People & Arts e Infinito pues ya los tengo programados. Busco informarme y aprender con entretenimiento. A veces me distraigo y me retraigo de la realidad. Los canales de señal abierta no los veo porque huelen a sashimi -aunque dicen que para mentir y comer pescado hay que tener mucho cuidado. No soy muy asiduo a la televisión y ahora es poco el tiempo con el que cuento para verla, pero busco que distraerme y abstraerme y de paso, así, aunque no oxigene mis pulmones, aunque sea me oxigeno el cerebro.
Eterno Retorno Para su enésima rentrée, Gisela Valcárcel ha tenido que hacer votos dolorosos: no más ventolera de programa nocturno (Gisela, eres la esclava del mediodía, ahí te quedas), no más difusión del cuento de hadas de la chica que surgió de abajo (ya eres una lady recatada, lo lograste, no mires atrás) y no airear demasiado su vida privada (Schutz no soportaría que le causes líos). En compensación puede sentirse más independiente para jugar y dialogar y para arreglar la vida de otros como la del impávido Kike, el ambulante de la risa que casó el martes. Los dilemas respecto a qué quiere y no quiere hacer se han ido decantando en el camino, pero puede cometer un gran error: creer que su papel es darle la contra a Laura y Magaly reafirmando la ondita familiar y zalamera. Si esa onda se perdió, en buena hora; si las otras corrompen la Tv., mal hecho. El reto de Gisela es convertirse en una síntesis de lo que alguna vez fue con los estilos más agresivos y lúdicos de sus colegas de la nueva Tv. Sus alegatos proarmonía ante un payaso que hizo de Rating, fueron conmovedores, tenían sentido en la coyuntura pero como apuesta de televisión a largo plazo son falaces. Gisela tiene que aprender a entretener sin justificaciones maniqueas, sin hipocresías y sin autobombos milagreros a lo Chibolín. Mucha suerte.
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