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19 de Abril de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Campaña
Relámpago
UN periodista extranjero ha escrito que con los porcentajes obtenidos
en la primera vuelta, es seguro que Alberto Fujimori ganará en
la segunda. El cree que todo ha sido una maniobra genial de Vladimiro
Montesinos y su camarilla, para legitimar el triunfo de Fujimori.
En realidad el que haya una segunda vuelta ha sido un revés para
el candidato-Presidente, que no escatimó esfuerzos -ilícitos
en su mayoría-, para imponerse el domingo 9. Ahora la estrategia
parece ser apresurar la nueva elección, para impedir cambios que
puedan hacer más equitativos los comicios.
Esto implica tratar de obstaculizar la llegada de nuevas misiones de observación
internacional y neutralizar a las que ya están aquí, así
como a los observadores nacionales. Y dilatar la aplicación de
medidas correctivas como las que han demandado Alejandro Toledo y todos
los observadores, para que cuando se termine de negociar las mejoras,
haya llegado ya la fecha de las elecciones.
Estas artimañas le son indispensables al candidato-Presidente porque
él sabe que sin ellas no ganaría. El cálculo que
hacen algunos, partiendo de considerar que Alberto Fujimori tuvo 49,8%
en la primera ronda, es erróneo.
Eso funcionaría en un país democrático, con un proceso
normal. Un candidato con ese porcentaje, sería prácticamente
invencible. Pero esa votación es ficticia, producto, en parte de
la manipulación previa y en parte, consecuencia del fraude del
día de las elecciones.
Varias de las modalidades de fraude usadas el domingo 9 no dejan huellas
en las actas. El carrusel -el ciudadano llega con un voto marcado y tiene
que devolver el voto en blanco a la salida-, la suplantación, y
la simple alteración del acta donde no hay personeros, son crímenes
casi perfectos.
Ese tipo de fraudes, además, pueden ser fácilmente incorporados
en los conteos rápidos de los observadores y las encuestadoras.
Los conteos se hacen sobre una muestra de actas. Y si las actas ya contienen
el fraude, eso se reflejará en el conteo.
Eso pudo haber ocurrido el domingo 9 y explicaría la asombrosa
diferencia entre las encuestas de boca de urna difundidas a las 4 de la
tarde, y los conteos divulgados horas después. Las empresas encuestadoras
han tratado de justificar la diferencia con explicaciones diversas, pero
poco convincentes.
En verdad, las encuestas a boca de urna pueden haber sido acertadas y
los conteos distorsionados por el fraude. Si esto es así, es perfectamente
coherente la posición del gobierno, expresada por el Premier Alberto
Bustamante para suprimir las encuestas en boca de urna en la segunda vuelta.
De hecho, una de las empresas ya aceptó y no hará la encuesta.
Si todas hacen lo mismo, en la segunda vuelta tendremos un apagón
informativo sin precedentes en el Perú de las últimas décadas.
Si no se produce el flash de las cuatro de la tarde, la alternativa
serán los conteos rápidos, que pueden estar ya influidos
por el fraude. Y los resultados oficiales de la desacreditada y poco confiable
ONPE.
El hecho de que en algunos países se prohíba esas encuestas
no quiere decir mucho. Porque en esos países existen organismos
electorales eficientes y confiables, que proporcionan resultados oficiales
en pocas horas, de los cuales nadie desconfía.
Ese no es el caso del Perú. Por eso, aún con las imperfecciones
que tienen las encuestas en boca de urna, en este caso concreto, son indispensables,
para tener elementos de comparación. Si hay discrepancias significativas,
como ocurrió el domingo 9, hay motivos para buscar explicaciones
más profundas que una supuesta intención de engaño
de los electores.
También en base al mismo criterio erróneo de considerar
el porcentaje de Fujimori en primera vuelta como válido, algunos
ingenuos dicen que el candidato-Presidente ganaría puntos permitiendo
que las condiciones sean equitativas. Eso es ridículo. Fujimori
sabe perfectamente que en elecciones limpias no tendría ninguna
oportunidad.
Para mencionar sólo un tema. Uno de los estribillos de la campaña
del candidato-Presidente es "el Chino sí cumple". Al mismo tiempo,
se ha puesto en marcha una gigantesca operación para alimentar
la desconfianza en Toledo, que sería un mentiroso. Hasta el más
pequeño desliz de Toledo es machacado sistemáticamente por
la Tv.
Pero Alberto Fujimori es uno de los políticos más embusteros
que ha conocido el Perú. Desde el no-shock a la creación
de empleo, pasando por la toma de Tiwinza, el candidato-Presidente ha
mentido sin escrúpulos docenas de veces a lo largo de los últimos
años. Si imágenes con sus mentiras fueran recopiladas por
la Tv. -como pretenden hacer con Toledo-, el efecto sería devastador.
Hace un par de años César Hildebrandt hizo eso en Tv., compilando
unas 120 falsedades de Fujimori.
Por eso el gobierno no quiere permitir una campaña competitiva,
ni está dispuesto a liberar a la Tv. secuestrada. Ni a dejar de
usar fondos estatales. Saben que perderían sin atenuantes.
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Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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