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ARTICULO
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19
de Abril de 2000 |
Consenso En Washington
Las condiciones electorales deberán cambiar
sustancialmente, para poder considerar la segunda vuelta limpia y justa.
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| Premier
Bustamante y Peter Romero del Departamento de Estado de EE.UU: El
frente externo en salmuera. |
Escribe desde Washington,
D.C.
GUILLERMO GONZALEZ ARICA
LA mañana del lunes 17 la mayoría de las oficinas
del Departamento de Estado, ubicado en la zona familiarmente conocida
como "foggy bottom", en Washington D.C., estaban vacías. Entre
ellas, la oficina de Peter Romero y Bill Bronwfield, mandamases de la
política norteamericana para América Latina.
Pero muy distintas habían sido las cosas hace una semana.
El pasado lunes 10 y martes 11, la oficina de Romero había agotado
gran parte de sus municiones para evitar que Alberto Fujimori consumara
un fraude electoral en primera vuelta.
Primero, James Rubin, vocero del Departamento de Estado, declaró
que habría segunda vuelta electoral porque los resultados de la
ONG Transparencia así lo acreditaban. El martes la presión
continuó con las declaraciones de la Secretaria de Estado, Madeleine
Albright, y del vocero de la Casa Blanca, James Lockhart, sobre la legitimidad
del proceso electoral peruano.
Sin embargo, en la noche del martes el Departamento de Estado llegaba
a la conclusión que la presión diplomática no estaba
dando resultados. En Lima, Palacio estaba decidido a "robarse la elección".
Se pensó entonces en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC), y
se barajó la posibilidad de que el mismo Presidente Clinton llamara
a Fujimori. Esto finalmente se descartó. Washington optó
entonces por conversar con los países europeos y el Japón.
También se habría evaluado con el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) y del Banco Mundial (BM) posibles sanciones económicas
al Perú. El mismísimo Enrique Iglesias habría sido
consultado.
Hay que recordar que en 1992, tras el autogolpe del 5 de abril, el BID,
con Iglesias a la cabeza, suspendió por algunos meses la relación
con nuestro país. "Iglesias es amigo de Fujimori, pero es antes
un demócrata", precisaron fuentes en Washington.
EL CLAMOR DE LA CALLE
Como señaló en CARETAS 1614, la noche del martes 10, la
comunicación entre el embajador norteamericano, John Hamilton,
y el presidente del Consejo de Ministros, Alberto Bustamante, se habría
roto. Hasta entonces, en Lima, la idea de un triunfo en primera vuelta
seguía sobre la mesa del Presidente-candidato.
¿Por qué el gobierno habría finalmente dado marcha
atrás? Al parecer, no fue tanto la presión internacional
como la de miles de peruanos que salieron a las calles, con tanta pasión
y éxito para defender su voto, lo que terminó por inclinar
la balanza hacia la sensatez.
Paradójicamente, a una semana clavada de los tumultos peruanos,
eran otros los jóvenes que protestaban -esta vez en Washington
D.C.- provocando el cierre masivo de oficinas federales. En el edificio
Ronald Reagan, sede central de la Agencia para el Desarrollo Internacional
(AID), una máquina contestadora respondía el teléfono:
"Hoy sólo algunos vendrán al trabajo. El Gobierno Federal
considera prudente, por las manifestaciones, que así sea. Mañana
los horarios serán normales".
NDI/CENTRO CARTER
Mientras tanto, se supo que ya llegó a la AID el pedido de financiamiento
para una nueva misión conjunta del Instituto Demócrata Nacional
(NDI) y el Centro Carter.
Varias agencias del gobierno de los EE.UU. habrían coincidido que
es esencial que el NDI/ Centro Carter continúe con la misión
de observación. La idea es que Luis Nunes y Barry Levitt se mantengan
al frente de la misión en Lima hasta evacuar el informe final sobre
la primera vuelta electoral, y luego ser reemplazados por otra delegación.
Así las cosas, el presupuesto estimado ahora oscilaría entre
US$ 100.000 y US$ 150.000 dolares -y ya no US$ 500.000.
El consenso en Washington es que las condiciones electorales de la primera
vuelta deben cambiar sustantivamente, para poder considerar el proceso
electoral como transparente, libre y justo.
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