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ARTICULO
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27
de Abril de 2000 |
Ampliando el Espectro
Convocando un voto que es
toledista por diversos motivos -desde los que están hartos del
Chino hasta aquellos que le reconocen ciertos méritos-, Alejandro
Toledo tiene cuatro semanas para consolidar una voz de protesta que supo
encauzar en la primera vuelta.
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El
espinoso camino hacia Palacio le demanda una nueva estrategia al
candidato de Perú Posible.
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EL martes 25 en conferencia de prensa, Alejandro Toledo dejó
perplejo a más de uno: hasta ese momento se esperaba un firme pronunciamiento
del candidato de Perú Posible, toda vez que sus reclamos de un
proceso electoral más equitativo habían sido ignorados por
completo. Pero ello no ocurrió.
Ya el 14 de abril, la OEA había dado un plazo de 10 días
para que se dieran las medidas correctivas que tanto los candidatos alternativos
como los observadores internacionales le exigían al gobierno. Y
ese plazo, al que se había sumado Toledo, expiraba el lunes 24.
Alejandro Toledo, quien sobre este punto había adelantado "no estar
dispuesto a ir a una carnicería", evitaba ahora -pese a que muchos
creían que se le saldría el indio- anunciar una decisión
al respecto.
Al parecer, pesó más en su decisión la posible formación
de un comité mediador -encargado de facilitar la comunicación
entre los representantes de Perú 2000 y Perú Posible- y
las 3 comisiones de coordinación técnica auspiciadas por
la ONPE. Ante ese panorama, que significaba un cambio inicial aunque insuficiente
en relación a la primera vuelta, el Cholo prefería invocar
serenidad y esperar unos días más antes de asumir una actitud
definitiva sobre su participación en lo que resta del proceso.
Lo cierto es que esa actitud, que por un lado podía atenuar su
imagen beligerante de estas últimas semanas, lo coloca ante una
parte de la opinión pública -y para felicidad de sus adversarios
que esperan el menor desliz para atacarlo-, como una persona indecisa,
habituada a declarar una cosa y después otra.
La especie acerca de que Toledo retiraría o confirmaría
definitivamente su participación había salido de la prensa
oficialista, y se había divulgado como si el propio candidato hubiera
lanzado un ultimátum. Pero no fue así.
Sí quedó claro, en cambio, que el gobierno no ha bajado
la guardia en su intento de manipular el proceso tal como lo hiciera en
la primera vuelta. Millones de dólares siguen inyectándose
en la televisión de señal abierta gracias a la publicidad
estatal, actitudes claramente dilatorias como las de Francisco Tudela
(ver nota aparte) y la carta hecha pública en la que Perú
2000 exige "tres precisiones" antes de sentarse a dialogar con sus oponentes,
junto a la aparente voluntad de convocar lo antes posible a elecciones
(creyendo así que las falencias denunciadas dentro y fuera del
país pasarán inadvertidas), son una clara muestra de que
Fujimori y compañía no desean abrirle espacios a la competencia.
Y es lógico, pues en opinión de más de un analista,
si la brecha mediática se abriera equitativamente, sin guerra sucia
y con un electorado con mayor acceso a la información, la suerte
del régimen no sería la misma.
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Su
electorado no parece condescendiente.
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EL RETO DEL CHOLO
Conforme transcurren los días, la gente de Perú Posible
va entendiendo que la lucha política en esta etapa del proceso
estará centrada en su capacidad para captar un voto que le fue
esquivo en la primera vuelta. Y no sólo el que recibieron otras
opciones en carrera, sino el de tres millones de peruanos que por diversas
circustancias -no encontrar un candidato que colmara sus expectativas,
posiblemente- no acudieron a votar el 9 de abril.
A ellos se suma, por cierto, el voto de las mujeres pertenecientes a los
comedores populares y clubes de madres suceptibles al chantaje que ejecuta
el PRONAA. Se sabe que, precisamente para revertir esto, buena parte de
ellas está siendo objeto de un sutil reclutamiento por parte de
ciertas bases toledistas.
