Edición Nº 1618

 

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    ARTICULO

    11 de Mayo de 2000


    1963
    En el patio trasero de su casa en Chimbote, doña Margarita en uno de los tantos oficios, el de lavandera, con que las madres peruanas sacan adelante a sus hogares.

    Mamá Toledo
    Recordando a doña Margarita Manrique de Toledo, la emprendedora madre del candidato presidencial Alejandro Toledo.

    MARGARITA Manrique Matienza, madre del candidato Alejandro Toledo, nació de una pareja de agricultores en 1921, en Cabana, capital de Pallasca, Ancash. Al separarse sus padres, quedó al cuidado de una tía que la llevó a Lima, donde se empleó como doméstica. Allí conoció a Anatolio, un obrero de construcción civil, con quien tuvo 16 hijos, siete de los cuales murieron al nacer o a muy temprana edad.
    Trabajó como agricultora en Cabana, y vendedora de pescado y lavandera en Chimbote. Llevó a su familia de una invasión en el húmedo cauce de un río a otro lote más seco y saludable. Dicen sus hijos que también sabía poner mano dura. Pásame el biscocho -decía cuando los pequeños se hacían la vaca o se peleaban entre ellos. Y Anatolio le pasaba un temible látigo de siete puntas. Quiero que ustedes sean personas correctas -les repetía- y que superen a sus padres.

    Fue una luchadora por naturaleza que, a pesar de su origen humilde, sabía perfectamente lo que quería para sus hijos: que todos fueran profesionales. Ella fue la que, con gran visión, retiró a Alejandro de los trabajos manuales para que se dedicara a tiempo completo a la lectura. Fue campesina, empleada doméstica, lavandera, vendedora de pescado y porcicultora. Según sus hijos, más que una madre, fue una santa.

    Durante la madrugada toda la familia se dedicaba a mover los 1.200 ladrillos secos que se hacían en la fábrica de Anatolio, dejando el terreno expedito para el día siguiente. Una noche, recuerdan sus hijos, Margarita dijo a Anatolio. Alejandro no ha nacido para trabajar manualmente, él es un intelectual. Y pidió que lo dejaran con sus libros, que ella se haría cargo de remover su parte de ladrillos. Desde entonces, no levantó más ladrillos y tuvo más tiempo para la lectura y, finalmente, ganarse una beca de estudios a los EE.UU.
    Doña Margarita, que había dejado de vender pescado para dedicarse a la crianza de cerdos, vendió tres de sus mejores ejemplares para comprarle dos ternos y completar la bolsa de viaje con que Alejandro viajó a cumplir sus becas. Murió a los 54 años. El resto es historia. Y se está escribiendo por estos días.


     

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