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ARTICULO
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27
de Abril de 2000 |
Cómputo
de Fraudes
Observador internacional advierte sobre los peligros
que se ciernen sobre el Perú.
Gerardo Le Chevalier, salvadoreño, ha representado al Instituto
Nacional Demócrata -NDI por sus siglas en inglés- en las
misiones de observación del Centro Carter-NDI que estuvieron en
el Perú en tres ocasiones desde noviembre pasado. El llegará
nuevamente el lunes, integrando la cuarta Misión de esas instituciones.
La última vez que estuvo en Lima, respondió con ironía
las críticas del ex Canciller Francisco Tudela, y parafraseando
al presidente Alberto Fujimori, insinuó que Tudela era un ayayero.
La crítica opinión de la Casa Blanca, y del resto de la
comunidad internacional, sobre el proceso electoral peruano enmarca la
llegada de la Misión en especial coyuntura.
Entrevista
FERNANDO ROSPIGLIOSI
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Le
Chevalier precisa lo que está en juego.
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EN Washington, haciendo maletas para venir al Perú este
lunes a fin de encabezar la cuarta Misión del Centro Carter-NDI,
Gerardo Le Chevalier ofreció telefónicamente las siguientes
declaraciones.
-¿Cuándo llega al Perú una nueva Misión
de Observación Electoral del Centro Carter y el Instituto Nacional
Demócrata?
-Pensamos empezar a trabajar el próximo lunes 1º de mayo.
Todavía no tenemos una lista final de los integrantes de la delegación.
-¿Cuánto tiempo se quedaría esta Misión?
-Toda la semana. Nuestra costumbre ha sido terminar el viernes en la mañana
con una conferencia de prensa. En este caso, la lista de los actores es
más reducida, pero trataríamos de seguir la misma metodología,
es decir, reunirnos con los peruanos para hacer un balance de aquellas
declaraciones relevantes y verificables. Nos parece vital reunirnos con
los candidatos. Esta semana nos reuniremos con Toledo acá.
-¿Con Toledo en Washington?
-Tenemos entendido que viene a Washington y está programado que
se reúna con nosotros el viernes [28] por la mañana.
-¿Esta sería la única Misión, el día
de la segunda vuelta tendrían otra Misión?
-Esperamos tener una Misión esta vez un poco más amplia
que la que tuvimos para la primera vuelta (el día de la elección),
en la que tuvimos sólo una Misión técnica, no hicimos
informe. Simplemente fue una Misión de evaluación del proceso
por la vía de las organizaciones que estaban haciendo observación:
Transparencia, la Defensoría, la OEA y, por supuesto, recabamos
información de los partidos políticos contendientes, para
preparar un informe final en el caso que no hubiera segunda vuelta, y
para documentar los antecedentes del caso para efectos de la delegación
que viene ahora.
Para nosotros, el ambiente preelectoral determinó que las elecciones
tenían un daño irreparable y nos alegra que haya una segunda
vuelta, lo cual establece una segunda oportunidad para los peruanos en
términos de votar y para los actores políticos que pueden
enmendar y corregir los defectos que tuvo la primera vuelta.
-Se han denunciado muchas irregularidades ocurridas el domingo 9 de
abril. En caso de repetirse en la segunda vuelta, ¿esta elección
podría quedar invalidada?
-Nosotros no podemos especular. Pero nos parece importante la contribución
que están haciendo todos los sectores, especialmente la Iglesia,
la Defensoría y Transparencia. Celebramos que se estén haciendo
esas propuestas y ojalá no queden sólo en propuestas.
-¿Conoce alguna experiencia de mediación de la Iglesia
en una situación similar?
- La Iglesia católica siempre ha hecho contribuciones muy importantes.
En El Salvador, por ejemplo, su papel para ponerle fin a la guerra civil
fue clave. Ha tenido intervenciones más privadas en otros países.
-En los últimos días, voceros del gobierno y del partido
oficialista han repetido las críticas a los observadores electorales.
Se ha propuesto desde impedir su venida hasta reglamentar su participación
para que no puedan opinar. ¿Hay experiencias en Latinoamérica
de esas restricciones de la observación internacional?
-Jamás hemos aceptado participar como observadores sujetos a un
condicionamiento de los observados. Si algo debe tener un observador es
el derecho a opinar sobre lo que observa, si no, para qué se le
invita. Hay países donde no se les da el nombre se observadores.
En México, se les denomina "visitantes extranjeros".
-La semana pasada el Canciller Fernando de Trazegnies se reunió
con los embajadores extranjeros para expresar el malestar del gobierno
peruano con la posición de la comunidad internacional. ¿Cuál
es el ambiente en Washington respecto a lo que ocurre en el Perú?
