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ARTICULO
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30
de Junio de 2000 |
Se Requieren Dos Toledos
Cuando
un líder necesita encauzar el clamor popular y la gobernabilidad
democrática.
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Del
éxtasis ante las masas (izquierda), a la serenidad del podio
y las propuestas, Alejandro Toledo y el reto de un nuevo liderazgo.
|
Escribe PEDRO TENORIO
"Sé que debo recuperar el terreno perdido, que necesito devolverle
la confianza a mi gente", reconoce Alejandro Toledo cuando se le cuestionan
algunas actitudes. Al hacer esta confesión -insiste- no está
pensando en las encuestas que indicarían un bajón de su
aprobación ante la opinión pública, sino en las miradas
que ha sentido a su alrededor en las últimas semanas.
Además de las plazas que ha seguido visitando al interior del país,
Toledo se ha dado tiempo para acudir a algunas universidades -en Chiclayo,
Trujillo, Tacna y más recientemente en la Universidad Católica
de Lima- en las que ha podido sentir, en vivo y en directo, que lo que
las masas esperan de él no es sólo firmeza ante el autoritarismo,
sino propuestas para salir de la actual crisis política.
El líder de Perú Posible ha comenzado a entender que no
es más un candidato en campaña, sino una figura a la que
millones observan, detenidamente, al momento de definir su grado de oposición
al régimen.
Así, la primera vez que Alejandro Toledo anunció su convocatoria
a una Marcha de los Cuatro Suyos, no pocos levantaron las cejas avizorando
un nuevo desliz. Pasadas las semanas, ése y otros planteamientos
comienzan a tomar cuerpo ante un descontento popular para el que no hay
"Comisión Presidencial para el Fortalecimiento de las Instituciones
Democráticas", por cosmética que sea, que valga.
Más allá de su ahora declarado propósito de enmienda,
es evidente que los dos Toledos que se requieren dentro de una estrategia
alternativa -aquel que puede mostrar talla de estadista, convocar buenos
asesores y articular una propuesta coherente de gobierno, con el que calienta
plazas y hace vibrar a la multitud- no están funcionando, y que
persisten los vicios que hacen que su mensaje no siempre sea claro.
"Una lucha a este nivel requiere de un lenguaje distinto al que ha estado
usando últimamente. El es una figura importante, que ha logrado
conectarse mejor que otros con la gente gracias a factores étnicos,
de ascenso social y en parte por ser alguien todavía nuevo en la
política. Pero estos factores no son suficientes de por sí.
Su discurso debe cambiar hasta recuperar la capacidad de ilusionar a la
gente con metas factibles", dice Giovana Peñaflor, de Imasen, cuando
se le pide una opinión al respecto.
La reflexión es útil, porque si bien poco antes y aún
después del 9 de abril un respetable abanico de nombres comenzaron
a sonar alrededor de Toledo y su chacana, es probable que muchos de ellos
-tecnócratas y académicos al fin, no necesariamente hombres
de confrontación política como los que el Cholo ha requerido
antes y después de la segunda vuelta- se hayan alejado a la espera
de tiempos menos conflictivos.
Para consolidarse, Toledo no sólo necesita tener buenos propósitos,
sino dar claras señales de que posee planteamientos plausibles
y de que está interesado en una gobernabilidad a corto y mediano
plazo más que en una aventura personal.
Necesita volver a ubicarse en el lado de las propuestas y de la razón
-es decir, sin anunciar chantajes o amenazas que no está en situación
de probar-, tampoco caer en las provocaciones que oficiosos mastines del
oficialismo le tienden a su paso, y demostrar en los hechos que no es
un extremista.
Igualmente, estar mejor enterado del calibre de las puertas que está
tocando. El 14 de mayo, a dos semanas de la segunda vuelta y cuando todavía
estaba en campaña, Alejandro Toledo acudió al Hotel Las
Américas junto a su plana mayor para entrevistarse con el chileno
Luis Ayala, Secretario General de la Internacional Socialista. En esa
reunión, que para más de un testigo resultó fría
y meramente protocolar, Toledo, quien aparentemente no sabía lo
suficiente sobre Ayala, perdió la oportunidad de hilar fino con
un buen contacto político de afuera. Algunas semanas después,
interrogado por Telemundo acerca de su posible adscripción a la
"Tercera vía", tampoco tuvo una respuesta solvente.
Al parecer, hay allí un flanco débil que tanto él
como sus asesores necesitan cubrir.
Según los analistas, por lo menos un tercio del electorado está
de su lado y otro sector importante, que se opone a Fujimori, está
a la espera de una alternativa sólida antes de comprometer su apoyo.
Es allí y entre los desencantados con la opción de Perú
Posible (que ahora reflejarían las encuestas), donde el ex candidato
presidencial debe demostrar su voluntad de cambio.
El miedo a un nuevo alanismo ha sido el sambenito que mejor le ha funcionado
a los propagandistas del régimen, y es lógico que sigan
pateando la pelota hacia ese mismo arco.
Mientras tanto, el "Fórum por la Democracia" realizado entre el
25 y 27 de junio en Varsovia fue una buena oportunidad para que Toledo
demostrara que es capaz de llevar la voz de la oposición democrática
más allá de sus fronteras. Si bien su performance fue apreciablemente
comentada por los asistentes al Foro -su testimonio sobre la situación
peruana fue el plato fuerte de la sesión inaugural-, lamentablemente
la información que llegó a Lima no superó las generalidades
bien intencionadas que él y otros líderes han expresado
al definir la crisis presente.
Por encima de alertar a ex presidentes, politólogos y demás
dignatarios del mundo acerca de que "el Perú va hacia una confrontación"
si persisten los vicios que posibilitaron el fraude y la inexistencia
de garantías democráticas, poco hubo de nuevo.
Ciertamente la cita le permitió auscultar a Toledo la profunda
-y creciente- preocupación internacional por el nuevo tipo de dictadura
con carácter de exportación que, arropada de democracia,
inaugurara en 1992 el fujimorismo. Algo sobre lo que cada día toman
más nota políticos y financistas del mundo, como comentó
George Soros.
Aún así, al menos en apariencia, Toledo desaprovechó
la oportunidad de redondear una faena capaz de demostrarle al oficialismo
que su causa reposa en la conciencia de millones, y que más le
vale sentarse a negociar.
Ahora que la Misión de Alto Nivel de la OEA y las gestiones de
diversos países parecerían inclinar la balanza de la estabilidad
política hacía una solución en la que el pueblo aparentemente
tendría la última palabra (vía una consulta popular
de tipo aún no definido), parece reforzarse la necesidad de un
nuevo tipo de actitud, más responsable y de mayor alcance que la
simple grita ante las masas.
La Defensoría del Pueblo ha planteado la realización de
una compulsa popular y otros sectores empiezan a deslizar la posibilidad
de una Constituyente que resuelva los vicios antidemocráticos de
la Constitución vigente. Pero el propio canciller canadiense Lloyd
Axworthy habla, a su llegada a Lima, de democratizar efectivamente las
instituciones -algo que tomará buen tiempo- antes de pensar en
otras elecciones.
Son alternativas para las que Toledo y los grupos de oposición
articulados alrededor de él -y que hasta el momento hablan sólo
de nuevos comicios-, necesitan cabeza fría.
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