|
Portada
Nos
Escriben...
Mar
de Fondo
Heduardo
China
te Cuenta...
Ellos
& Ellas
Culturales
Caretas
TV
Controversias
Lugar
Común
Piedra
de Toque
Mal
Menor
|
|
 |
 |
7 de Abril de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
El
Vuelco
UN cambio decisivo se ha producido en el electorado en las últimas
semanas. Muchas personas no sólo han empezado a inclinarse por
Alejandro Toledo, sino que se ha instalado en la población la sensación
que le puede y le va a ganar a Alberto Fujimori.
Es decir, se ha roto esa mezcla de miedo, resignación y apatía
que jugaba a favor del candidato-Presidente. La gente no lo quería,
pero muchos aguardaban conformistamente su ilícita victoria.
Ahora es distinto. El rechazo a Fujimori y su gobierno de desempleo y
corrupción, se ha encauzado en la adhesión a Alejandro Toledo
de manera tan tumultuosa y multitudinaria, que se ha generado una sensación
de triunfo.
Existen pocas dudas que si la voluntad popular se respetara el 9 de abril,
la distancia entre ambos candidatos sería muy estrecha, y que el
vencedor tendría que definirse en una segunda vuelta. Y en ella
triunfaría contundentemente Toledo.
Esa era claramente la tendencia de las últimas semanas, cuando
se cerró el plazo para publicar sondeos, y la percepción
en la ciudadanía es que esas preferencias se han profundizado.
Sin embargo, en el Perú de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori,
una cosa es la voluntad popular que se expresará el 9 de abril
y otra distinta los resultados que proclamarán la ONPE y el JNE.
Nadie puede ser tan ingenuo para creer que los que han manipulado descaradamente
el proceso electoral, los falsificadores de firmas y compradores de votos,
van a llegar al momento decisivo y actuar como ángeles caídos
del cielo.
Y no se trata solamente de asesores de tercer nivel y ayayeros. Las últimas
denuncias de testigos de la falsificación publicadas por El
Comercio, confirman que Absalón Vásquez, el civil de
más confianza del Presidente y número uno de su lista, es
el cabecilla del grupo.
Es más, hay suficientes indicios que involucran al propio Presidente
Fujimori, como ha manifestado uno de los testigos. De hecho, él
ha respaldado firmemente a Absalón Vásquez y es muy claro
que todo el aparato del Estado controlado por ellos está encubriendo
a los delincuentes.
Las manifestaciones que repentinamente inició Fujimori el sábado
25, acarreando madres de comedores populares y funcionarios públicos,
tienen el objetivo de justificar el fraude, como señaló
CARETAS la semana pasada. Se trataría de encontrar pretextos para
justificar una alteración de los resultados del 9 de abril.
A pesar de la manipulación de los medios de comunicación,
la opinión pública se da cuenta de lo que está ocurriendo.
Aproximadamente dos tercios de la población creen que habrá
fraude.
El jefe de la Misión de Observación de la OEA, Eduardo Stein,
lo confirmó el miércoles pasado, en una entrevista con CNN:
la gente piensa que va a haber fraude, sostuvo.
Y la gente tiene razón, habría que agregar. El asunto es
que esos dos factores juntos son explosivos. Es decir, no sólo
hay un vuelco hacia Toledo, sino que además las personas confían
en que va a ganar. Y sí a eso se le suma la profunda desconfianza
en las instituciones electorales y la extendida convicción de que
los resultados serán manipulados por el gobierno, una victoria
de Alberto Fujimori el 9 de abril con más del 50%, no sería
creída por nadie.
El país se vería probablemente convulsionado por protestas
y manifestaciones. Si se le agrega la repulsa internacional y la intranquilidad
en los cuarteles, el régimen estaría al borde del desplome.
No importa cuánto más dure -días, semanas, meses,
años-, estaría herido de muerte y terminaría cayendo.
Si hay una segunda vuelta, no cabe duda que Fujimori intensificaría
la guerra sucia y los regalos con dinero del Estado. Pero es probable
que Toledo estaría en mejores condiciones de resistir la arremetida,
y la vigilancia y presiones internacionales para un proceso limpio serían
fortísimas.
En esas condiciones, el fraude que tendrían que hacer Montesinos,
Fujimori y Vásquez sería enorme. Y mientras más grande,
más detectable.
La camarilla civil-militar que gobierna el Perú ya no tiene soluciones
buenas, sólo menos malas. Pero hay algo seguro, no van a abandonar
el poder por las buenas. Hay que echarlos. Y para eso se requiere la combinación
de movilización popular, presiones internacionales y reacción
de los sectores institucionalistas de las fuerzas armadas.
________
Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
|