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14
de Abril de 2000 |
Por LORENA
TUDELA LOVEDAY
Me
Rayé, Así de Simple
AY hija, creo que voy a tener que volver al diván, y esta
vez por una década más; no puede ser que me siga dejando
llevar de esta manera por mis emociones, te voy a contar. Como tú
sabes, o sea, yo voto en el colegio Wonderfull Holly Mother of God, en
El Haras, ¿ya?, pucha, y siempre nos hemos encontrado ahí
con Maripí, Mariló, Maritú, Mariafé y Marimí,
y regio, o sea, ese enviroment era un termómetro regio
para proyectar resultados, como por ejemplo en el '95, cuando hicimos
un conteo rápido entre nosotras y ganó mi tío Fernando,
aunque después nos dimos cuenta de que ese año había
decidido no postular pero qué importa, hija, la pasamos de lo más
bien.
Bueno, el domingo fui a cumplir con mi deber ciudadano (con un hang
over de los mil demonios hija, porque la noche anterior habíamos
celebrado el santo de Marischenka y tú sabes que acá la
ley seca es igual para todos menos para los que no son todos, tú
me entiendes). La cosa es que estoy llegando a mi cola cuando en eso,
a quién crees que me encuentro, cara a cara y sin compasión:
¡a Martucha, ag, todo y tuerta, acompañada del maridete y
de la bebe, que está inmensa y es exacta a la madre hasta en la
manera de meter las puntas de los pies para adentro cuando camina!
Mira, hasta ese instante yo estaba absolutamente convencida de que iba
a votar por Toledo, no me preguntes cómo me sentía, pero
eso era lo que me correspondía como buena demócrata, ¿ya?
O sea, era como tener que ponerte una de esas inyecciones que te hacen
ladrar de dolor y te dejan el poto como un volcán en erupción,
pero que si no te la clavas, pucha, te entierran, no sé si me entiendes.
Así andaba, hija, hasta que la veo a la pobre Martucha, ag, y ahí
fue cuando mi emotividad me jugó una de las peores pasadas de mi
existencia.
De pronto me puse a imaginar el futuro de Martucha, ag, y la vi así
tuertita y desempleada, buscando trabajo como cajera en Wong y pucha,
Erasmo le tenía que decir que ya había recontrarrevirado
el límite de edad "si no, encantado", ¿me entiendes? Bueno,
la siguiente imagen era entonces Martucha, ag, poniendo en el garage de
su casa un salón de belleza unisex, hija, y la veía con
un realismo socialista que ya hubiera envidiado Einsenstein, poniéndole
ruleros a la bodeguera de la esquina, mientras en la secadora de pelo
(comprada de segunda mano), Martha Hildebrandt se acomodaba los cuatro
pelos que le quedan, para ir a entrevistarse con el director del CEI Héroes
del Cenepa, a ver si la contrataban para alfabetizar muchachas en el turno
vespertino.
Bueno, a esas alturas, hija, las lágrimas ya me estaban mojando
las sandalias, no sabes; con decirte que se tuvo que aparecer en ese instante
la estúpida de la Maripí y cuando le conté lo que
estaba pensando se puso a llorar conmigo como otra posesa y encima, me
añadió más leña al fuego.
Porque claro, la otra agarró viaje y se puso a describirme a Delgado
Aparicio tocando la puerta del tren fantasma a ver si lo contrataban para
asustar a los chicos después de la Curva del Diablo, no sabes.
Pero el highligt llegó cuando se nos pusieron ante los ojos
de la fantasía, hija, la Gamboa, la Mellado, la Torrejona y la
virola de la María Jesús Espinuda, ensayando para ombliguistas,
hija, a ver si en la siguiente temporada alta de Chimbote las contrataban
para zangolotearse como gelatinas sin pirex ante la muchachada que regresa
de alta mar.
Bueno, cuando me di cuenta de que por alucinar huevadas estaba a punto
de perder mi chance de voto, pucha, me metí volando a la cabina
(y adentro, como para encuadrarme en la realidad, di un par de pitadas
a la que inspiró a Rafael Rey para hacer su spot con Francesquita)
y sin darme tiempo a mí misma a reconectarme con mis propias intenciones,
qué crees: ¡marqué a El Innombrable para presidente
y a Martucha y a Absalón para congresiiiiiiistaaaaaaas!
En fin, en estas circunstancias hay que hacer la del pato, que cuando
se da cuenta de que la cagó simplemente le hace chau al asunto
con la cola y a otra cosa; pero ya saqué cita con Saúl y
empiezo el lunes un análisis de nueve veces por semana, a ver si
consigo que algo mejor que Martucha, ag, me haga cambiar de opinión
como a una idiota. Chau, chau. (Rafo León).
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