Sin embargo, un nivel en el que Toledo cabalgaba cómodamente y
en el que ahora debe reiniciar el trote (reconstruyendo en parte su credibilidad),
es en el segmento A, proclive en parte a la operación psicosocial
que proyecta una imagen del candidato de Perú Posible como un exaltado
agitador de masas.
Alejandro Toledo es consciente de que buena parte de su electorado está,
ante todo, harto de Fujimori, por lo que la solidez de ese voto no estuvo
ni está, hasta ahora, en el terreno de la incondicionalidad.
Pero le ha quedado claro que la pelota está en su cancha. Hasta
dónde podrá el Cholo relanzarse para mantener lo ganado
y crecer en aquellos sectores que vieron con incredulidad sus posibilidades
(no hay que olvidar que un porcentaje de la fuerza electoral del Chino
se basaba en su supuesta imbatibilidad en estas elecciones). Incluso deberá
hilar muy fino si quiere arrebatarle puntos a Perú 2000. Una tarea
para nada imposible, pues más allá de sus logros, el voto
fujimorista no es de una solidez granítica: hace un año
el presidente Fujimori apenas superaba el 20% de la intención de
voto, y tuvieron que aparecer la guerra sucia, el despilfarro publicitario
y la impunidad en el uso de los recursos del Estado para llevarlo a donde
hoy se encuentra.
De allí la necesidad toledista de ampliar su espectro de votantes
potenciales si quiere tentar con éxito esta segunda vuelta. Esa
es la base, no otra.
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Los
EE.UU enviaron un mensaje inequívoco.
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SEMANA DIABLA, SEMANA MEDIATICA
La Semana Santa atenuó los ánimos proselitistas de ambos
lados, aunque también auspició el ir y venir de comunicaciones
entre Carlos Ferrero, a nombre de los toledistas, y monseñor Luis
Bambarén, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y el Defensor
del Pueblo. Mientras eso ocurría aquí, sentando las bases
para una eventual instancia mediadora de cara a la segunda vuelta, Alejandro
Toledo, su esposa Eliane y su hija Chantal volaron el miércoles
19 a Florida, EE.UU., buscando refugiarse del ojo público.
Permanecieron hasta el sábado 22, y entre el descanso familiar
en un club de retiro de Marathon Island, en Key Biscaine, Toledo se dio
tiempo para reunirse -acompañado de dos personajes cercanos a Perú
Posible- con un equipo conformado por dos consultores chilenos, dos franceses,
un norteamericano y un español (expertos en marketing político),
quienes se sentaron con él en una "Tormenta de ideas" dirigida
a afiatar parte de la estrategia.
Según una fuente, se trataría de profesionales que, a título
personal aunque convocados por diversos organismos preocupados por el
rumbo de la democracia peruana, han puesto a disposición de Toledo
sus conocimientos en lo que a publicidad y posicionamiento de imagen se
refiere.
Allí se le aconsejó a Toledo una mayor disciplina personal
para evitar los temas relacionados con la guerra sucia. Historias de secuestros
y videos, que fueron la comidilla de los últimos días, pasarán
a un segundo plano. También consideraron prioritaria una reconstrucción
de su imagen en el sector AB (atemorizado por la famosa vincha del 9 de
abril), y se insistió en el tema del debate con Fujimori como la
principal herramienta de combate en esta segunda vuelta.
Mientras Toledo calibraba nuevas ideas, o confirmaba sus propios pálpitos,
en Perú 2000 se vivía un Vía Crucis mediático.
La "fractura" que relegaba a Absalón Vásquez a un segundo
plano se vio coronada con la aparición de una extraña y
multigusto nómina de voceros. Entre los disímiles Jorge
Trelles, Luz Salgado, Pablo Macera, Francisco Tudela y Martha Hildebrandt
poco parece haber en común -más allá de que algunos
ni siquiera se soporten disciplinadamente entre sí-, y tampoco
ganarían un premio a la simpatía, pero allí están,
prestos para justificar cualquier ocurrencia de la alianza.
