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ARTICULO
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30
de Marzo de 2000 |
El
Baile de Toledo
Y
el Huaino de la Primera Vuelta
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Inequívoco
gesto para responderle al régimen. Derecha, Eliane Karp,
quien también parece hija de Cabana, en danza andina para
conjurar la mala vibra.
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El martes Alejandro
Toledo cumplió 54 años pisando fuerte en su sorprendente
campaña. La fiesta congregó a los más diversos personajes
de la fauna política y se zapateó con euforia, pero el gobierno
le tenía preparada a través de Laura Bozzo una maliciosa
sorpresa.
Escribe PEDRO TENORIO
Foto VICTOR CH. VARGAS
"¿Saben cuál es el regalo de cumpleaños con el
que sueño?..." -Alejandro Toledo hace una pausa generando expectativa
entre su auditorio-, "ganar en primera vuelta este 9 de abril, ¡carajo!"
La multitud enfervorizada, sin dejar de gritar su nombre, ha colocado
ante él una enorme torta adornada con el frontis de Palacio. La
peña "Brisas del Titicaca" alberga a unas 3000 personas que, apretujándose
entre sí a ritmo de huaino, pugnan por tocar a su líder
en la víspera de su 54 cumpleaños. Al igual que el día
anterior en Puente Piedra, sus partidarios habían organizado una
fiesta que tenía una mitad de onomástico y otra de celebración
por lo que Toledo, su esposa y la gente de Perú Posible habían
obtenido en lo que va de la campaña.
La alegría era grande y ciertamente nadie calculaba, pese a que
el propio candidato algo había adelantado a la prensa, la artillería
pesada que estaba por caer sobre él. Hasta ese momento, Toledo
y sus asesores estaban seguros de que su crecimiento en las encuestas
les depararía una andanada de ataques de la prensa chicha y sus
socios: en los últimos días lo habían comparado con
Alan García, a su esposa Eliane le habían descargado una
serie de imputaciones acerca de su vida privada y, aparentemente, nada
de esto surtía efecto para bajar al Cholo.
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El
sábado 25 en Cajamarca: debajo de sus casacas, los chalecos
blindados. Y ella casco.
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Además del tema PRONAA, que enfrentó a Toledo con las dirigentes
de los comedores populares y del programa del Vaso de Leche, algo se seguía
cocinando.
Fue así que el martes 28, en pleno cumpleaños toledista
y a 11 días de las elecciones el oficialismo, por boca de sus más
entusiastas voceros -y show mediante-, reveló la existencia de
una supuesta hija no reconocida del candidato de Perú Posible.
Si bien la escenografía y el estilo de Laura Bozzo no le aportan
un ápice de seriedad al asunto -existen cauces neutrales para entablar
reclamaciones de este tipo-, sí contribuyen a enturbiar aún
más un proceso que está alcanzando niveles inéditos
de boicot y violencia contra las candidaturas alternativas a Fujimori.
Y si bien Alejandro Toledo no suele pisar el palito de las acusaciones,
esta vez su reacción no se ha hecho esperar (ver nota aparte).
Así, ante el escenario de confrontaciones que le esperan en estos
últimos días, Toledo y compañía han organizado
un nutrido calendario de viajes al interior: el jueves estará en
Tumbes, Talara y Jaén; el viernes en Ica, Chincha, Pisco y Cañete;
y el sábado volará a Huánuco y Tingo María.
Y en su tienda ya se hacen preparativos acerca de su cierre de campaña.
EL CAJAMARCAZO
"Me han creado un doble problema de identidad, hermano", explica Alejandro
Toledo mientras se ajusta el cinturón de seguridad y sonríe
mirando de reojo a su esposa: "ahora resulta que mi mujer no es mi mujer...
y que mi hija, tampoco es mi hija". La risa de ambos intenta demostrar
que la pareja más sorpresiva de esta campaña toma a broma
las primeras planas de la prensa chicha, y de paso, romper cualquier posible
hielo con los periodistas que los acompañan en el vuelo a Cajamarca.
Esta ciudad, que según las encuestas no es una plaza fuerte para
Toledo, demostró el sábado 25 que también anhela
propuestas de cambio.
La avioneta, tras una hora y veinte minutos de viaje, llegó cerca
del mediodía para tranquilidad de los cientos de partidarios que
lo esperaban desde hacía más de tres horas en el aeropuerto.
En el trayecto la conversación discurrió amablemente, con
un candidato ligeramente agripado que recibía los mimos de su compañera
y que comentaba la información aparecida en los diarios. Cinco
minutos antes de llegar a Cajamarca, razones de seguridad hicieron que
la pareja se colocara unos discretos chalecos antibalas. Y poco antes
de tocar tierra, Alejandro Toledo exteriorizó una duda: "quizás
haya problemas... ojalá que no nos hayan montado una contracampaña".
