Edición Nº 1612

 

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    ARTICULO

    30 de Marzo de 2000


    Campaña Que Quema
    Pasado el primer partido, es conveniente revisar la estrategia preelectoral del Presidente-candidato de ilusionarnos con clasificar al próximo mundial. El 26 de abril enfrentamos a Chile.

    La selección es de todos. Delantera somista jugó al contragolpe ayer en las tribunas: Andrade, Forsyth y Masías.

    Eliminatorias
    Japón-Corea 2002

    Escribe MARTIN MUCHA

    FUJIMORI creyó que era un golazo, de ésos que se meten a empujones en los descuentos. La designación de Maturana como técnico fue aplaudida por la prensa y por los aficionados de este país. Llegaba el que asustaría al fantasma de los fracasos sucesivos y constantes, o por lo menos eso nos querían hacer creer. A once días de las elecciones el éxito de la selección contra los guaraníes pondría la cuota de alegría en los votantes. Con este fin, los rivales antes del Perú-Paraguay no debían ser de gran envergadura para no opacar el arranque del recién llegado. Vale decir: los partidos previos debían contribuir a crear el espejismo de la clasificación. Pero, ni el más pesimista imaginó que se podía empatar con Haití o que se perdería con la selección de suplentes de Colombia. Con eso se rompió el romance incondicional entre la afición y Maturana. Y ante esos resultados el Presidente también tomó su distancia del `Pacho'.
    El partido comenzó cuando designaba a Cubillas como presidente del IPD. El 6 de setiembre, cuando aún se discutía cuál sería el mejor reemplazante de Juan Carlos Oblitas, fue claro al señalar que quería un técnico extranjero, ello a dispar del `Nene' que prefería uno nacional. Ese día, no tuvo reparos en decir que "eso nos puede costar 800.000 o un millón de dólares pero hacer todo ese esfuerzo por ir al mundial bien vale la pena".
    Seducido por tan jugoso ofrecimiento, el odontólogo colombiano no lo pensó dos veces y abandonó Costa Rica, país al que le había prometido -literalmente- la clasificación. El 25 de setiembre, Lander Alemán, presidente de la Comisión Seleccionadora, oficializó al `Pacho' como entrenador de la selección luego de la reunión en Palacio de Gobierno con el Presidente. "La meta está dada: nuestro equipo deberá ocupar el tercer o, en el peor de los casos, un cuarto lugar en las próximas eliminatorias", señaló Fujimori.
    Uno de los más lúcidos entrenadores extranjeros que ha pisado esta tierra, Oswaldo Piazza, en artículo publicado en el diario argentino Ole, escribe que "Pacho llega con el apoyo del Presidente de la República que busca publicidad extra. Si el Perú clasifica para el Mundial 2002, tendrá más consenso para seguir en el cargo". Era evidente la jugada de laboratorio.

    La apuesta por Pacho Maturana, apadrinada por Fujimori y compañía, hasta hoy no ha dado los resultados esperados. Derecha, Eliminatorias de la última década: un triste, a veces injusto, rosario de fracasos.

    HISTORIA CONOCIDA

    La relación de dictadores y fútbol tiene olor añejo. Oscar Raymundo Benavides (1914-1915 y 1933-1939), no sólo se parece al actual mandatario por su desprecio por la voluntad popular -anuló las elecciones del `36- sino que también mostró un acercamiento a las masas por intermedio del fútbol. A diferencia de Fujimori, él sí tuvo una línea de acción definida con respecto a los deportes, lo que le permitió a esta tierra árida de triunfos obtener el título sudamericano en fútbol, básquet y box. El retiro de la selección de las Olimpíadas de Berlín parecía que empañaba el camino trazado por Benavides. El general no dudó en organizarles un multitudinario recibimiento en Palacio. La cortina de humo para olvidar los excesos del régimen y la crisis económica funcionó.
    Años antes se había dado el mayor incidente con respecto a este tema. A pocas horas de jugarse la definición del Mundial Italia `34, un par de jugadores de la selección anfitriona fumaban un par de cigarros, cuando de pronto entraron dos gendarmes a paso firme anunciando la entrada de `El Duce'. Con guardaespaldas siguiéndolo, saludó a estos dos hombres con la mano derecha levantada y siguió. Se reunió todo el plantel a escuchar su mensaje. "Italia debe ganar el mundial. Tómenlo como una orden. Buenas noches..." dijo antes de juntar sus tacos e irse. En la final, el 10 de junio de 1934 y ante más de 50.000 espectadores, Mussolini sentado al lado de Jules Rimet vio cómo cumplían su orden. Había ganado mucho más que un trofeo.
    Juan Velasco Alvarado recibió con maliciosa sonrisa la clasificación a México '70. La velocidad de `Cachito' Ramírez había causado dos profundos silencios en la Bombonera, la eliminación del local Argentina y mayor popularidad para Velasco cuando organizó una celebración a toda pompa para los héroes futboleros.

    Fútbol al servicio de la política. El chino Velasco, aquí con José Fernández ganándose alguito con los mundialistas del '70. Derecha, el entonces Presidente Francisco Morales Bermúdez, bañándose de hinchada y del sudor de Meléndez.


    Tratando de superar a su predecesor y jugando para la tribuna, Francisco Morales Bermúdez en una alegre noche -donde las cantinas se llenaron y las cervezas se pedían más heladas que nunca- le arrebató la camiseta a Julio Meléndez. Los colombianos, a la distancia, lloraban de rabia por no poder llegar a Argentina `78. El uniforme estaba demás, así lo entendió Meléndez, que con el torso descubierto brincó al lado del Presidente.
    Al haber tantos precedentes con probado éxito, nuestro mandatario no pudo elegir mejor forma de atrapar nuevos votos. Eso, unido a las campañas que giran alrededor apuntaban a ganar con holgura el 9 de abril. Toledo avanza y el fútbol puede ser un argumento para una ya no tan improbable segunda vuelta, más aún si el partido que se viene es contra Chile en Santiago.
    Hasta el cierre de esta edición no se conocía el resultado de la contienda con los del Atlántico. Cuando lea este artículo podría sentir el ansia certera y decisiva de la victoria o respirar -como ya estamos acostumbrados- el olor sepulcral de la desilusión. Para ambos casos se debe recordar que es tan sólo el principio y, total, esto es tan sólo un deporte, aunque nadie quiere creerlo.

     


     

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