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ARTICULO
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7
de Abril de 2000 |
Los Dictadores
También Votan
Historias que parecen arrancadas a la ficción,
con tiranos que ganan seis o siete reelecciones, por las buenas o por
las malas, y arruinaron a sus países.
La imagen de un
líder depositando su voto es una clásica estampa de la democracia.
Sin embargo, las dictaduras también recurren a las elecciones,
como un acto de legitimación ante la comunidad internacional. La
gran diferencia es que en éstas el triunfo está cantado.
Así, tiranos y autócratas como Ferdinando Marcos, Alfredo
Stroessner, Fidel Castro, Augusto Pinochet, Slobodan Milosevic, Mao Tsé-tung,
Joaquín Balaguer, Anastasio Somoza, Porfirio Díaz, Suharto,
entre otros, se han perpetuado en el poder mediante elecciones amañadas.
El final de casi todos esos regímenes se ha caracterizado por la
violencia.
|
| En
1986, Ferdinando Marcos, acompañado de su esposa Imelda y el
vicepresidente Arturo Tolentino, celebran su "triunfo" electoral sobre
Corazón Aquino. Pero el fraude desató una ola de indignación
que forzó a Marcos a dejar el poder meses después, tras
21 años. Derecha, en noviembre pasado, el tirano serbio Milosevic,
en la segunda vuelta electoral en Serbia. |
Escribe
FERNANDO
ROSPIGLIOSI
MUCHAS veces democracia se asocia, de manera simplista, con elecciones.
Es un grave error. A lo largo del siglo XX, innumerables dictadores han
realizado elecciones de algún tipo, comicios amañados que
sólo servían para cubrir con un tenue barniz de legalidad
sus gobiernos autoritarios.
Una de las razones principales para que se montaran esas farsas electorales,
es que durante décadas, dictaduras que se mantuvieron bajo el amparo
de Occidente, específicamente de los Estados Unidos, justificaron
su existencia con el argumento de que defendían la democracia contra
el comunismo.
Para mantener la ficción, tenían que realizar elecciones,
en las que siempre resultaban vencedores. El artificio legitimador de
las elecciones tenía un doble destinatario, el pueblo de sus países
y la comunidad internacional. O, más precisamente, los EE.UU.,
donde los gobiernos que respaldaban dictadores pro norteamericanos, tenían
que guardar las apariencias ante el Congreso y su propia opinión
pública.
En verdad, nunca importó demasiado. Sólo se requería
de una delgada capa de democracia para encubrir feroces dictaduras. Todos
sabían bien cuál era el juego. Como dijo un presidente norteamericano
de un corrompido dictadorzuelo centroamericano, "es un hijo de puta, pero
es nuestro hijo de puta". Lo que importaba es que sirviera a sus intereses.
|
| Fidel
Castro, en 1997, durante elecciones generales. Ganó, naturalmente.
Hace 41 años que gobierna Cuba.Derecha, Alfredo Stroessner:
se hizo elegir siete veces, pero al final lo trajo abajo un golpe
militar. |
Hubo un cambio, sin embargo, en la década de 1960 y 1970. En Latinoamérica
surgieron gobiernos militares institucionales de las Fuerzas Armadas,
que no requirieron de elecciones para justificarse. De "izquierda" o "derecha",
sus fundamentos fueron otros. En Perú, (1962 y 1968), Brasil (1964),
Ecuador (1972), Chile (1973), Uruguay (1976) y Argentina (1976), las instituciones
castrenses se hicieron del poder instaurando un nuevo tipo de autoritarismo.
Hoy el péndulo parece regresar a épocas pretéritas,
que se creían extinguidas para siempre. Alberto Fujimori en el
Perú y el comandante (r) Hugo Chávez en Venezuela, presiden
gobiernos autoritarios, con decisiva presencia de las Fuerzas Armadas
y fuertes rasgos populistas y, elecciones controladas de por medio, pretenden
perpetuarse indefinidamente en el poder.