Por suerte se equivocó. Si bien no faltaron los clavos soldados
arrojados en el camino, la alegre vehemencia de sus partidarios y el respaldo
que recibía de la gente que salía a su paso le devolvieron
la seguridad rápidamente. Su esposa Eliane lo acompañaba
en camioneta descubierta, protegida además por un casco que la
libraba de piedras como la que horas después, y en otro punto del
país, hirieron a Luis Guerrero de Somos Perú (ver nota aparte).
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Tras
el baile, con Chantal (17), la hija de ambos.
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Luego de una hora de caravana, en la que el candidato no se cansó
de lanzar besos volados o de arrojar rosas a la usanza torera, la comitiva
arribó a la plaza de armas. Varios miles aguardaban con curiosidad
para escuchar a Toledo, quien fue antecedido por una serie de personajes
que con voz solemne daban la bienvenida "al próximo Presidente
del Perú y a su Primera Dama".
La multitud no era uniforme. Por un lado estaban los comprometidos que
cargaban banderolas y vitoreaban cada exhalación del candidato,
por el otro los curiosos -eran mayoría- que estaban a la espera
de lo que venían a decirles el Cholo y su gringa. La experiencia
que en estas semanas ha ganado Toledo en su comunicación con la
masa le ha enseñado que temas como descentralización e impulso
de la agricultura -y la frase "economía social de mercado con rostro
humano"-, surten efecto en el auditorio. En Cajamarca volvió a
decir que era un "rebelde con causa contra el centralismo limeño",
reafirmó su intención de favorecer económicamente
a maestros y médicos, y de apoyar el desarrollo agropecuario de
la región, con lo que calentó la plaza.
Su esposa, como ya es habitual en sus mítines, también habló,
aunque brevemente. Habló del futuro triunfo de Perú Posible
y de la necesidad de reorientar los programas de asistencia alimentaria
en los que, según dijo, trabajaría incansablemente.
Finalmente, Toledo intentó transmitir una dosis de su optimismo
a prueba de balas: "¿Saben de qué tengo ganas?... De ganar
en primera vuelta. ¡Ayúdenme a ganar en primera vuelta!".
Le bastó repetir tres veces este último estribillo, rematando
con ofrecimientos y un compromiso político con la región,
para lograr los aplausos y vivas de todos los cajamarquinos reunidos.
El mitin había sido un éxito, y tras una conferencia con
la prensa local, quedaron pocos minutos para el almuerzo de rigor que
los dirigentes de su partido le habían preparado. A Toledo se le
hacía imposible morder la presa que le habían servido, o
empujarse un bocado de arrocito: uno tras otro desfilaban los toledistas
pidiéndole una foto para el álbum familiar, abrazándolo
y deseándole suerte, u ofreciéndole algunos consejos para
éstos días álgidos.
Hubo que correr al aeropuerto -el cielo estaba nublado y amenazaba con
lluvia- y tomar el avión de vuelta a Lima. Pese a que la cámara
del Canal 2 sólo lo seguía por si podía cubrir algún
contratiempo o eventual papelón del candidato (que es como generalmente
informan sobre él), sus reporteros no dudaron en pedirle a Jorge
Toledo, uno de los miembros más activos del entorno de su tío
Alejandro, que les hiciera el favor de llevar el casete a Lima. Y, claro,
para qué pelearse con la prensa.
Ya en el camino, Toledo era entrevistado por corresponsales extranjeros,
mientras Eliane dormía. El día había sido duro, pero
al candidato aún le esperaba una reunión en Lima y, días
después, una nueva andanada de ataques y de guerra sucia. ¿Habrá
físico para resistir estas dos semanas?, se le preguntó.
"Físico es lo que sobra", contestó, algo afónico,
con su habitual sonrisa.
LA RUMBA SEGUIRA
En "Las brisas del Titicaca" no sólo se dieron cita anónimos
simpatizantes de Toledo, sino también algunas figuras que pagaron
su entrada para saludar y estar cerca del candidato que es la sensación
del momento. Mientras el congresista Alfonso Grados Bertorini sorteaba
a parejas que en cualquier momento podían pisarlo, el ex alcalde
de Arequipa Luis Cáceres Velásquez intentaba aproximarse
a su mesa sin conseguirlo. Remigio Morales Bermúdez, accionista
minoritario de Frecuencia Latina (¿y eventual mensajero de los
hermanos Winter?) pugnó por acercarse y lo logró, obteniendo
un breve apretón de manos por premio. La fiesta, que se prolongó
hasta la madrugada, pero que alcanzó su clímax con el huainazo
ancashino que se bailaron Toledo y señora, bien puede ser una alegoría
de los movedizos, arriesgados y desafinados días por venir.
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