-No me gustaría opinar sobre lo que piensan los demás. Nuestros
informes han sido claros y precisos, y el respaldo de las autoridades
de los EE.UU. a nuestros informes ha sido extremadamente claros. Igualmente,
el respaldo de la OEA al Canciller Eduardo Stein ha sido claro. Quiero
expresar nuestra profunda admiración por el papel clave que está
jugando el Canciller Stein. Usted recordará que nosotros establecimos
desde un principio -y yo personalmente- el respeto por una persona como
Eduardo, que ha contribuido a obtener la paz en su país. Yo creo
que una persona como él merece nuestro homenaje y nuestro respeto.
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No bastan el voto y el cómputo:
la libertad electoral es todo un proceso, un sistema.
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-En EE.UU. ha habido muchas declaraciones y resoluciones sobre las
elecciones en el Perú. También de la Unión Europea
y Japón. ¿Es un caso especial en Latinoamérica que
haya una preocupación compartida sobre la limpieza de un proceso
electoral?
-Lo primero es no tratar de hacer del Perú un caso extraordinario.
Como el caso del Perú ha habido otros, donde la comunidad internacional
se expresa cada vez más, como consecuencia de la globalización
de la democracia. Hay elecciones como en Haití, México,
donde hay un enorme interés internacional. En segundo lugar, el
hecho de que haya unanimidad en ese aspecto hace ver que no es posible
que podamos estar todos equivocados en nuestra apreciación de lo
que está pasando en el Perú. Es una clara señal de
una apreciación común basada en hechos concretos y prácticos,
y de gente que no estamos a favor de nadie en particular, sino de todos
los peruanos, y de que se respete la voluntad y el derecho de los peruanos
a ser elegidos y a elegir a quien mejor les parezca.
Eso incluye una serie de derechos que la humanidad está ahora compartiendo
después de haber padecido experiencias de gobiernos autoritarios,
de dictaduras, de torturadores, de tiranos como Hitler o Stalin. Creo
que este tercer milenio es el de la liberación: que no sólo
tengamos los derechos políticos, sino también el derecho
económico a una subsistencia decente. En este sentido preocupa
cómo la falta de confianza internacional en países específicos
se traduce en retrocesos, en retiro de proyectos de inversión,
en inestabilidad y en costos grandes, que al final afectan a los más
pobres.
-¿Si la segunda vuelta fuera tan cuestionada como la primera,
tendríamos esa perspectiva de inestabilidad?
-Es evidente en la medida que en el país, sea quien sea el que
gane, hay una mitad contra la otra, no va a haber estabilidad, y esa falta
de estabilidad asusta a los inversionistas, sobre todo en un mundo globalizado,
donde las oportunidades de inversión sobran. En este momento escasea
el dinero, y hay cada vez más gente, más mercados, más
oportunidades. Si los países deciden cerrarse y aislarse, como
Corea del Norte, sus pueblos son los que van a sufrir.
-Como hipótesis, si se produjeran acusaciones de fraude ¿se
podrían esperar presiones internacionales muy fuertes como ocurrió
en República Dominicana en 1994 para desalojar a Joaquín
Balaguer? ¿Esa es una posibilidad?
-Si de posibilidades se trata, ésa es una, efectivamente. Pero
en estas circunstancias hay un mecanismo más importante, en el
caso del Perú: la OEA está jugando una carta importante
y existe un compromiso suscrito en Santiago de limitar la participación
en la OEA a países con instituciones democráticas. La responsabilidad
que ha asumido la OEA en el caso del Perú me parece extremadamente
importante, grave y delicada. Si el Canciller Stein se presenta ante la
Asamblea General de la OEA con un informe que descalifica a las elecciones,
las consecuencias para el Perú van a ser mucho mayores que una
conferencia de prensa del Centro Carter-NDI, y eso es lo que realmente
está en juego.
-La mayoría de los peruanos cree que hubo fraude pero ¿qué
elementos se requieren para demostrar eso ante la comunidad internacional?
-Tiene que presentarse la evidencia que justifique que ese fraude significó
una manipulación de la voluntad popular que afectó los resultados.
En Haití con Duvalier, no habiendo otro candidato, no había
necesidad de fraude. El fraude tiene un valor si significa que en el resultado,
el que debió perder ganó. En 1990, en Haití -para
no hablar del Perú-, a pesar de todo, Aristide fue electo, en elecciones
que no fueron transparentes, hubo fraude. Es decir, no basta que haya
fraude para descalificar una elección, tiene que haber fraude a
favor de un candidato -del gobierno o la oposición-, y constar
que ese fraude ha logrado un efecto contrario a la voluntad popular.
