Edición Nº 1619

 

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    ARTICULO

    18 de Mayo de 2000


    Tiro Torvo
    Ataques arteros agravian a embajadora de Colombia y desconocen la historia.

    La actual embajadora junto a su difunto esposo Alfonso Patiño, un magistrado que murió en el asalto al Palacio de Justicia de Bogotá, en 1985.

    EL jueves pasado, el oficialista diario Expreso atacó violentamente a la embajadora de Colombia en el Perú, María Cristina Zuleta de Patiño, acusándola de intervenir en política interna. El sábado 13, el agravio tomó forma de caricatura, en el mismo periódico. Allí se acusaba a la embajadora de apoyar a Alejandro Toledo por órdenes del jefe de las FARC, Manuel Marulanda, alias Tirofijo.
    La agresión hirió profundamente a la diplomática, no sólo por lo calumnioso, sino porque precisamente su esposo, Alfonso Patiño, fue muerto en un ataque subversivo.
    -Él cayó víctima del asalto narco- guerrillero al Palacio de Justicia en 1985, recordó la embajadora Cristina Zuleta de Patiño en conversación con CARETAS. Era presidente de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, y había sufrido serias amenazas.
    La vida de los colombianos ha estado durante décadas signada por la violencia y el terror. Cristina Zuleta rememoró el día aciago de la toma del Palacio de Justicia de Bogotá.
    -Recuerdo a dos personas con enorme gratitud en ese momento: el entonces vicecanciller, que es hoy canciller, Guillermo Fernández de Soto y quien durante toda la angustiosa noche de la toma del Palacio de Justicia me informaba qué estaba pasando, el director del noticiero TV Hoy, el ahora presidente Andrés Pastrana. Además de una gran amistad personal y política, me une el sentimiento de dolor, porque él (Pastrana) también fue secuestrado, y su esposa también sufrió un grave dolor, el secuestro y la muerte de su padre.

    Cristina Zuleta leyendo un libro del canciller Fernando de Trazegnies. Una delicadeza que el oficialismo está a punto de perder totalmente. Derecha, pésimo humor del diario Expreso contra la diplomática colombiana.

    En ese momento, Cristina Zuleta ya trabajaba en el servicio diplomático colombiano. Ella tiene dieciocho años en la Cancillería de su país, y se ha desempeñado como embajadora en Costa Rica y consultora en Naciones Unidas.
    Pero su relación con la diplomacia y con el Perú es aún más antigua. Su padre, Eduardo Zuleta, fue embajador de Colombia en el Perú a fines de los años cuarenta.
    -De niña viví acá, y me gusta mucho el Perú, a pesar de las molestias que tratan de causarme por razones injustificadas, dice la embajadora. Mi padre, siendo embajador en Washington, fue delegado en la conferencia de Caracas en 1954, en la cual quedaron consignadas las nuevas normas sobre el derecho de asilo. El tenía muy buena amistad con Víctor Andrés Belaúnde, quien era el delegado peruano. Luego mi padre fue el canciller que aprobó el asilo a Haya de la Torre. Él trabajó por el derecho de asilo durante muchos años, por la vía del diálogo con el Perú.
    Cuando CARETAS le pregunta si es cierto que organiza reuniones de la oposición por encargo del presidente Pastrana y de Alan García, la embajadora sonríe.
    -Yo creo que aquí están emulando a mi compatriota García Márquez, porque no veo de dónde pueden sacar tanta novela. Nosotros pedimos respeto para los asuntos internos de Colombia, a la vez que somos respetuosos de los asuntos internos del Perú y de los otros países, fieles a la tradición colombiana.
    Quizás la embajadora de Colombia -cómo otros diplomáticos extranjeros- sólo sea usada, irresponsablemente, como un pretexto para dirimir pugnas internas en el gobierno. El editorial de Expreso donde la agravian, critica al canciller peruano Fernando de Trazegnies por no haberle llamado la atención.
    Precisamente sobre la mesa de la embajadora están los dos tomos de La Responsabilidad Extracontractual, libro del abogado Fernando de Trazegnies, con una afectuosa dedicatoria a Cristina Zuleta. En el libro hay también una elogiosa referencia a su padre.
    -Preferiría que destaquen como presencia mía en los últimos tiempos -confía a CARETAS la embajadora-, el baile que se celebró en la residencia de la embajada el 6 de mayo a beneficio de la asociación de víctimas de Ayacucho. Un grupo de amigas me pidió prestada la embajada y naturalmente accedí, porque me parece una linda causa. El tema de las víctimas de la violencia es un tema que me llega muy al alma y estas señoras están haciendo una linda obra con los huérfanos del terrorismo. Si a esos niños no se les da afecto, no se les prepara para un mejor mañana, podrían ser guerrilleros.
    Nada parece detener, sin embargo, los arrebatos oficialistas, que no se paran en mientes ni ante diplomáticos extranjeros, a riesgo de seguir deteriorando la ya precaria posición internacional del Perú.



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