Edición Nº 1619

 

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    ARTICULO

    18 de Mayo de 2000


    La Nieta Del Chivo

    Aída Trujillo no tiene pelos en la lengua para criticar a su abuelo, Rafael Trujillo. A diferencia del personaje principal de "La Fiesta del Chivo", ella es pacifista, de izquierda y antidictaduras.

     

    Actualmente Aída Trujillo trabaja en Madrid, en una ONG que asesora inmigrantes.

    Escribe desde Madrid
    MABEL BARRETO

    NADIE diría, al verla llegar todos los días a una oficina donde trabaja asesorando a los inmigrantes, muchos de ellos dominicanos, sobre cómo regularizar su situación en España; que alguna vez fue la niña de los ojos de su abuelo, Rafael Leónidas Trujillo, el Chivo, cuyas satrapías novela Mario Vargas Llosa en "La Fiesta del Chivo". No sólo eso, también es ahijada de Francisco Franco. Pero han pasado 39 años desde la muerte de Trujillo. El mismo tiempo que su familia vive exiliada en España. De todos los Trujillo, sí se dio el trabajo de mirar el pasado con los ojos bien abiertos, y toparse con la realidad de ser la nieta de un dictador, un tirano, asesino. Hacerlo le ha costado toda una vida. Pero hoy, a sus 47 años, madre de cuatro hijos, ex bailadora de flamenco español, empleada "con un sueldo normailito", e identificada más con la izquierda; Aída Trujillo puede asumir su propia historia y criticar a su abuelo.
    -¿Cómo recuerda a su abuelo?
    -Hay una cosa que yo sí recuerdo, es la ternura de mi abuelo como abuelo. La venda yo me la quité muy tarde, porque es que quién renuncia a lo más tierno que has tenido en tu infancia. Aquí en España tenía la excusa ideal para seguir en una nube, de que todo estuvo muy bien, de no ver más allá.
    -¿Y cómo comienza a ver la realidad?
    -Pues de golpe y porrazo, como pasan muchas cosas en la vida. Cuando volví en el '75. No iba desde que salí para España, a los ocho años. Justo en el '75, ha contado Vargas Llosa, fue él para allá también, y se le quedó grabada la historia de mi abuelo. Estaba sola, en una habitación de hotel, y me da (yo soy muy esotérica) como que mi ángel me dice "compra libros sobre tu abuelo". Fue horrible. Pasé un momento muy malo. No había ni uno que lo favoreciera ni un poquititico. Y lloré mucho ...Pero había que indagar las cosas como eran.

    Aída Trujillo (flecha), junto a hermanos Mercedes, María Angélica y Ramses. Sus padres Octavia y Ramfis, el abuelo Leonidas, y la abuela con nieto Rafaelito en brazos.

    -Regresa, como Urania, la protagonista del libro, a enfrentar su propia historia.
    -Sí, con la diferencia que Urania no era la nieta de Trujillo. Luego influye también el hecho de que mi padre ya no viviera. Y poco tiempo después, murió Franco y empezó a destaparse todo aquí en España, o sea que me coincidió todo.
    -¿Y cómo se enfrentó al descubrimiento?
    -Me costaba mucho creer que esa imagen tierna que yo tenía hubiera sido capaz de haber hecho una serie de cosas, unas que son realidad y otras que se le atribuyen, también hay que ser justos. Pero tomé la decisión de ver las cosas y las vi, y no me gustaron, así de sencillo y claro. Cuando regresé a España fui a ver a una buena amiga que tengo, psicóloga, y le dije "estoy pasándola fatal, tengo un cacao en la cabeza porque me cuesta mucho renunciar a la imagen que yo tengo de mi abuelo", Ella me dio un consejo muy sabio. "Mira tienes que hacer un trabajo que te va a costar años, tienes que separar al abuelo del político", me dijo.
    -¿Lo logró?
    -A lo largo de los años he podido separarlos, y muchas veces pienso sobre él en la parte que me corresponde, tiernamente, y desde luego en la parte política pienso como tengo que pensar, mal.Y he trabajado tanto, pero tanto el desprendimiento, que a veces, leyendo el libro, por ejemplo, (La Fiesta del Chivo), me hace tener que cortar un ratito para tomar aire y seguir con la lectura, pero a veces también siento que es algo que no tiene nada que ver conmigo.