Cuando el fin de semana pasado alguien le preguntó a Alejandro
Toledo con quién prefería identificarse, si con el presidente
Hugo Chávez de Venezuela o Fernando de la Rúa de Argentina,
éste se alineó inmediatamente con el segundo. El mensaje
era obvio: de La Rúa ha iniciado un gobierno de orden institucional
y económico en el que nadie ostenta corona. Probablemente la asesoría
foránea empezaba a surtir efecto, pues sus reflejos lo alejaron
del gorilismo autocrático. Algo que, además, gusta a los
inversionistas extranjeros.
Ya en Lima, Toledo también aprovecho para sumar a su causa al embajador
Javier Pérez de Cuéllar y comprometer su apoyo en un eventual
gobierno. La amistad de ambos se remonta a inicios de los noventas y se
robusteció cuando en 1990 Pérez de Cuéllar escribió
el prefacio de uno de sus libros: "Perú y América Latina
en crisis. Cómo financiar el crecimiento".
Según parece, un apoyo público del embajador podría
llegar en los próximos días.
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El
Defensor y los riesgos de la mediación.
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EL TOUR TOLEDISTA
Ahora, tras la por momentos accidentada conferencia que lo enfrentó
a cierta prensa "ayayera", el Cholo volvió a partir la noche del
martes 25 y permanecerá en EE.UU. hasta el sábado 29. Esta
vez tiene programadas reuniones en Washington con Enrique Iglesias, presidente
del BID, y Standley Fisher, director del FMI. Dos días después
estará con el presidente del Instituto Nacional Demócrata,
el presidente del Banco Mundial y dictará una conferencia en el
Instituto de Diálogo Interamericano.
En el ínterin, Nueva York será la sede de sus reuniones
con representantes de consultoras internacionales como Goldman and Satch,
el directorio del Consejo de Las Américas y sostendrá varios
encuentros con la prensa y con empresarios e inversionistas interesados
en conocer sus ideas en la eventualidad de ganar la presidencia.
Es obvio que el propósito de Toledo es enviar un mensaje de vuelta:
que es capaz de articular una estructura de gobierno, salir a explicar
sus propuestas ante analistas internacionales y proyectar una imagen de
liderazgo que oxigene los altibajos de su campaña.
Pero también hay quienes piensan que está perdiendo un valioso
tiempo, enfrascado en correrías propias de alguien que ya ha ganado
la elección, y que debería estar aquí, realizando
viajes al interior del país. Lo cierto es que el Cholo tiene pensado
llegar el sábado en la noche, al día siguiente reunirse
con sus responsables de movilización y propaganda, y el lunes 1º
de mayo (o a más tardar el martes 2) realizar su primer mitin en
Arequipa, dentro de una campaña que sus allegados definen como
relámpago: hasta cuatro movilizaciones por semana (martes, jueves,
sábado y domingo). Eso, si hay cuerpo y electorado que los resistan
por supuesto. (Pedro Tenorio).
Precisiones y Prensa
Lo que le preocupa al doctor Tudela.
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Voceros
2000: ágil ejercicio de cinismo según convenga a los
intereses del Presidennte-candidato.
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CON eso de pedir "mayores precisiones" sobre cómo se abordará
el tema de "la defensa de la libertad de prensa" en una comisión
mediadora electoral, el actual vocero de Perú 2000, don Francisco
Antonio Gregorio Tudela Van Breugel Douglas, se ha pasado de vueltas en
materia de cinismo político.
No que el respeto a la línea editorial de cada medio no sea asunto
de cuidado. La orientación periodística es, sin duda, algo
que sólo debe ser limitado por la ley y el Código Penal.
Pero hay medios y medios, y leyes específicas, y este gobierno
bien lo sabe y lo ignora cuando le conviene.
La ley de telecomunicaciones promulgada por el actual régimen señala
expresamente que los servicios de televisión de señal abierta
se realizan mediante la utilización del espectro radioeléctrico,
que es un recurso natural de dimensiones limitadas que "forma parte del
patrimonio de la Nación". Dichos canales, como lo recuerda el congresista
Jorge Avendaño y lo precisa la ley, constituyen, por lo tanto,
"servicios privados de interés público" y están atados
a ciertas obligaciones.
