Edición Nº 1612

 

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    ARTICULO

    30 de Marzo de 2000


    Entre Dos Fuegos
    Periodismo bajo regímenes militares. El dramático testimonio del periodista argentino Andrew Graham-Yooll.

    Mario Eduardo Firmenich, líder de los montoneros.Derecha, Tras 20 años de ausencia, Graham-Yooll, hoy director emérito del Buenos Aires Herald volvió a Lima para hablar del periodismo y los rigores de la dictadura.

    Tuviste suerte pibe, te veníamos a hacer boleta", le dijeron al soltarlo los policías vestidos de civil que habían irrumpido en la redacción del Buenos Aires Herald para detenerlo y luego "desaparecerlo". El operativo había contado con varios efectivos vestidos de civil, ametralladoras UZI al hombro. Providencialmente, aquella mañana de 1975 a Andrew Graham-Yooll, en ese entonces redactor del periódico, le habían avisado que su esposa estaba a punto de dar a luz y él había salido presto para estar junto a ella en el parto. Eso le salvó la vida. La Policía tardó en detenerlo un par de horas, y un fotógrafo amigo y una diputada ya habían dado pública voz de alerta. Ante el escándalo, la represión se abstuvo.
    Graham-Yooll se encontraba entonces entre dos fuegos. Parte de la guerrilla montonera lo consideraba su enemigo y el régimen peronista lo tenía por una suerte de correo de la subversión. Dos años antes, en 1973, una facción montonera lo responsabilizó de un artículo aparecido en el Herald donde, según ellos, se ofendía la memoria de Eva Perón. En esa oportunidad, una llamada anónima lo alertó de la granada que le habían dejado en uno de los cajones de su escritorio. Sólo tenía que jalar la manija para volar en pedazos. Habían llegado hasta su propia oficina, y de no ser por ese amigo montonero, hoy no estaría contándola.
    Graham-Yooll, de padre escocés y madre argentina nacida en Inglaterra (y con una remota bisabuela materna "india peruana", según la leyenda familiar), ha dedicado la mayor parte de su vida al periodismo.
    A los 22 años se inició en la redacción del Herald, allá por 1966, y diez años después tuvo que partir al exilio cuando, en su condición de subdirector y periodista que informaba más allá de límites impuestos en una época en la que estaba prohibido por ley mencionar a la guerrilla del ERP trotskista (a la que se llamaba "la organización proscrita") o al movimiento montonero (llamado "organización autoproscrita"), daba cuenta de situaciones, muertes y detenciones que el resto de la prensa callaba.
    En 1976, con el golpe el general Rafael Videla llegó al poder, derrocando a Isabelita Perón, y la situación se hizo aún más insostenible. Y aunque estaba a punto de ser absuelto de una acusación de apología del delito por recabar publicaciones donde la guerrilla daba cuenta de sus bajas, otra voz amiga, esta vez del lado de los militares, le aseguró: "Vos vas a salir limpio de esto, pero te van a matar".
    "La guerrilla fue parte de mi generación" recuerda. "Varios habían sido mis compañeros de clase, mis compañeros de juego cuando era niño. De adolescentes íbamos a los mismos bailes en Quilmes y La Plata (donde también conocería a futuros oficiales de las fuerzas armadas), y esas eran zonas de gran agitación que tuvieron un papel muy importante cuando comenzó la barbarie". Allí estableció sus primeros contactos con Mario Roberto Santucho y Benito Urteaga, líderes del Ejército Revolucionario del Pueblo, (ERP) y con Enrique Gorriarán y Mario Eduardo Firmenich, cabeza de los montoneros.
    "Los setentas diezmaron a mi generación -reconoce-, y los periodistas ya no pudimos decir `yo hago sociales', `yo cultura': todos terminamos involucrados en política". Por esos años la autocensura llevó a la mayoría de los medios de prensa a callar las denuncias de hijos y esposos que nunca más llegaban a casa o que aparecían muertos con más de sesenta balazos en el cuerpo".
    "La gente, cuando tenía un problema de este tipo llegaba a nuestra redacción porque en las otras les decían: "Vayan donde los ingleses, ésos son unos locos y publican todo". Sus antiguas amistades de Quilmes le permitieron forjar una red de contactos con la cual pudo obtener información de ambos lados para contar la historia y entrevistar en más de una oportunidad a los líderes alzados en armas.

    Gral. Jorge Rafael Videla, represión y barbarie.Derecha, Otra vez a un paso de la muerte, aquella vez a manos de la guerrilla, como antes de la Policía.


    Fue precisamente debido a su relato de una conferencia de prensa en la clandestinidad de Firmenich, previa a la liberación de Jorge Born (un magnate secuestrado en 1975 junto a su hermano Juan y cuya libertad costó US $64 millones), que el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino lo tomó como uno de los referentes en el proceso de extradición que le siguió a Firmenich en 1984. Una vez trasladado el prófugo del Brasil y recluido en Buenos Aires, Graham-Yool fue convencido por el gobierno de Raúl Alfonsín para viajar desde Londres a la Argentina y dar su testimonio.
    Una década antes, al liberar a Jorge Born, Firmenich encargó a dos periodistas voluntarios (el propio Graham-Yooll impulsado por el apetito de una primicia única, y otro periodista que después se descubriría que era parte de la guerrilla), acompañar a la víctima hasta una estación de tren donde fue liberado. El suceso, contado en su libro `Memoria del miedo', volvió a ser relatado por él cuando, como parte del proceso, atendió un careo con el propio reo.
    "En la Argentina los careos suelen durar de 15 a 30 minutos. Esa vez duró cuatro horas. Fue verdaderamente extenuante y lo que más recuerdo, además de la arrogancia de Firmenich, que a cada momento decía que le hacían perder el tiempo poniéndolo a discutir conmigo, fue la infinita bondad del carcelero que no se cansaba de servirnos mate a todos". Finalmente, su testimonio sirvió para condenar a cadena perpetua al líder montonero, pero éste fue amnistiado en 1990 por el presidente Carlos Saúl Menem y vive hoy como próspero abogado en Barcelona.
    El exilio llevó a vivir a Graham-Yooll 18 años fuera de la Argentina. Inglaterra, China, Africa Occidental y Europa, pasando por una corresponsalía para "The Guardian" durante la Guerra de Las Malvinas, que fueron su teatro de operaciones.
    En 1994, y luego de tener a su cargo la revista Index of Censorship, regresó para dirigir el mismo periódico en el que había empezado. Hoy es director emérito del Buenos Aires Herald y estuvo de paso por Lima auscultando la situación de la prensa para el Freedom Forum y para testimoniar su labor periodística durante la dictadura argentina, en el capítulo final de una serie que sobre este tema transmitió Canal N.
    Después de conversar largo y tendido con CARETAS agrega: "aún se me pone la piel de gallina cada vez que afloran los recuerdos". (Pedro Tenorio).


     

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