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11
de Mayo de 2000 |
Por LORENA
TUDELA LOVEDAY
El
Huaco Sicalíptico
AY qué pesado Mario, no sabes, justo cuando Maryschienka
me estaba dando el premio Presidencia de la República por mi yegua
Martucha en el concurso de Mamacona el domingo pasado, viene el Tonicurtis
Chumbiauca, mi criador (regio, no sabes), a decirme que el celular se
venía abajo en mi cartera y claro, o sea, era el neura que a punto
de tomar el vuelo en Helsinsky, no se le ocurre mejor cosa que llamarme
para que le coordine una reunión con El Kero Cibernético
ya pero ya, y como tú sabes que a Mario yo lo represento en Lima,
qué remedio, a llorar a la playa, y me perdí el almuerzo
con horrores de gente súper simpática, porque ahí
estábamos todos, en fin.
La cosa es que como con El Chaski de la Modernidad yo no tenía
el gusto, lo primero que se me ocurrió fue llamar a Diego (con
quien sí he tenido el gusto, y varias veces), para que me ayude,
¿ya?; regio hija, nos pusimos de acuerdo para hacer las conversaciones
preliminares en Paracas, nos fuimos esa misma tarde y regresamos al día
siguiente de lo más satisfechos con los resultados, pero con una
pequeña astringencia (como dice Larraburro): nos olvidamos
de tratar el tema de la reunión, hija, nos olvidamos.
De modo que no me quedó más remedio que ir yo misma al día
siguiente a buscar a El Tumi Angloparlante a su casa, que queda en una
zona así como de media mampara por Camacho. Pero bueno, llegué
a la puerta y un montón de igualitos me salieron a recibir. Yo,
pucha, de lo más emocionada, o sea, sentí como cuando he
subido horrorres de veces a hacer trabajo de campo a una comunidad y ha
venido el ayllu entero a recibirme, y así también los traté,
¿ya?, pero resultó que eran todos los guardaespaldas del
cholo, varios de ellos -de paso sea dicho- bastante mejor equipados que
mi candidadato, para qué te voy a mentir.
Bueno, qué crees: en el jardín de la casa, un corral de
cuyes. Hasta ahí la cosa me pareció hasta marketera, ¿ya?,
pero cuando me hacen pasar a un escritorio donde en la pared estaban los
abuelos del interfecto en una foto coloreada y ambos con los ojos verdes,
qué quieres que te diga, empecé a sentir un poco de gases
lacrimógenos; y eso, para no mencionarte el elefante de losa blanca
con el culo hacia la puerta (para la buena suerte), la estantería
enchapada en ishpingo charolado para que brille más que la nariz
del dueño de casa -llena de libros empastados igualitos, como comprados
por metros, hija, porque al lado de Tus Zonas Erróneas estaban,
por ejemplo, los Essais de Montagne en francés-, ni el mate burilado
con letras rojas con la chakana y un "Causachum Toledo" un peut desfasadón,
entre otras perlaschayays que mejor me las ahorro para no avinagrarte
el almuerzo.
La cosa es que como una hora después se aparece Eliane, hija, con
esa pelambrera cucarachona que yo ya se la habría mechoneado hace
rato, porque le da un aire de chafalonera del Metro que no ayuda en nada
al proyecto nacional, y digamos que con la menor de sus antipatías
me mira de arriba abajo y de abajo a arriba y me lanza, con su acento
de mejor no te digo, lo siguiente: "Señorá Tudelá,
mi maridó no la puedé atendér porqué ahorá
meme está al telefonó con monsieur Su Santidad le Papá
y buenó, usté entenderá que..."
Hija, la mujercita no estaba terminando de decir lo que había empezado,
cuando se aparece por detrás el mismísimo Huakrapuko Globalizado
y yo pensé que era una pieza escapada de la sala prohibida del
museo de mi tía Chabuca, porque tenía los ojos como de burro
en primavera, resoplaba por las telúricas narices y daba de gritos,
"¡dónde está la mamacita, dónde me han escondido
al cuerito de Caretas...!" entre otras chakiras precolombinas que prefiero
por ahora no publicar.
Como tú sabes, hija, en esos casos lo mejor es dejar al carretón
con los crespos hechos y salir disparada, que fue exactamente lo que hice,
y desde la puerta llamé a Mario para que le encargue la coordinación
a Genaro, por ejemplo, que estoy segura que peligro, no corre. Qué
densa existencialmente es la política, ¿no te parece? Chau,
chau (Rafo León)
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