Las razones para realizar elecciones son, en el fondo, las mismas que
motivaron a gobiernos autoritarios del pasado. Disfrazar ante la opinión
pública nacional y ante la comunidad internacional la esencia dictatorial
de sus gobiernos y adquirir un viso de legitimidad.
Sin embargo, algunas cosas han cambiado. Desde la época del presidente
norteamericano Jimmy Carter (1976-1980), los EE.UU. se han mostrado menos
tolerantes con las dictaduras y han impuesto estándares más
estrictos en materia de respeto a los derechos humanos y cívicos.
La caída del Muro de Berlín (1989) y el derrumbe de la Unión
Soviética (1991), constituyeron victorias importantísimas
de la democracia y el capitalismo. Por lo menos en áreas del mundo
bajo la influencia directa de Occidente, ya no es posible ahora justificar
dictaduras como las de antaño.
Por eso los métodos se han sofisticado. Ahora no se trata simplemente
de cambiar los resultados de las ánforas, de manera burda, o asesinar
o encarcelar a los opositores. Hoy día un asunto básico
para los nuevos dictadores es el control de los medios de comunicación,
sobre todo la televisión. Y el uso discrecional e incontrolado
de los casi ilimitados recursos del Estado por el candidato-Presidente.
LOS ASIATICOS
|
| Mao,
en 1954. Se aferró al poder hasta 1976, cuando murió.
Purgó sin piedad a sus rivales.Derecha, Anastasio "Tachito"
Somoza: la perpetuación como acto reflejo. Fue asesinado en
1956. |
El filipino Ferdinand Marcos y el indonesio Suharto son los típicos
dictadores asiáticos surgidos en los años '60, bajo el paraguas
norteamericano. Ellos lograron el total respaldo de los EE.UU. en medio
de la Guerra Fría y del caliente conflicto de Vietnam, con el poderoso
argumento de ser una barrera infranqueable contra el comunismo.
Marcos, un oficial de inteligencia durante la II Guerra Mundial, se hizo
del poder ganando una elección en 1965. A partir de allí,
no dejó el gobierno durante más de dos décadas, hasta
1986, cuando fue derrocado. El primer período de Marcos trajo crecimiento
y prosperidad a Filipinas, y posibilitó su reelección en
1969. Pero el segundo término fue más complicado.
Se produjeron muchos disturbios por el apoyo que daba Marcos a los EE.UU.
en su impopular guerra en Vietnam y una guerra civil contra grupos insurgentes
comunistas y musulmanes. Con ese pretexto, Marcos declaró la ley
marcial en 1972, disolvió el Congreso, persiguió a los opositores
y censuró la prensa. Promulgó una nueva Constitución
a su medida en 1973 y realizó plebiscitos para tratar de legitimar
sus actos de gobierno.
En 1981, Marcos levantó la ley marcial y realizó elecciones
controladas, que él naturalmente ganó. Esta vez el período
fue de 6 años. En 1983 fue asesinado el principal líder
opositor, Benigno Aquino. En 1986 convocó a elecciones y se proclamó
ganador, en medio de un gran fraude, derrotando a Corazón Aquino,
la viuda del líder asesinado.
Pero las cosas ya estaban cambiando. La movilización popular y
las presiones norteamericanas lo obligaron a huir apresuradamente del
país, con su esposa Imelda, llevándose gran parte de la
inmensa fortuna que habían amasado durante 21 años.
Corazón Aquino asumió la presidencia. En Filipinas se empezó
a aplicar un sistema de observación electoral de parte de las instituciones
de la sociedad civil, con apoyo externo, que luego se convirtió
en modelo en otros lugares del mundo.
Otro dictador asiático parecido fue el general indonesio Suharto.
El se hizo del poder real en 1966, y desató una feroz represión
contra los comunistas. Se hizo elegir en 1968, y se reeligió sucesivamente
en 1973, 1978, 1983, 1988, 1993 y 1998. Es decir, ganó 7 elecciones
consecutivas.