Lo más importante es que los peruanos queden satisfechos con el
proceso electoral y con el resultado, porque cualquiera de los dos candidatos
que gane, si lo hace por poco y la otra mitad de la población no
acepta el resultado, eso no va a ser bueno para el país, gane quien
gane. Eso hay que subrayarlo. La victoria no necesariamente da la razón,
puede dar el poder pero no la razón. Hay necesidad de que los ciudadanos
que hayan perdido queden conformes, no contentos, porque perder no es
una alegría.
El fraude como se conoció en El Salvador en los setentas, con las
FF.AA. llevándose las urnas y regresando con las actas, no creo
que sea un escenario viable ni posible en el Perú. Por eso es tan
importante para nosotros hacer estas observaciones preelectorales, porque
las condiciones en que se dan las elecciones son a veces más importantes
que las elecciones mismas. No se puede decir que porque en Cuba se cuentan
bien los votos hay democracia.
-¿Las condiciones previas pueden descalificar un proceso?
- El mejor ejemplo que puedo dar es el de Cuba, donde hacen elecciones
pero no son democráticas. Así cuenten bien los votos, eso
no es democracia. Todo el entorno de las elecciones es clave, el conjunto
del proceso.
Apuesta Riesgosa
A último momento Perú
Posible aceptó participar en comisiones de la ONPE.
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Portillo y su gente siguen ganando
tiempo.
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AL comenzar la tarde del martes pasado, Alejandro Toledo estaba
en contra de participar en las comisiones propuestas por la ONPE para
mejorar su desempeño. Al terminar la tarde, Carlos Ferrero, a nombre
de Perú Posible, anunció que sí participarían.
Poco después, contactaba apresuradamente a algunos de los delegados
que concurrirían en representación de esa agrupación.
Los vaivenes del novel grupo político no deberían extrañar.
En una situación compleja, enfrentando no a otro partido político,
sino a todo el aparato del Estado que actúa inescrupulosamente,
y sin un equipo afiatado, no es fácil tomar decisiones.
Sobre todo si no se tiene el personal necesario. Los líderes de
Perú Posible parecen haber optado por el camino sensato de reclutar
personajes calificados, de otras tiendas o independientes. Así,
incorporaron a Alberto Flores García Rada, que se desempeñó
como personero técnico de Acción Popular y demostró
conocimiento e iniciativa. Flores será el representante de Perú
Posible en la comisión de Sistema de Cómputo.
En Capacitación de Miembros de Mesa, estará César
Carmelino Herrera y en Gestión Electoral Juan Sheput.
Otro ejemplo de esa apertura y rapidez para captar nuevos miembros, es
la incorporación de Diego García Sayán para representar
a Perú Posible ante los mediadores y en las negociaciones con el
partido oficialista. García Sayán, un jurista de prestigio
internacional, ocupará, además, la curul que deja el fallecido
Gustavo Mohme.
No fue fácil para Toledo y sus allegados tomar esa decisión.
Si ellos habían estado planteando un cambio radical en la ONPE,
participar en los grupos de trabajo es, en la práctica, avalar
la permanencia de José Portillo y su gente.
La propuesta de formar estos grupos partió de la ONPE, el domingo
pasado, que legalizó la iniciativa mediante la Resolución
172. Inmediatamente el oficialista Perú 2000 aceptó.
En realidad, todo indica que se trató de una maniobra del gobierno
para bajar la presión sobre la ONPE, condenada por los candidatos,
los observadores, la prensa independiente y la ciudadanía, por
su ineptitud y sospechas de fraude.
Con los grupos de trabajo se gana tiempo y se busca un aval para el comportamiento
futuro de ese organismo, al tiempo que se le salva la vida al dúo
de José y José, José Portillo y José Cavassa,
cuya renuncia era exigida por tirios y troyanos.
La decisión de Perú Posible no era fácil. Si participan,
quieran o no, estarán avalando el funcionamiento de la ONPE. Pero
si no lo hacían, serían acusados de sabotear el mejoramiento
de las condiciones del proceso electoral.
La apuesta de participar parece enmarcarse dentro de la estrategia general
que, aunque no explícita, se va haciendo evidente. Participar de
todas maneras en la segunda vuelta, sean cual sean las condiciones de
la misma, con el convencimiento de que es posible derrotar al candidato-Presidente
y al fraude.
Aunque Alejandro Toledo sigue amenazando de cuando en cuando con retirarse,
ésa se vislumbra como una posibilidad cada vez más remota,
casi imposible.
En ese contexto, si van a participar de todas formas, resulta coherente
aferrarse a las más pequeñas concesiones del régimen,
para tratar de mejorar las condiciones del proceso. Una apuesta riesgosa,
pero que parece ya decidida.
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