En su artículo 29, señala Avendaño, la ley de telecomunicaciones
impone al Jurado Nacional de Elecciones (JNE) la obligación de
velar, durante los procesos electorales, porque las empresas que prestan
servicios de este tipo, otorguen, "en igualdad de condiciones comerciales
y sin discriminación de ninguna clase", espacios a los partidos
políticos, organizaciones políticas y candidatos debidamente
inscritos.
A estas alturas es evidente, por lo tanto, que con su destacada pasividad
en esta materia el JNE ha infringido las obligaciones que la ley le impone,
y resulta curioso que Tudela no lo haya notado.
En realidad la preocupación del doctor Tudela por "la prensa" en
este proceso electoral se refiere a ciertas libertades especiales:
-La libertad, por ejemplo, de la televisión de censurar al candidato
de oposición, rechazar incluso su publicidad o cobrarle una tarifa
recargada, y de violar así la ley de telecomunicaciones.
-La libertad de la llamada prensa chicha, ligada como está al futuro
congresista Moisés Wolfenson de Perú 2000 y al auspicio
del régimen, no sólo de aludir al "abuelo de 89 años
que violó a 3 niñas y papá a su hijita", o "al pipí
que le volaron por una pollada", sino de insultar y amenazar bajo protección
judicial a políticos de la oposición y a periodistas críticos.
(En toda campaña electoral el tono del debate se encona, pero ya
somos mayorcitos para saber diferenciar entre agravio punible o alusión
sucia a la intimidad con crítica mordaz.)
A Tudela también le preocupa profundamente cualquier amenaza contra
estas otras prerrogativas:
-La libertad de personajes como Héctor Faisal, prófugo de
la justicia argentina, de usar Internet para reiterar las mismas injurias
y amenazas con impunidad, acompañado de guardaespaldas y favorecido
con la inicial hospitalidad del Círculo Militar.
-La libertad de los programas `Laura de América' y `Contrapunto'
de usar a una menor de edad para intentar perjudicar al contrincante,
y la de la doctora Bozzo de contrariar una programación que "relieve
la dignidad eminente de la persona humana", como recomienda el artículo
27 de la ley de telecomunicaciones.
-La libertad, finalmente, de ciertos dueños de medios de acomodarse
la mordaza de oro de la publicidad del Estado y de ceder ante esta cordial
presión sin ruborizarse.
Hace dos semanas, Francisco Antonio Gregorio estaba convertido en un ayatolah
que denunciaba las críticas de los observadores como expresiones
de un "neocolonialismo" acendrado. Ahora parece haberse moderado y está
por verse si no terminará coincidiendo con el Canciller Fernando
de Trazegnies y felicitándose en notable ejercicio de autoengaño
por la advertencia contra el fraude que ha transmitido formalmente Bill
Clinton al refrendar la resolución bipartidaria del Congreso norteamericano.
De lo que se puede estar seguro es que esas insinuaciones que ha deslizado
el locuaz portavoz de Perú 2000 sobre alguna suerte de manejo del
flujo periodístico al exterior -sugerencias de quid pro quo
que propondría frenar a Chuchi si tú me acomodas al
New York Times- refleja un delirio común en regímenes
autoritarios y conduce al ostracismo garantizado.
Redoble de Sotanas
La Iglesia parece dispuesta a mediar, aun cuando monseñor
Cipriani, en consonancia con Perú 2000, se resista.
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Monseñor
Luis Bambarén, presidente de la Conferencia Episcopal, dispuesto
a ir hacia la mediación. Monseñor Cipriani, por el
contrario, se opone a la propuesta. El primero, no obstante, contaría
con un apoyo mayoritario por parte del resto de obispos.
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ESTE viernes 28, de no mediar problemas celestiales o terrenales,
el Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) debe reunirse
para resolver si participa o no en una mediación que permitiría
un acercamiento entre los 2 candidatos en campaña. El talante mayoritario
de los obispos parece inclinarse a aceptar la invitación, pero
no han faltado arrebatos babelianos que complican la decisión.