     

    En brazos maternos, con padrinos de bautizo Francisco Franco y su esposa. Junio de 1954.

    LA FIESTA DEL CHIVO

    -¿Cómo se siente al leer el libro de Vargas Llosa?
    -Vino a removerme lo que yo ya sabía, con ciertas exageraciones, porque es una novela. Ya te digo, por ratos siento que estoy ahí, en casa de mi abuelo, de lo bien retratado que ha quedado en el libro, otras siento que no tiene nada que ver conmigo. Y bueno, detalles. La voz de mi abuelo no la recuerdo yo como chillona, no digo que no la tuviera, sino que yo no la recuerdo así, la colonia tampoco porque no era Yardley.
    -¿Es verdad que su padre estaba en contacto con gente que quería que regresara al poder?
    -Uy, qué pregunta. No es que él tratara, es que en realidad el Ejército, que suele ser muy partidario de las dictaduras, en fin, yo sé que tenía un apoyo y es muy posible que hubiera vuelto. En realidad, yo creo que se mató en el coche (te recuerdo que yo soy muy esotérica) porque en el fondo no quería hacerlo. (El General Ramfis Trujillo, padre de Aída, murió en un accidente de tránsito en Madrid el 28 de diciembre de 1969).
    -¿Volvía de una reunión para ver el tema?
    -Efectivamente, era una reunión política. Pero no es verdad que Balaguer lo mandara matar, no. Fue un accidente. Yo creo que él más bien, inconscientemente, no quería volver, pero se sentía obligado. Porque efectivamente, cuando mataron al abuelo ellos estaban jugando al polo en París. Es verdad lo que dice el libro, que el talón de Aquiles de mi abuelo era la familia. Entonces yo creo que en el fondo mi padre inconscientemente no quiso ir.
    -¿El libro también habla de la fortuna escondida de la familia en algún banco de Europa, dinero que no se recuperó porque su abuela no pudo recordar los números de cuenta? ¿Es una historia casi de guión cinematográfico?
    -Ah ¿sí?, no he llegado a esa parte. Bueno, se exageran cosas, yo me acuerdo del famoso yate Angelita por ejemplo. La gente llegó a decir que los grifos eran de oro y corría champagne por ahí. Yo no sé si los grifos eran de oro o no porque era niña, y a esa edad, pero lo del champagne, imagínate, qué asqueroso, lavarse los dientes con champagne. También decían que en Francia había un tren cargado con toda la fortuna de Trujillo, lingotes de oro y todo eso, a ver si lo pillo.... (y suelta una carcajada).
    -¿No ha terminado de leerlo?
    -Voy despacio, porque es duro, ten en cuenta, así que voy tomando aire y leyendo, y también tomando notas, porque yo estoy escribiendo una novela también. ¡Y hay tantas coincidencias con lo del libro de Vargas Llosa! Por ejemplo, mi verdadero nombre es Isolda, y en mi libro hay un personaje que se llama Saturno, y va este hombre y habla de una Urania. Hay muchas casualidades, y yo no creo en las casualidades. Luego, él fue en el '75 a República Dominicana, que fue cuando le llamó la atención el personaje, coincide cuando yo me saco la venda, ¿será que Vargas Llosa y yo nos conocemos de otras vidas?

     

    La biznieta del Chivo: Haydeé Inchausti Trujillo, hija de Aída. El exilio empezó hace 39 años.

