|
Portada
Nos
Escriben...
Mar
de Fondo
Heduardo
China
te Cuenta...
Ellos
& Ellas
Culturales
Caretas
TV
Controversias
Lugar
Común
Piedra de Toque
Mal Menor
|
|
 |
 |
27 de Abril de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Cambio
Decisivo
LA táctica del gobierno, de tratar de rebajar el efecto
de las malas noticias internacionales interpretándolas -mejor dicho,
deformándolas- apenas se conocen, pudo sorprender a la opinión
pública hace algunos meses. Ahora resulta patético y ridículo.
Eso ha ocurrido con la resolución 43 de Congreso norteamericano,
suscrita y avalada por el propio presidente de los EE.UU.
La explicación del Canciller Fernando de Trazegnies, en el sentido
que "era mejor [para el gobierno peruano] que la firmara" el presidente
Bill Clinton, es simplemente grotesca.
O su cantinflesca disquisición sobre que los EE.UU. son neutrales
"de tal manera que su interés es solamente la forma cómo
se desarrolla el proceso y no en los resultados". Cuando precisamente
la resolución -ahora del Congreso y del Ejecutivo- se refiere a
la ausencia de elecciones libres y justas en el Perú, cosa que
compromete al proceso y a los resultados.
Como
bien precisa en esta edición Gerardo Le Chevalier, de la Misión
de Observación del Centro Carter-NDI, los resultados pueden estar
predeterminados por el proceso, como en Cuba, donde no importa que tan
bien se cuenten los votos el día de la elección, cuando
todo ya está decidido.
Acá, sin embargo, la manipulación del proceso no fue suficiente
para el candidato-Presidente, que también requirió de la
alteración de la voluntad popular el mismo día de los comicios.
La versión del premier Alberto Bustamante es igualmente disparatada:
"Lo que dice el gobierno de Estados Unidos es que si no hay elecciones
libres y limpias se modifican las relaciones, pero ese supuesto no se
va a dar", ha declarado. Pero precisamente la resolución norteamericana
se fundamenta en ese supuesto, en que la primera vuelta no ha sido ni
libre ni limpia, tal como lo han afirmado las misiones del Centro Carter-NDI
y la OEA, mencionadas específicamente en la resolución.
Y en la necesidad que esas anomalías "sean plenamente resueltas
en la segunda vuelta", como ha advertido Clinton en su comunicado.
En suma, los voceros del gobierno están haciendo desesperados intentos
de confundir a la opinión pública y atenuar el impacto político
sobre la campaña electoral de los pronunciamientos norteamericanos.
Pero eso les servirá de poco en el ámbito internacional
y dentro de la propia cúpula gobernante.
En efecto, es obvio que parte de las grietas que están apareciendo
en la camarilla cívico-militar que gobierna el Perú, tiene
su origen en la manera de responder a las presiones internacionales.
Algunos han pugnado por ignorarlas completamente, en el entendido que
una vez reelecto Alberto Fujimori en comicios fraudulentos, podrán
negociar con los EE.UU. y llegar a un entendimiento, como lo han hecho
antes. Otros han estado por ceder un poco ante los llamados conminatorios
de la comunidad internacional, para dar la apariencia de una apertura,
pero en realidad seguir con el propósito irrevocable del régimen,
perpetuarse en el poder.
Estos últimos se han impuesto. Hasta ahora. Pero ambos grupos coinciden
en el objetivo de no dejar el gobierno, no importa cuán fuertes
sean las presiones internacionales.
El problema para ellos es que las demandas de la comunidad internacional
son cada vez más duras y precisas, en el sentido de evitar la manipulación
y el fraude electoral. Es decir, esta vez la comunidad internacional no
parece dispuesta a hacerse de la vista gorda y contentarse con unos pocos
cambios cosméticos.
El gobierno ha confiado hasta ahora en la complejidad del sistema político
norteamericano, y en el respaldo que podía tener en algunas agencias
o departamentos, como la CIA o el Pentágono.
Pero es obvio que se están equivocando. Cuando la lenta y engorrosa
maquinaria política bipartidista norteamericana se echa a andar,
es muy difícil detenerla. Y eso ya ocurrió. Aunque el gobierno
trate de minimizarlo, la resolución 43 ha sido aprobada por unanimidad
en el Senado y la Cámara de Representantes.
A principios de la década pasada, esa misma maquinaria decidió
respaldar al derrocado presidente haitiano Jean Bertrand Aristide y echar
del poder al general Raoul Cedrás y sus secuaces, que eran colaboradores
y protegidos de la CIA. Al final, Cedrás fue expulsado del poder
y Aristide repuesto en su cargo.
Se equivoca Alberto Fujimori si confía en los buenos contactos
que mantiene Vladimiro Montesinos con el espionaje norteamericano. Los
Estados Unidos no son como el Perú. Si acá el Servicio de
Inteligencia Nacional es el verdadero centro del poder, por encima del
Gabinete y el Congreso, allá las cosas son diferentes.
Uno de los factores claves para la supervivencia del régimen cívico-militar,
la posición de los EE.UU. y la comunidad internacional, parece
haber cambiado definitivamente.
________
Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
|