Dos meses después de su última elección, en mayo
de 1998, fue derrocado por una combinación de protesta popular,
conspiración militar y presiones norteamericanas. Durante su gobierno
de más de tres décadas, la familia Suharto se convirtió
en la más rica de Indonesia y una de las más adineradas
del mundo.
Durante mucho tiempo se creyó que la economía indonesia
había despegado y que el crecimiento era indetenible. Indonesia
fue uno de los países modelo de aquellos que proclamaban las virtudes
de la combinación de autoritarismo con economía de mercado.
Sin embargo, el esquema de Suharto tenía pies de barro y en 1997
se empezó a derrumbar. Hoy día yace en ruinas, a pesar de
los intentos de salvataje del Fondo Monetario Internacional y los miles
de millones de dólares bombeados a su desfalleciente economía.
LOS PATRIARCAS LATINOAMERICANOS
El modelo de todos los patriarcas latinoamericanos es, sin duda, el
militar mejicano Porfirio Díaz. El encabezó un exitoso levantamiento
contra el presidente Sebastián Lerdo de Tejada, que trató
de reelegirse, en 1876. Díaz gobernó hasta 1880, y luego
de un período regresó al poder mediante elecciones, en 1884.
Y esta vez no lo soltó hasta su derrocamiento, en 1911.
Una de las primeras cosas que hizo Díaz, luego de llegar al gobierno
en 1884, fue cambiar la Constitución para poder reelegirse. Luego
organizó puntualmente elecciones, todas amañadas, en 1888,
1892, 1896, 1900, 1904 y 1910. Ganó siete elecciones consecutivas
hasta que, poco después de su última y multitudinaria reelección,
el país estalló, dando inicio a la Revolución Mejicana.
En Sudamérica, el militar paraguayo Alfredo Stroessner disputa
el récord con Porfirio Díaz. El gobernó 35 años
y se hizo elegir siete veces. Llegó al poder mediante un golpe,
en 1954, e inmediatamente se "legitimó" mediante una elección
en la que él fue el único candidato (como poco antes había
hecho Manuel A. Odría en el Perú).
En 1958 otra elección confirmó a Stroessner por cinco años
más. En 1963 fue, por supuesto, reelegido. En 1967 cambió
la Constitución para poder reelegirse por dos períodos,
pero sin contar los anteriores. Cualquier parecido con el Perú
del 2000 no es coincidencia.
En 1968 fue reelegido y en 1973 también. Allí terminaban
sus reelecciones permitidas por la Constitución que él mismo
había elaborado y hecho aprobar. Pero el poder es muy dulce para
abandonarlo por un simple precepto constitucional. Así, poco antes
de concluir su nuevo período, en 1977, Stroessner convocó
una nueva Constituyente, en la cual obtuvo, naturalmente, amplia mayoría.
Allí se aprobó una nueva Constitución que esta vez
incluyó la reelección vitalicia.
Con tan sólido argumento jurídico, Stroessner se hizo reelegir
en 1978, 1983 y 1988. Hasta que fue derrocado por su consuegro, el general
Andrés Rodríguez, en 1989. En su última elección,
Stroessner obtuvo nada menos que 89,6 % de los votos. Tan abrumador triunfo
no representaba nada más que el tamaño del fraude, por supuesto,
y se desvaneció en pocas horas cuando lo echaron del gobierno.
No obstante, la herencia de corrupción y destrucción que
dejó a su paso ha perdurado y hoy, más de una década
después, el Paraguay sigue sumido en el desorden y la pobreza.
El más reciente dictador en pasar a la historia de la literatura
es Rafael Leonidas Trujillo, materia prima de la última novela
de Mario Vargas Llosa (CARETAS 1607). Trujillo, un tirano especialmente
sanguinario y corrompido, gobernó República Dominicana entre
1930 y 1961, cuando fue asesinado.
Pero él no siempre fue presidente. En 1930 llegó al poder
mediante un golpe y se hizo reelegir en 1934. Terminó su período
en 1938 y gobernó por interpósita persona hasta 1942, en
que nuevamente se hizo elegir presidente en elecciones fraudulentas. Se
hizo reelegir en 1947 y en 1952 le trasladó la presidencia a Héctor
Bienvenido Trujillo, reelegido en 1957.
