Edición Nº 1613

 

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    7 de Abril de 2000
    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Pancho Desheredado

    A ver quién saca a Pancho de ese chongo en el que se ha metido; yo que él, pucha, ya estaría contratando (¡de-su-bolsillo-please!) al mismísimo Sanchís para que le mejore en algo su imagen ante la tiíta Ana Luisa.
    Te cuento. Como todos los años, cuando se acerca el santo de la tiíta Ana Luisa, o sea, mi prima Maritú Tudela de Orbegozo (que es puro apellido la pobre... ¡con decirte que está haciendo movilidad!), nos junta a todos en su casa para organizar la cena, porque a la viejita le encaaaaanta cumplir años, así sean los 97 que le festejamos ayer.
    Bueno, estábamos todos y regio, salvo que, como dijo el animal de mi primo José Alonso Tudela Aramburú, pucha, se sentía "la ausencia de alguien que no está presente", ejem. Bueno, ya te imaginarás a quién se estaba refiriendo el muy quemado, pero como la cuota para la cena era de doscientos dólares por cabeza, yo decidí que no iba a cubrir el octavo que me iba a tocar por la concha del Pancho, así el futuro vicepresidente estuviera bailando carrapicho con El Innombrable a un lado y Macera al otro, en la campaña del Parque Zonal Ataucusi, no sé si me entiendes.
    Bueno, cuando nos dimos cuenta de cómo iba la cosa, pucha, se instaló un silencio de sepulcro, hasta que harta de tanta huevada, hija, yo me propuse para hablar con Pancho. Chapé teléfono, marqué, me contestó la secretaria (Vanity, se llama, ¿te imaginas?) diciéndome "el doctor está ocupadito"; le respondí "lo espero, cuando se desocupe que se lave las manos y venga", hasta que al fin apareció, hija, con más voz de supernumerario del Opus que nunca el muy zampatortas. Lo dejé saludar antes de largarle el siguiente rollo:
    "Francisco, estamos todos los Tudela reunidos preparando el santo de la tiíta Ana Luisa, mientras tú seguro estás chupando Kola Inglesa con cerveza negra, con Absalón y su yunta. Tu problema. Lo único que te digo es que, o sea, si no vienes esa noche a la comida, prepárate porque la tiíta será sorda pero de cojuda, ni un pelo, tú sabes a qué me refiero". Y juá, le colgué.
    Bueno, la noche del santo empezamos todos a llegar, pucha, así de lo más sobrios, los hombres de negro y las mujeres también (tanto que la Julyh's, que es la nueva muchacha de la tiíta, creyó que era velorio y me dio el pésame), cuando en eso llega todo el circo ese de liebres, circulinas y patrulleros que le encanta al Pancho. Suena el timbre, sale a recibir mi sobrina Macarena Tudela -que se había fumado una hectárea ella sola- y cuando se encuentra con Absalón, parado sobre la persa del siglo XII, todo él de camisa celeste de rayón, blue jean berrinchudo, las crenchas para enjugar sebo y afeitado con lata de atún mal abierta, a la pobre chica le volvió la bulimia que tanto trabajo nos había costado curarle, y se puso a vomitar dentro de un macetón republicano que yo lo quiero para el recibo de mi edificio, no sabes.
    Pero lo peor recién comenzaba: detrás de Absi, quién crees, ¡Pancho Tudela, vestido de blanco como un chalán de representación escolar, sucio, cochino, borracho, oliendo a pollada y cantando con el otro cholo: "Chino, Chino, Chinochinochino!".
    Hija, qué reforma agraria ni reforma agraria, te juro que en ese momento fue que todos sentimos un vacío existencial que parecía imposible de empeorar, lo que ocurrió cuando Pancho y el barraconero ese agarraron copas de champán con el dedito levantado y se pusieron a brindar... ¡por la tercera fase!
    Mira, a una semana de las elecciones yo no voy a echar más leña a ningún fuego porque como te consta, o sea, yo soy súper objetiva en política. Sólo quiero decirte que cuando mi tiíta se dio cuenta de lo que estaba pasando, pucha, puso la silla de ruedas al medio del salón y le dijo a mi primo Aurelio -Lin- Tudela Ganoza (que como buen ñoco, hija, es su sobrino favorito): "Oye Lin, ahora vas a buscar en mi escritorio los papeles de la familia porque creo recordar que hay unos Tudelah's de Malambito que se quisieron meter donde no les correspondía, qué horror, como si no tuviéramos suficiente con tanto recién bajado". Dicho lo cual nos olvidamos de los advenedizos y la verdad, la pasamos regio. ¡Felices elecciones! Chau, chau. (Rafo León).


     

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