Precisemos los términos. En rigor, la propuesta de un Tribunal
Etico -una instancia de la sociedad civil que vele por la corrección
de la campaña- es una propuesta del Consejo por la Paz, pero no
es la única posibilidad. Cuando se solicita que la Iglesia Católica
juegue un papel en este proceso no se está pidiendo necesariamente
que forme parte de ese tribunal sino de algún tipo de mediación
o acuerdo.
Carece de sentido, por eso, que monseñor Cipriani señale
que "la Iglesia no es tribunal de nada".Es un juicio similar al de su
pariente ideológico, Francisco Tudela, quien ha optado por señalar
en una carta, puntillosamente, las complicaciones de un acuerdo, lo que
podría pasar con la libertad de prensa, cómo se nombraría
a los intermediarios y si éstos tendrían un control real
y eficaz sobre lo que ocurra.
Tranquilos muchachos, no hay que complicarse. Lo mínimo que se
está pidiendo es que las partes se sienten a conversar, con el
mejor ánimo del caso. Para eso no es indispensable un tribunal,
comité, comando, corte, cofradía o lo que fuera. Sólo
se requiere la disposición de las partes en pugna, algo que, al
parecer, en Perú 2000 no desata el mismo entusiasmo que la tecnocumbia.
Es en ese esfuerzo donde la Iglesia podría entrar a tallar, como
facilitadora del encuentro. También podría colaborar la
Defensoría del Pueblo, aun cuando eso le pare los pelos de punta
a algunos oficialistas. En base a ello se podrían propiciar acuerdos
concretos: no uso de los recursos del Estado, acceso equitativo a los
medios, cambios en la ONPE.
Equidad, transparencia y respeto mutuo, tal como ha sostenido monseñor
Luis Bambarén en carta dirigida a Tudela. Decencia, en suma, algo
que en honor a la verdad evangélica estuvo clamorosamente ausente
en la primera vuelta ¿Avergüenza tanto a monseñor Cipriani
verse involucrado en una tarea de esta naturaleza? ¿Cómo
puede decir que los cristianos "no son hombres de consenso ni de democracia"?
Innumerables citas de Juan Pablo II y de Papas anteriores, incluso del
siglo pasado, podrían desmentirlo. Pero resulta importante observar
qué se está moviendo al interior de la Conferencia Episcopal
y si podría salir humo blanco este viernes. Si monseñor
Bambarén ha mostrado su disposición es porque no sólo
él está interesado en la propuesta, sino porque ya habría
hecho algunas consultas.
El Consejo Permanente de la CEP está conformado por 12 obispos
("los doce apóstoles", bromeaba alguien), incluyendo al presidente
(Bambarén), al primer vicepresidente (monseñor Miguel Cabrejos),
al segundo vicepresidente (Cipriani), al secretario general (monseñor
Miguel Irízar) y al presidente del Consejo Económico (monseñor
Jorge Carrión Pavlich). Los otros 7 prelados no tienen cargo alguno,
pero participan en las reuniones.
Por lo menos la mitad de estos 12 obispos estarían de acuerdo con
colaborar de alguna forma en lograr una mediación entre los candidatos.
Para evitar diluvios, trascendió que se estaría pensando
en delegar esa función en un laico. O en un sacerdote de reconocido
prestigio. La figura del padre Hubert Lanssiers aparece aquí, según
algunos, como una honorable alternativa.
Nada, sin embargo, se podrá lograr si Perú 2000 persiste
en su actitud dilatoria y francamente farisaica. Perú Posible ya
ha nombrado a Luis Solari, Diego García Sayán y Carlos Ferrero
para encarar el tema, mientras el oficialismo se evade, como si la culpa
lo persiguiera (o la mala leche lo aconsejara). ¿O es que piensa
que su mejor camino es pecar de omisión para que sigamos viviendo
en este infierno de condiciones electorales injustas? (Ramiro Escobar).
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