    PESADA HERENCIA

    -¿Su novela también va a ser sobre su abuelo?
    -Más bien es sobre mí, pero con la sombra de él, claro. Todo con motes, con apodos y sobrenombres. Es de mí y de mi familia, que eso sí que tiene tela. ¡Que tiene tela del telón! La idea es hablar de mi familia, dejarle al viejo descansar ya, que va a cumplir 39 años de muerto, olvidar no podemos olvidar la historia, pero hay que tirar para adelante.
    -¿Es una herencia muy pesada?
    -Sí, -suspira- bastante. A mí aquí en España te voy a decir, no sólo en Santo Domingo, aquí a mí hace unos años, me echaron de una casa por ser Aída Trujillo, cuando yo soy la más de izquierda de toda la familia. Fui con el papá de mi niño pequeño y una prima suya a casa de un amigo suyo y a ella se le ocurrió decir en plan pintoresco "¿sabes que ella es Aída Trujillo, la nieta de Trujillo?", y el tío ése me dijo muy claramente, "pues no eres bienvenida en esta casa". Yo por no amargar el día a los que me acompañaban me aguanté y me lo tragué, pero el hombre volvía a sacar a cada rato en la conversación, tu abuelo era un asesino , y mi compañero decía, hombre, pero a lo mejor a las seis de la tarde de un sábado a ella no le apetece hablar de su abuelo, pero el hombre seguía, y me dijo tres o cuatro veces "en esta casa no eres bienvenida", que yo muy dignamente me paré y dije "pues entonces me retiro".
    -Si tuviera la oportunidad de soltarle sus críticas a su abuelo, ¿lo haría?
    -Si viviera mi abuelo, no creo que me hubiera exiliado, pero me tendría muy controlada porque sí que se lo diría, y si viviera mi padre también se lo diría. De hecho a mi madre, que en paz descanse, que era la nuera de Trujillo, se lo dije muchas veces. Y ella me decía, "pero muchachita, no tienes derecho a hablar así de tu abuelo" y yo le decía "pues sí, porque es verdad".
    -Le tendría que decir que está en contra de su gobierno, de las muertes, de los abusos...
    -Yo lo único que puedo decir a favor de él, no quiero que nadie crea que estoy a favor de la política de mi abuelo ni mucho menos, pero a su favor sólo puedo señalar que murió como un dictador, no murió en su cama, murió como un dictador y viendo a la gente que lo mató. Entonces digamos que una partecita del karma suya en ese momento tuvo que haberla pagado, ¿no? Porque es muy duro que la gente que te rodea, aunque le hayas puteado la vida, pero están ahí, terminen matándote. Entonces lo único que me consuela un poco es saber eso, que él murió en su ley de dictador. Pienso que él no sería un hombre que se hubiera ido a vivir sus últimos años llevándose toda la pasta, como han hecho otros. Eso es lo único, eso y que pagó la deuda externa que había con los Estados Unidos, creo que eso fue bueno. Pienso que en su caso lo ayudaron a liquidarle, porque les estorbaba.
    -¿Y cómo es ahora su relación con su tierra?
    -Yo pienso que mi país es una maravilla. Lo veo como algo que conserva mucha autenticidad, que aquí en Europa se ha perdido. Allí, a pesar de todo, a pesar de mi abuelo, a pesar de la guerra civil, a pesar de todas las cosas que le han pasado a ese pueblo, a pesar de la miseria, sigue habiendo esa alegría innata. Date cuenta la cantidad de inmigrantes que yo estoy atendiendo a diario aquí. A pesar de todo la gente conserva esa alegría, esa autenticidad.
    -¿Qué es lo mejor que le puede pasar a la República Dominicana ahora?
    -Pues primero, hay que exorcizar un poco todo el tema de mi abuelo. No digo olvidar, pero que se pongan las pilas ya, como dice Juan Luis Guerra, a quien admiro muchísimo, si aquí saliera petróleo y habláramos menos, resolviendo más ...yo creo que ya es hora que el dominicano se ponga las pilas. Y la emigración a Europa forma parte de las pilas, si no hay recursos allí, porque allí hay tal miseria que si te enfermas de un pie el tratamiento es cortarte el pie porque no puedes comprar los remedios, y eso lo sé yo muy bien. Aquí ya lo ves, Franco, hace bastante menos tiempo y no está olvidado pero se piensa en esa etapa como algo que ya pasó, cosa que en la República Dominicana no pasa aún.
    (Llega un inmigrante a la oficina que ella atiende. A la hora de dar su nombre, dice "Aída Trujillo" de manera natural y el dominicano la mira, sorprendido. Luego sonríe y sigue con su historia. Ella entonces le explica lo que tiene que hacer. Si el Chivo viera a su nieta...)



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