Edición Nº 1612

 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Mal Menor
  •  

     
    30 de Marzo de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE

    EL doctor Francisco Tudela Van Breugel Douglas fue uno de los rehenes de la embajada de Japón. A juzgar por su comportamiento último aparentemente a Tudela le gusta serlo, porque ahora parece rehén del Presidente Fujimori y lo que es peor del movimiento Perú 2000. Puede ocurrir que lo conmueva la posibilidad de ser vicepresidente -y, por ende, Presidente cada vez que Fujimori... (en caso de salir elegido) se ausente del país como tanto le gusta hacer-; puede inclusive que hasta que no le enorgullezca demasiado ser el segundón de Absalón Vásquez (¡qué dirían sus ancestros si lo supieran!) en la lista parlamentaria, pero más da la impresión de que en verdad se trata de una especie de síndrome de rehén, parecido al de Estocolmo, por ejemplo. Debe ser consecuencia lógica del encierro al que se vio sometido. Probablemente le haya terminado gustando el encierro. Del MRTA o del gobierno, da igual. Y quizá también le guste la fama adquirida sin querer queriendo.

    Atrás, muy atrás, quedó su digna actitud al renunciar al Ministerio de Relaciones Exteriores por lo sucedido con Baruch Ivcher, quien sigue sin su canal, convertido hoy en el sumidero oficialista.

    Digo todo esto porque sus declaraciones nacionalistas en contra de la intervención foránea lo revelan no como un diplomático sino como todo lo contrario. Porque si fuera un diplomático, como Javier Pérez de Cuéllar por ejemplo, sabría que esa profesión obliga a veces a los ciudadanos de un país, o que pertenecen a una institución, a inmiscuirse en asuntos de otros, para salvaguardar la paz, la justicia, los derechos humanos (¡y las elecciones en cualquier país del mundo!).

    Por su parte, monseñor Cipriani, (el fino prelado de "¡ésas son cojudeces!") arremete también, como el anterior, contra los informes de los observadores extranjeros. ¿Será que cree que ésa es su misión apostólica, que para eso lo puso Dios sobre la tierra? ¿Contra los extranjeros, él, que ha sido nombrado por el Papa y repite todo lo que dice y aconseja Su Santidad, y que, además, pertenece a la Iglesia apostólica y romana, nada menos? Por de pronto dejaré de llamarlo monseñor. En adelante le diré Cipriani a secas.

    Muchas cosas distraen hoy la amistad que sostengo desde hace muchos años con la señora Martha Hildebrandt, cuyas dotes de lingüista no sólo reconozco sino admiro y envidio. Lamentablemente, tengo que decirlo, no comparto su autosuficiencia e intemperancia, ni su altanería, que ella considera virtudes. Pero, aparte de eso, quiero nuevamente dejar sentado que su labor en el Congreso de la República como inspiradora del Fondo Editorial del Congreso, es absolutamente admirable. No sólo por publicar libros sobre la Inquisición (al frente de la que, en otras épocas, no me extrañaría haberla visto), sino en particular por sus últimas publicaciones sobre Valdelomar: "Valdelomar El Conde Plebeyo", biografía debida a Manuel Miguel de Priego y "Valdelomar por él mismo", trabajo este último preparado por Ricardo Silva Santisteban, el acucioso investigador literario al que se debe también su monumental libro sobre Eguren, que publicara el Banco de Crédito y la traducción de la obra completa de Stephane Mallarmé, editada bellamente por el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica. El Congreso que preside se prestigia por la obra publicada por iniciativa de Hildebrandt. ¡A tal señora, tal honor! (aunque no rime).

    Hace poco vi a un microbusero echar por la ventanilla servilletas usadas de papel y una botella vacía de gaseosa, que harían más juego con el interior de su vehículo que tiradas en la calle. Estuve a punto de llamarle la atención, como acostumbro en casos parecidos, pero al ver su rostro patibulario, sucio y desgreñado, me dije a mí mismo: No pierdas tu tiempo. Este no va a saber ni siquiera de qué le hablas. Y continué mi camino mientras los papeles y la botella se sumaban a la basura de la calle.

    Eso me hizo pensar en esa historia de la persona que, en una ciudad suiza, tira descuidadamente un papel a la calle y una señora que iba detrás lo recoge, se le acerca y le dice: Perdón señor, se le ha caído esto. En la historia suiza, el que tiró el papel se lo guarda en un bolsillo y emite un avergonzado disculpe, muchas gracias. Si ocurriese eso mismo aquí, el que tiró el papel respondería a quien le hace la atingencia: No, no se me cayó, yo lo tiré. Y volvería a arrojarlo. Para que no me pase eso, yo ya no digo nada. Salvo a veces.

    Al candidato Toledo le tocó finalmente, como lo pronostiqué, aparecer en las primeras páginas de los diarios mugre, incluido aquel que no se considera pero que lo es también en grado sumo. El podría ahora decir, como el Quijote: Ladran, Sancho, señal que avanzamos. ¡Y vaya que lo hacen!

    A los candidatos de la lista oficialista parece habérseles aplicado la vieja consigna aprista (que Absalón Vásquez conoce tan bien) de ¡Disciplina, compañeros!, porque en ella se encuentran inmersos, perdidos, detrás de recién llegados y advenedizos, algunos personajes del gobierno, que han tenido que resignarse disciplinadamente a ocupar puestos insignificantes o por lo menos inferiores, por debajo de amigos y amigotes de quienes encabezan la lista, o el país. Todo sea por la mesada, dirán.

    Toledo es un cholo atrevido, como decían antes ciertas personas. ¡Qué se habrá creído! El solito contra el Sol Naciente.



     

  • ../secciones/Subir

  •    

       
    Pagina Principal