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ARTICULO
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11
de Mayo de 2000 |
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Drago
Kisic pidió la llave maestra para enfrentar la crisis.
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Las
Claves de Krugman
Alentar la exportación no tradicional
y escapar de la dolarización, como Israel y Australia, aconsejó
el gurú.
Pese a su
genialidad, que lo ubica como probable Nobel de la Economía, Paul
Krugman confesó, en cónclave de economistas, que el único
idioma que conoce es el inglés. Sus interlocutores tuvieron, pues,
que expresarse en el idioma de Lord Keynes. Lo hicieron impecablemente,
en la búsqueda de una salida peruana para una economía a
la que la medicina tradicional del FMI, ahora aplicada por el galeno Efraín
Goldenberg, ha sumido en un estado de coma.
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El
profesor Krugman colocó la realidad del Perú bajo
la luz del panorama mundial y propuso caminos económicos
que exigen cambios que escapen al catecismo del FMI.
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Escribe RAFAEL HIDALGO
COMENTADA encerrona en el Salón de Grados de la Universidad
del Pacífico entre Paul Krugman y los más connotados economistas
del país. El presidente de IPAE, Drago Kisic le colocó el
cascabel al gato al preguntarle al célebre profesor del Instituto
Tecnológico de Massachusets (MIT) ¿cómo se puede
conseguir un crecimiento sostenido de 6 % durante 15 años para
derrotar la pobreza y el desempleo y asegurar una inversión de
25 % del PBI con la actual política monetaria en una economía
dolarizada al 75 %?
La sala quedó perpleja. Kisic había pedido la llave maestra
para remontar la recesión escondida por las estadísticas
oficiales.
Krugman no quiso caer en el facilismo de recetar una dolarización
a la ecuatoriana y más bien recomendó recorrer el camino
opuesto, esto es, subir la cuesta de la desdolarización.
Colocó como ejemplo el programa desdolarizador aplicado en Israel
a mediados de los '80. Javier de la Rocha, gerente general del BCR , paró
las orejas.
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Pese
a reciente repunte del tipo de cambio, la caída tendencial
persiste desde enero de 1986.
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Para sustentar su posición de manera gráfica sostuvo que
"el Perú por su posición geográfica y su corriente
comercial más bien debería parecerse a lo que sucede en
Australia, donde su comercio exterior depende en forma equitativa del
dólar, el euro y el yen y por ello no ha caído en la tentación
de optar por el dólar americano". Recordó que ese país
persiste en defender el dólar australiano. "A México, que
depende en un 80 % del comercio con Estados Unidos, quizá le convenga
en el futuro la dolarización", anotó.
Javier Iguíñiz presentó el caso peruano (basándose
en un trabajo de los economistas Oscar Dancourt y Waldo Mendoza de la
Universidad Católica). Señaló que, a diferencia de
lo que sucede en cualquier otro país donde al aumentar la emisión
(incremento de la cantidad de dinero) se inicia la reactivación
porque baja la tasa de interés y sube el tipo de cambio (modelo
Mundell-Fleming), en el Perú esto no sucede. Explicó que
esto es así porque en el país el 71 % de los préstamos
(y depósitos) están dolarizados. Entonces una mayor emisión
de moneda nacional provoca una mayor recesión, porque la subida
del tipo de cambio ocasiona de inmediato un aumento de la deuda en dólares
de familias y empresas.
Julio Velarde precisó que en los últimos dos años
ha existido una devaluación de cerca del 22 % frente a una inflación
anual de 3 %. Pero la verdad de la milanesa es que si bien en los últimos
tiempos ha existido un cierto repunte del tipo de cambio en relación
con la década del '80, la caída del tipo de cambio es significativa
(ver gráfico).
Al comentar la trampa que existe entre la devaluación que se requiere
para generar un crecimiento sustentado en las exportaciones y la estabilidad
de las empresas (y por supuesto los bancos), Krugman recomendó
profundizar las reformas en los sectores (agro) que pueden generar un
aumento de la exportación no tradicional.
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Wicht
animó el debate. Iguíñiz recordó que
el 71% de los préstamos están dolarizados.
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En el cónclave, que presidió el padre Juan Julio Witch,
participaron, además de los economistas mencionados, Martha Rodríguez,
Mercedes Araoz, Socorro Heysen (SBS), el ex ministro Carlos Amat y León,
Juan José Marthans, Elmer Cuba de Macroconsult, Fritz Dubois y
Guillermo Runciman, entre otros.
Todos tuvieron que pasar por el papelón de confesar que las cuentas
nacionales (cálculo del PBI), pese a haber pasado por una hiperinflación,
no se han actualizado y tienen un atraso de 20 años.
Muchos recordaron las anotaciones de Krugman sobre el tema: "cualquiera
que sepa cómo se construyen las estadísticas sabe que realmente
son un subgénero de la ciencia ficción"; "en general a los
altos funcionarios del gobierno les gusta oír buenas noticias y
aquellos que dependen de sus favores (no sólo los empleados de
la oficina de estadística sino también los administradores
y hombres de negocios locales cuyos informes son los datos en crudo) pueden
ser fácilmente tentados a embellecer la verdad" (De vuelta a
la economía de la Gran Depresión 1999).
Una prueba de la falsedad del crecimiento del PBI (8,4 % entre octubre
'99-marzo 2000) en la era Goldenberg se puede encontrar en el comportamiento
de las utilidades del sector bancario: apenas US$ 4 millones en el primer
trimestre del 2000 (con activos que superan los US$ 1.200 millones). Si
se compara con las utilidades en el mismo período de 1997 (U$47
millones) salta la liebre.
No obstante la pobreza de estas ganancias (si así se pueden llamar),
los bancos se resisten a aumentar los créditos. Así lo confirmó
Roberto Abusada en la misma reunión, al comentar que, "mientras
baja el nivel de créditos, las reservas internacionales siguen
creciendo, porque los bancos están prefiriendo colocar sus recursos
en el BCR, ya que las grandes empresas consiguen préstamos directos
del exterior". Una fuente del sistema financiero confirmó que por
lo menos US$ 1.000 millones están durmiendo el sueño de
los justos en las bóvedas, como las pipas de roble guardan el vino
o el coñac. Increíble en un país de sedientos.
Los consejos de Krugman para nuestra economía apuntan, en resumen,
a tres vigas maestras: desdolarización de la economía; promover
un crecimiento liderado por las exportaciones, sobre todo las no tradicionales;
proseguir las reformas, particularmente en los sectores vinculados a la
exportación, por ejemplo en el agro (ley de tierras, ley de aguas,
titulación). Para algunos brujos locales que han persistido tercamente
en una política antiexportadora, todo esto debe haber sabido a
chicharrón de sebo.
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