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ARTICULO
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18
de Mayo de 2000 |
Tiro Torvo
Ataques arteros agravian a embajadora de Colombia y desconocen
la historia.
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La
actual embajadora junto a su difunto esposo Alfonso Patiño,
un magistrado que murió en el asalto al Palacio de Justicia
de Bogotá, en 1985.
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EL jueves pasado, el oficialista diario Expreso atacó violentamente
a la embajadora de Colombia en el Perú, María Cristina Zuleta
de Patiño, acusándola de intervenir en política interna.
El sábado 13, el agravio tomó forma de caricatura, en el
mismo periódico. Allí se acusaba a la embajadora de apoyar
a Alejandro Toledo por órdenes del jefe de las FARC, Manuel Marulanda,
alias Tirofijo.
La agresión hirió profundamente a la diplomática,
no sólo por lo calumnioso, sino porque precisamente su esposo,
Alfonso Patiño, fue muerto en un ataque subversivo.
-Él cayó víctima del asalto narco- guerrillero al
Palacio de Justicia en 1985, recordó la embajadora Cristina Zuleta
de Patiño en conversación con CARETAS. Era presidente de
la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, y había
sufrido serias amenazas.
La vida de los colombianos ha estado durante décadas signada por
la violencia y el terror. Cristina Zuleta rememoró el día
aciago de la toma del Palacio de Justicia de Bogotá.
-Recuerdo a dos personas con enorme gratitud en ese momento: el entonces
vicecanciller, que es hoy canciller, Guillermo Fernández de Soto
y quien durante toda la angustiosa noche de la toma del Palacio de Justicia
me informaba qué estaba pasando, el director del noticiero TV
Hoy, el ahora presidente Andrés Pastrana. Además de
una gran amistad personal y política, me une el sentimiento de
dolor, porque él (Pastrana) también fue secuestrado, y su
esposa también sufrió un grave dolor, el secuestro y la
muerte de su padre.
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Cristina
Zuleta leyendo un libro del canciller Fernando de Trazegnies. Una
delicadeza que el oficialismo está a punto de perder totalmente.
Derecha, pésimo humor del diario Expreso contra la diplomática
colombiana.
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En ese momento, Cristina Zuleta ya trabajaba en el servicio diplomático
colombiano. Ella tiene dieciocho años en la Cancillería
de su país, y se ha desempeñado como embajadora en Costa
Rica y consultora en Naciones Unidas.
Pero su relación con la diplomacia y con el Perú es aún
más antigua. Su padre, Eduardo Zuleta, fue embajador de Colombia
en el Perú a fines de los años cuarenta.
-De niña viví acá, y me gusta mucho el Perú,
a pesar de las molestias que tratan de causarme por razones injustificadas,
dice la embajadora. Mi padre, siendo embajador en Washington, fue delegado
en la conferencia de Caracas en 1954, en la cual quedaron consignadas
las nuevas normas sobre el derecho de asilo. El tenía muy buena
amistad con Víctor Andrés Belaúnde, quien era el
delegado peruano. Luego mi padre fue el canciller que aprobó el
asilo a Haya de la Torre. Él trabajó por el derecho de asilo
durante muchos años, por la vía del diálogo con el
Perú.
Cuando CARETAS le pregunta si es cierto que organiza reuniones de la oposición
por encargo del presidente Pastrana y de Alan García, la embajadora
sonríe.
-Yo creo que aquí están emulando a mi compatriota García
Márquez, porque no veo de dónde pueden sacar tanta novela.
Nosotros pedimos respeto para los asuntos internos de Colombia, a la vez
que somos respetuosos de los asuntos internos del Perú y de los
otros países, fieles a la tradición colombiana.
Quizás la embajadora de Colombia -cómo otros diplomáticos
extranjeros- sólo sea usada, irresponsablemente, como un pretexto
para dirimir pugnas internas en el gobierno. El editorial de Expreso
donde la agravian, critica al canciller peruano Fernando de Trazegnies
por no haberle llamado la atención.
Precisamente sobre la mesa de la embajadora están los dos tomos
de La Responsabilidad Extracontractual, libro del abogado Fernando
de Trazegnies, con una afectuosa dedicatoria a Cristina Zuleta. En el
libro hay también una elogiosa referencia a su padre.
-Preferiría que destaquen como presencia mía en los últimos
tiempos -confía a CARETAS la embajadora-, el baile que se celebró
en la residencia de la embajada el 6 de mayo a beneficio de la asociación
de víctimas de Ayacucho. Un grupo de amigas me pidió prestada
la embajada y naturalmente accedí, porque me parece una linda causa.
El tema de las víctimas de la violencia es un tema que me llega
muy al alma y estas señoras están haciendo una linda obra
con los huérfanos del terrorismo. Si a esos niños no se
les da afecto, no se les prepara para un mejor mañana, podrían
ser guerrilleros.
Nada parece detener, sin embargo, los arrebatos oficialistas, que no se
paran en mientes ni ante diplomáticos extranjeros, a riesgo de
seguir deteriorando la ya precaria posición internacional del Perú.
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