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30
de Marzo de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Los
Cómicos Ambulantes
EL martes pasado, en un estrado del Parque Huayna Cápac,
Alberto Fujimori, Francisco Tudela, Carlos Alvarez y Pablo Macera, brindaron
un espectáculo que pretendió ser cómico pero fue,
en realidad, patético.
Ante madres de comedores populares, acarreadas bajo presión y promesas,
lo único gracioso de la función fueron las intervenciones
del imitador Carlos Alvarez. El candidato-presidente estuvo desastroso.
Cuando él mismo presentó a Pablo Macera, el historiador,
la memoria viva del Perú, dijo que tenía una gran memoria
porque tomaba caldo de choros y de cabeza de pescado, acompañado
con jugo de manzana.
Pretendiendo ser alegre y simpático, Fujimori es sólo chabacano
y vulgar. No tiene gracia ni humor, y pretende halagar al auditorio con
chistes simples y rústicos.
Su discurso político es aún peor. Lo que ha exhibido hasta
ahora, en las pocas concentraciones partidarias que ha realizado, son
promesas de una chatura pocas veces observada en una campaña electoral:
los setecientos mil inscritos en el reciente programa de terrenos gratuitos
lanzado por su gobierno -con fines estrictamente electorales-, podrán
obtenerlos sólo si votan por él. Las madres de comedores
populares, que subsisten por los alimentos donados por países extranjeros
que reparte el gobierno, seguirán recibiendo sus raciones si él,
Fujimori, sigue cinco años más.
No es capaz de elaborar un discurso que dibuje una imagen esperanzada
de un futuro mejor. Es la perorata de un cacique clientelista que pretende
intercambiar alimentos y terrenos estatales por votos.
Sus mítines inaugurales, el sábado pasado, en el semivacío
Coliseo Amauta y el mercado de Santa Anita, fueron también fatales.
En el segundo, con un público que no estaba controlado como en
el Coliseo, una vendedora empezó a gritarle "¡que bajen los
impuestos!". Varios hombres, entonces, se animaron también, "¡queremos
trabajo!" clamaban a voz en cuello. El desconcierto de Fujimori y sus
acompañantes fue visible. Sólo atinaron a ordenar que tocara
una banda de músicos que los acompañaba, para acallar a
los protestantes. Fujimori no está acostumbrado a esto.
En el fondo, tenían razón Vladimiro Montesinos y la cúpula
militar cuando diseñaron la campaña exactamente igual a
la de 1995, donde no hubo un solo mitin político de Fujimori.
El candidato es tan malo, que la única manera de hacer una campaña
es presentarlo como Presidente, inaugurando e inspeccionando obras, con
un público pequeño y completamente controlado. El impacto
lo da la televisión, reproduciendo las imágenes de un presidente
trabajador, el motor de un país en marcha.
El problema para ellos es que eso fue útil en 1995, cuando la economía
creció al 13% hasta el día de las elecciones. Hoy, en medio
de la peor recesión que ha vivido el Perú en décadas,
ya no funciona.
Cuando el pánico cundió en el oficialismo ante el avance
vertiginoso de Alejandro Toledo y Eliane Karp, la rama civil del gobierno,
Absalón Vásquez y su aparato aprista, convencieron a Fujimori
de lanzarse a la arena. Ellos movilizarían la maquinaria estatal,
a las madres dependientes de los alimentos del Pronaa, a los pobladores
ansiosos de títulos y terrenos, y detendrían al intruso.
El resultado ha sido peor que si hubieran dejado a Fujimori en su papel
de Presidente. Lo ha desnudado en lo que realmente es.
Muchos han olvidado que estos son los primeros mítines políticos
de Fujimori en diez años. Después de la campaña
de 1990, donde cualquier cosa que dijera Fujimori parecía inteligente
para un público ansioso de encontrar alguien que derrotara a Mario
Vargas Llosa, nunca volvió a efectuar una concentración
política.
El dispositivo "psicososial" del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN)
y los militares, fue creando y moldeando la imagen del Fujimori talentoso,
cerebral, agudo, penetrante, ingenioso. Incluso muchos de sus adversarios
y críticos llegaron a creerse el cuento.
Pero, por ejemplo ¿alguien recuerda cuándo fue la última
vez que Fujimori estuvo frente a un entrevistador independiente, que le
hiciera preguntas difíciles? ¿Cuándo fue la última
vez que Fujimori tuvo que debatir con alguien en igualdad de condiciones?
¿Por qué si es tan agudo tenía que estar protegido
y encapsulado?
En realidad, el verdadero nivel de Fujimori debe ser el que tenía
en enero de 1999, cuando el gobierno pasó a controlar totalmente
la Tv. de señal abierta y se inició la sistemática
campaña de demolición de sus adversarios: entre 14 y 18%
de intención de voto. El resto es artificial, producto de la manipulación.
Por eso, quienes decían que "Fujimori no necesita el fraude y la
manipulación para ganar" estaban equivocados. Claro que lo necesita.
Le es absolutamente indispensable.
El punto es ahora, cuánto fraude podrán hacer el 9 de abril
y si podrán mantenerlo oculto o se descubrirá, como la falsificación
de las firmas de Perú 2000.
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Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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