En 1960, la región empezó a bullir, por el triunfo de los
barbudos de Fidel Castro y el Che Guevara en la cercana Cuba. Un dictador
tan sanguinario como Trujillo era contraproducente para la política
norteamericana, y la siempre obediente Organización de Estados
Americanos (OEA) censuró al régimen trujillista y le impuso
sanciones.
Pero esa estirpe de dictadores difícilmente se aparta del poder.
Así, en 1961 fue asesinado por militares, en una emboscada orquestada
-según se dice- por la CIA.
Un aprovechado alumno de Trujillo fue Joaquín Balaguer, un funcionario
civil de su régimen, que precisamente asumió la presidencia,
de manera interina, entre 1960 y 1962.
Balaguer fue elegido en elecciones consideradas fraudulentas en 1966,
poco después de la intervención militar norteamericana.
Se hizo reelegir en comicios amañados en 1970 y 1974.
Regresó en 1986 y con fraudes descomunales se hizo reelegir en
1990 y 1994.
En esta última elección, hasta la OEA denunció el
fraude y, básicamente por las presiones norteamericanas y las movilizaciones
populares, Balaguer fue obligado a renunciar en 1996. Hoy día,
ciego y con 93 años a cuestas, es nuevamente candidato.
Otra dinastía paradigmática es la de los Somoza, que gobernó
Nicaragua durante 42 años, desde 1937 hasta 1979, cuando Anastasio
Somoza Debayle, "Tachito", elegido presidente en 1974 con el 91,7 % de
los votos, se derrumbó ante las guerrillas sandinistas. El padre
de "Tachito", Anastasio Somoza García, "Tacho", gobernó
desde 1937 hasta 1956, cuando fue asesinado. Lo sucedió su hijo,
Luis Somoza Debayle, y luego su hermano "Tachito" que, un año después
de su derrocamiento, fue asesinado en su refugio paraguayo.
EN EL PERU
Augusto B. Leguía, presidente entre 1908-1912, ganó las
elecciones de 1919, pero no tenía mayoría en el Congreso.
Dio un golpe, disolvió el Congreso, hizo elegir otro y reformó
la Constitución para poder reelegirse sólo por una vez.
En 1924 fue reelecto y cambió nuevamente la Constitución
para reelegirse indefinidamente.
En 1929 fue reelecto nuevamente. Su período fue corto esta vez,
pues en 1930 lo derrocó el comandante Luis Sánchez Cerro.
Poco después Leguía murió en la Clínica Naval,
abandonado por los muchos aduladores que le juraron lealtad infinita.
Leguía ha sido el dictador que más ha durado ininterrumpidamente
en el poder en el Perú. Salvo que alguien logre ahora superar el
oncenio.
El general Manuel A. Odría se hizo del poder mediante un golpe
en 1948. En 1950 realizó elecciones fraudulentas. "Bajó
al llano", como se decía en aquella época, dejando la presidencia
por poco más de dos meses a su compadre, el general Zenón
Noriega, para participar en comicios con un solo candidato, él.
Su eventual rival, el general retirado Ernesto Montagne, había
sido previsoramente encarcelado. Odría trató de reelegirse
en 1956, pero protestas populares lo hicieron desistir de su intento.
La historia reciente está plagada de ejemplos de dictadores que
también votan, que organizan periódicamente elecciones que
invariablemente ganan, de Constituciones hechas a la medida. En América
Latina, luego del interregno de aproximadamente 25 años, desde
mediados de los '60, en que surgieron las dictaduras militares institucionales,
parecieran estar volviendo los antiguos autoritarismos, que se "legitiman"
mediante elecciones amañadas.
Lo único que cambia son los mecanismos del fraude. Ahora no se
roban las ánforas ni encarcelan a los opositores. Sólo controlan
la Tv., usan los recursos del Estado y difaman a los adversarios. Pero
los resultados son idénticos.
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