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ARTICULO
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27
de Abril de 2000 |
Era Un Puente Humano
La partida de Gustavo Mohme confiere nuevo peso a su aporte unitario
en la lucha contra la reelección y el fraude.
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Combativo
pero sereno, nada hacía presagiar el sorpresivo final de
su existencia.
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LA muerte de Gustavo Mohme Llona sorprendió al país
y enlutó no sólo a sus familiares, sino al conjunto del
periodismo y la civilidad que en estos años contaban con su concurso
en el plano de la política y el periodismo para la lucha contra
el autoritarismo y el reeleccionismo del Presidente Fujimori.
El diario que Mohme dirigía, La República, se destacó
también, bajo su comando, por las denuncias documentadas contra
la corrupción de autoridades civiles y militares, gracias a un
equipo de investigación que ha sido consagrado internacionalmente.
Debido a sus esfuerzos en favor de la democracia, Mohme fue víctima
en los últimos dos años de una de las campañas más
repugnantes de la prensa de albañal financiada por el gobierno.
Su entereza le permitió derrotar vilezas. "Al final, toda esa prensa
amarilla no ha podido nada", dijo a CARETAS en noviembre último.
"Al contrario, la gente se ha cansado de tanta procacidad y hemos recibido
la solidaridad nacional e internacional más amplia" (CARETAS 1594).
En esos días, el Senado de Estados Unidos había aprobado
la Resolución 209, que condenaba expresamente la "descarada intimidación
que se ejerce sobre los periodistas" en el Perú, y denunciaba los
agravios sufridos por Mohme y su equipo.
En lo político, Mohme se había convertido en personero de
posiciones de centroizquierda, tras la desaparición de Izquierda
Unida. Fue, asimismo, uno de los animadores del esfuerzo por una candidatura
única de la oposición, que no prosperó, y del Acuerdo
de Gobernabilidad, que bien puede servir de pauta de acción democrática
en tiempos próximos, más allá incluso de los resultados
de la segunda vuelta presidencial.
Esos esfuerzos y combates dan la medida de su carácter. Era un
hombre de empresa, propietario de una organización editora de tres
diarios y un semanario deportivo, que arriesgaba todo frente a un régimen
que se distingue por la falta de escrúpulos para acosar y hundir
a quienes, como en el caso de Mohme, Baruch Ivcher o Genaro Delgado Parker,
izan en los medios bandera de independencia.
Gustavo Mohme Seminario, el hijo mayor del fallecido, ha precisado que
la línea de La República no va a variar y que mantendrá
su lucha por la restauración democrática y por la justicia
social. Mirko Lauer, miembro del comité editorial del diario y
columnista del mismo, precisó: "Acá hay una familia que
se entiende y un equipo que trabaja bien, de manera que no hay por qué
suponer modificaciones".
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La
Municipalidad de Lima rindió homenaje solemne a Mohme, quien
acababa de ser reelegido como congresista en la lista de Somos Perú.
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En medio de la consternación familiar, Gustavo Mohme Seminario
relató a CARETAS cómo doña Ramona Seminario viuda
de Mohme, su madre, pregunta en estos días a sus seis hijos: "¿Por
qué ha ocurrido esto con Gustavo?" "Yo le respondo", añadió
nuestro interlocutor: "Con la vida que llevaba es como si hubiera vivido
el doble".
El azar suele tener caprichos inescrutables. Los Mohme solían pasar
los fines de semana juntos en Las Totoritas, el balneario de Mala en que
tienen una casa de playa. "Esta vez, parecía que mi padre hubiera
deseado estar solo, como nunca", señala Mohme Seminario.
Lo que se sabe es que apenas producido el ataque, algunos vecinos hicieron
diversas llamadas telefónicas. Periodistas de La República
creen que fue decisiva la intervención del general PNP (r) Ketín
Vidal para que un helicóptero de la Policía trasladara al
paciente al Hospital Rebagliati de Lima. Fue una proeza de rapidez, pero
ya no había remedio.
El corazón de Mohme había trabajado a ritmo demasiado intenso
en los últimos tiempos. Su actividad política como congresista
y como director de un diario en que permanecía hasta las tres de
la madrugada, poblaban su agenda de citas, entrevistas, reuniones, polémicas,
y de ira contra la marcha fraudulenta del proceso electoral en su primera
vuelta y en lo que va de la segunda.
En los últimos días estuvo empeñado en el esfuerzo
de lograr un acuerdo de bancadas parlamentarias para apoyar a Alejandro
Toledo en el caso de que éste logre imponerse en las elecciones
venideras. Ponía a prueba, una vez más, su capacidad de
articulador. "Era un puente humano", expresó Javier Diez Canseco,
que en el pasado discrepó más de una vez con Mohme dentro
de la izquierda.
No tuvo inicio fácil la existencia de Mohme. A los tres años
perdió a su madre, en su Piura natal. Su padre, ciudadano de Estados
Unidos, marchó a su país y casi no tuvo relación
siquiera postal con su vástago. Lo crió entonces su abuela
materna. Más tarde, viajó a Lima. En el Colegio Anglo-Peruano
de Barranco fue compañero de carpeta con Efraín Goldenberg,
piurano nacido en Talara, y hoy ministro de Economía.
Tras graduarse de ingeniero civil a los veinte años, en lo que
era entonces la Escuela de Ingenieros, marchó a trabajar a Piura,
en la empresa constructora Juan Clark. Allí coincidió con
otro joven ingeniero, Arturo Woodman.
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A
los tres años, huérfano de madre. Derecha, La viuda
y, detrás de ella, su hijo Gustavo, presidente del directorio
de La República.
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Un buen día, en un paseo vespertino por la Plaza de Armas de Piura
conoció a la bella Ramona Seminario. Fue amor a primera vista que
duró toda una vida. Se casaron en enero de 1956. Ella tenía
23 años y él, 25.
En 1955 había fundado en Piura la empresa constructora Woodman
& Mohme, con su colega ingenieril, hoy empresario conocido y muy cercano
al régimen fujimorista.
La República, fundada en 1981, ha tenido varias etapas. Pero la
mejor es sin duda la que se inicia con Mohme como director, y con su hijo
Gustavo Mohme Seminario como gerente general, cargo en que éste
se ha revelado como editor creativo, que ha reforzado y extendido la estructura
de una empresa que en varios momentos anteriores estuvo a punto de zozobrar.
Más allá de sus ideas y avatares políticos, Mohme
era hombre de impulsos generosos. Su hijo Gustavo recuerda este episodio:
hace 28 años, al comenzar una tarde de verano, Gustavo padre almorzaba
con toda su familia en su casa de playa frente al mar de Yacila, en Piura.
De pronto, su esposa empezó a lanzar gritos de desesperación.
En el mar, frente a ellos, una niña se estaba ahogando. La gente
clamaba y lloraba, pero nadie hacía nada. "Mi padre salió
corriendo y se lanzó al mar", evoca Gustavo hijo. "El mar estaba
furioso, la corriente arrastraba a mi padre. Fue un esfuerzo tremendo
pero la niña fue salvada".
Quizás en el momento final, aquel en que la vida de cada uno se
convierte en un filme veloz de la memoria, Gustavo Mohme Llona ha recordado
ese instante. Pero esta vez, frente al mar, el corazón no se impuso.
(César Lévano)
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