Edición Nº 1625

 

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    ARTICULO

    30 de Junio de 2000

    Se Requieren Dos Toledos
    Cuando un líder necesita encauzar el clamor popular y la gobernabilidad democrática.

    Del éxtasis ante las masas (izquierda), a la serenidad del podio y las propuestas, Alejandro Toledo y el reto de un nuevo liderazgo.

    Escribe PEDRO TENORIO

    "Sé que debo recuperar el terreno perdido, que necesito devolverle la confianza a mi gente", reconoce Alejandro Toledo cuando se le cuestionan algunas actitudes. Al hacer esta confesión -insiste- no está pensando en las encuestas que indicarían un bajón de su aprobación ante la opinión pública, sino en las miradas que ha sentido a su alrededor en las últimas semanas.
    Además de las plazas que ha seguido visitando al interior del país, Toledo se ha dado tiempo para acudir a algunas universidades -en Chiclayo, Trujillo, Tacna y más recientemente en la Universidad Católica de Lima- en las que ha podido sentir, en vivo y en directo, que lo que las masas esperan de él no es sólo firmeza ante el autoritarismo, sino propuestas para salir de la actual crisis política.
    El líder de Perú Posible ha comenzado a entender que no es más un candidato en campaña, sino una figura a la que millones observan, detenidamente, al momento de definir su grado de oposición al régimen.
    Así, la primera vez que Alejandro Toledo anunció su convocatoria a una Marcha de los Cuatro Suyos, no pocos levantaron las cejas avizorando un nuevo desliz. Pasadas las semanas, ése y otros planteamientos comienzan a tomar cuerpo ante un descontento popular para el que no hay "Comisión Presidencial para el Fortalecimiento de las Instituciones Democráticas", por cosmética que sea, que valga.
    Más allá de su ahora declarado propósito de enmienda, es evidente que los dos Toledos que se requieren dentro de una estrategia alternativa -aquel que puede mostrar talla de estadista, convocar buenos asesores y articular una propuesta coherente de gobierno, con el que calienta plazas y hace vibrar a la multitud- no están funcionando, y que persisten los vicios que hacen que su mensaje no siempre sea claro.
    "Una lucha a este nivel requiere de un lenguaje distinto al que ha estado usando últimamente. El es una figura importante, que ha logrado conectarse mejor que otros con la gente gracias a factores étnicos, de ascenso social y en parte por ser alguien todavía nuevo en la política. Pero estos factores no son suficientes de por sí. Su discurso debe cambiar hasta recuperar la capacidad de ilusionar a la gente con metas factibles", dice Giovana Peñaflor, de Imasen, cuando se le pide una opinión al respecto.
    La reflexión es útil, porque si bien poco antes y aún después del 9 de abril un respetable abanico de nombres comenzaron a sonar alrededor de Toledo y su chacana, es probable que muchos de ellos -tecnócratas y académicos al fin, no necesariamente hombres de confrontación política como los que el Cholo ha requerido antes y después de la segunda vuelta- se hayan alejado a la espera de tiempos menos conflictivos.
    Para consolidarse, Toledo no sólo necesita tener buenos propósitos, sino dar claras señales de que posee planteamientos plausibles y de que está interesado en una gobernabilidad a corto y mediano plazo más que en una aventura personal.
    Necesita volver a ubicarse en el lado de las propuestas y de la razón -es decir, sin anunciar chantajes o amenazas que no está en situación de probar-, tampoco caer en las provocaciones que oficiosos mastines del oficialismo le tienden a su paso, y demostrar en los hechos que no es un extremista.
    Igualmente, estar mejor enterado del calibre de las puertas que está tocando. El 14 de mayo, a dos semanas de la segunda vuelta y cuando todavía estaba en campaña, Alejandro Toledo acudió al Hotel Las Américas junto a su plana mayor para entrevistarse con el chileno Luis Ayala, Secretario General de la Internacional Socialista. En esa reunión, que para más de un testigo resultó fría y meramente protocolar, Toledo, quien aparentemente no sabía lo suficiente sobre Ayala, perdió la oportunidad de hilar fino con un buen contacto político de afuera. Algunas semanas después, interrogado por Telemundo acerca de su posible adscripción a la "Tercera vía", tampoco tuvo una respuesta solvente.
    Al parecer, hay allí un flanco débil que tanto él como sus asesores necesitan cubrir.
    Según los analistas, por lo menos un tercio del electorado está de su lado y otro sector importante, que se opone a Fujimori, está a la espera de una alternativa sólida antes de comprometer su apoyo. Es allí y entre los desencantados con la opción de Perú Posible (que ahora reflejarían las encuestas), donde el ex candidato presidencial debe demostrar su voluntad de cambio.
    El miedo a un nuevo alanismo ha sido el sambenito que mejor le ha funcionado a los propagandistas del régimen, y es lógico que sigan pateando la pelota hacia ese mismo arco.
    Mientras tanto, el "Fórum por la Democracia" realizado entre el 25 y 27 de junio en Varsovia fue una buena oportunidad para que Toledo demostrara que es capaz de llevar la voz de la oposición democrática más allá de sus fronteras. Si bien su performance fue apreciablemente comentada por los asistentes al Foro -su testimonio sobre la situación peruana fue el plato fuerte de la sesión inaugural-, lamentablemente la información que llegó a Lima no superó las generalidades bien intencionadas que él y otros líderes han expresado al definir la crisis presente.
    Por encima de alertar a ex presidentes, politólogos y demás dignatarios del mundo acerca de que "el Perú va hacia una confrontación" si persisten los vicios que posibilitaron el fraude y la inexistencia de garantías democráticas, poco hubo de nuevo.
    Ciertamente la cita le permitió auscultar a Toledo la profunda -y creciente- preocupación internacional por el nuevo tipo de dictadura con carácter de exportación que, arropada de democracia, inaugurara en 1992 el fujimorismo. Algo sobre lo que cada día toman más nota políticos y financistas del mundo, como comentó George Soros.
    Aún así, al menos en apariencia, Toledo desaprovechó la oportunidad de redondear una faena capaz de demostrarle al oficialismo que su causa reposa en la conciencia de millones, y que más le vale sentarse a negociar.
    Ahora que la Misión de Alto Nivel de la OEA y las gestiones de diversos países parecerían inclinar la balanza de la estabilidad política hacía una solución en la que el pueblo aparentemente tendría la última palabra (vía una consulta popular de tipo aún no definido), parece reforzarse la necesidad de un nuevo tipo de actitud, más responsable y de mayor alcance que la simple grita ante las masas.
    La Defensoría del Pueblo ha planteado la realización de una compulsa popular y otros sectores empiezan a deslizar la posibilidad de una Constituyente que resuelva los vicios antidemocráticos de la Constitución vigente. Pero el propio canciller canadiense Lloyd Axworthy habla, a su llegada a Lima, de democratizar efectivamente las instituciones -algo que tomará buen tiempo- antes de pensar en otras elecciones.
    Son alternativas para las que Toledo y los grupos de oposición articulados alrededor de él -y que hasta el momento hablan sólo de nuevos comicios-, necesitan cabeza fría.

     

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