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18 de Mayo de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Solos
Contra el Mundo
NINGUN gobierno peruano en las últimas décadas había
logrado aislarse tan plenamente en el ámbito internacional como
el de Alberto Fujimori. Aunque no todos los gobiernos han sido tan explícitos
como el norteamericano, europeos y latinoamericanos no han dejado de manifestar,
de las más diversas formas, su desagrado con el régimen
actual.
El desconcierto en las filas gubernamentales ante esta insólita
situación es proporcional a su soledad internacional. No entienden
que ocurre, no se explican como han llegado a este punto y no saben como
salir del atolladero. Sólo atinan a dar palos de ciego en todas
direcciones, como muestra un editorial del diario oficialista Expreso,
que por lo general expone los puntos de vista de los servicios de inteligencia.
El jueves 11, Expreso la emprende contra las ONGs, los observadores,
los periodistas y varios embajadores extranjeros, incluyendo los de Francia,
Gran Bretaña y Colombia. Esta vez no se refieren al norteamericano,
seguramente para no alargar la lista, pero en otras ocasiones lo han calificado
como el líder de la oposición. Probablemente el canadiense
pronto será incluido, después de su visita a Alejandro Toledo
el lunes pasado.
Los medios de comunicación extranjeros son igualmente unánimes
pero, sin las ataduras de la diplomacia, mucho más directos en
sus críticas. No hay un sólo medio de comunicación
importante en el mundo que respalde al gobierno de Vladimiro Montesinos
y Alberto Fujimori.
No es para menos. El Perú acompaña ahora a Cuba en el grupo
-de a dos- de países latinoamericanos donde hay menos libertad
de prensa. El año pasado, la prestigiosa Fredom House, ya
estableció ese paralelo. Hace pocos días lo ha hecho Santiago
Cantón, Relator Especial para la Libertad de Expresión de
la OEA. 
Comentando ese informe, el 11 de mayo, el influyente Andrés Oppenheimer
tituló su columna en el Miami Herald y el Nuevo Herald
"Cuba y Perú: campeones de la represión a la prensa".
Aunque los voceros del gobierno tratan de justificar periódicamente
ese aislamiento, recurriendo a la ridícula tesis de una conspiración
internacional comunista, lo cierto es que el gobierno de Montesinos y
Fujimori ha logrado poner en su contra a derechistas, izquierdistas y
centristas.
Es público y notorio que el ultraconservador senador norteamericano,
el republicano Jesse Helms, ha sido el principal impulsor de las resoluciones
del Congreso estadounidense condenando al gobierno peruano y amenazando
con imponer sanciones, resoluciones que han sido plenamente compartidas
por los demócratas y por la Casa Blanca.
El conservador presidente francés Jaques Chirac tampoco tiene un
ápice de simpatía para Fujimori. Ni siquiera el otro gobernante
autoritario del continente, el comandante (r) venezolano Hugo Chávez,
de veleidades izquierdistas, quiere ser comparado con el presidente peruano,
y no pierde oportunidad de establecer diferencias.
El único gobernante con el que Fujimori hizo buenas migas, el ecuatoriano
Jamil Mahuad, cayó arrastrado por su impopularidad hace tres meses.
En este contexto, el repentino viaje de Alejandro Toledo a la Argentina,
a entrevistarse con el presidente Fernando de la Rúa, tiene especial
significado. No sólo por los tradicionales vínculos de amistad
entre los dos países y por la importancia de esa nación
en el ámbito latinoamericano, sino porque al parecer el embajador
argentino en Lima, al margen de la política de su Cancillería,
habría tratado de socavar el respaldo que tiene la misión
de observación de la OEA que dirige Eduardo Stein.
El embajador argentino, vinculado a personajes del oficialismo con antecedentes
neo-nazis, sería al que se refiere elogiosamente Expreso
en el editorial citado, como tratando de impedir una condena al fraudulento
proceso electoral de la primera vuelta.
La misión de observación de la OEA se ha convertido en un
actor clave del proceso y es obvio que cuenta con el decisivo respaldo
norteamericano. Ahora cada vez más países sudamericanos
parecen dispuestos a involucrarse, apoyando la labor de Stein. El gobierno
peruano pensó, equivocadamente, que podría neutralizarlo
apoyándose en el secretario General de la OEA, el ex presidente
colombiano Cesar Gaviria.
Pero todo indica que Gaviria ha abandonado sus simpatías por Fujimori,
si alguna vez las tuvo. Los desaforados ataques del candidato Presidente
a Colombia pueden haber contribuido a eso.
En suma, el aislamiento internacional del gobierno de Montesinos y Fujimori
se ha convertido en un asunto importante de política interna. Y
a lo único que atinan los servicios de inteligencia es a pedir
la renuncia del Canciller Trazegnies y demandar más dureza con
los embajadores extranjeros. Con lo cual sólo ahondan su soledad.
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Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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