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30
de Junio de 2000 |
Por LORENA
TUDELA LOVEDAY
El
Espectáculo Para la MisiónAY, me llamó Diego, no sabes lo que fue; yo estaba en sesión
con Joshua, un adolescente (que no es árabe precisamente) color
zanahoria cruda, millonarísimo como no hay dos, que ha empezado
a soñar con que su mamá real es Cáceres Velásquez,
no sé si me entiendes, me lo trajo toda la colonia a empujones.
La cosa es que últimamente veo a mis pacientes con celular prendido
(nunca sabes en qué momento le puede llamar la democracia) y en
una de ésas sonó, era Diego y claro, yo que estaba en plena
interpretación con Joshua, en lugar de decirle "tendrías
que revisar la altura de tus afectos a la luz de lo que me estás
contando", le terminé diciendo "tendríamos que apagar la
luz porque la arrechura me está matando". Plop.
Lapsus aparte, pucha, Diego quería que me encargue del espectáculo
que se va a ofrecer a la misión de la OEA en la cena que, pucha,
o sea, todas las instituciones democráticas le van a hacer mañana.
Ahora claro, si de mí hubiera dependido, pucha, la cena la hubiera
hecho en el Club, todo el mundo sentado, de negro, qué espectáculo
ni qué cholada y sanseacabó, pero hija, o sea, como la democracia
es in vitro participativa, la tal cena va a terminar siendo en
el Club Departamental Vischongos porque el presidente, que es del Foro,
ofreció gentilmente sus instalaciones. Va a haber show criollo,
competencia de sapo, yunza, cajas de chela en el piso y animador arequipeño,
con eso te digo todo. Después nomás no me vengan a decir
que Axworthy absolvió a El Jijuna Nipón por cómplice
sino que con tal de salir corriendo fue capaz de cualquier gaffe.

Pero bueno, hija, lo que salve la noche será el espectáculo
que me encargaron a mí organizar, y que pucha, lo diseñamos
con Maripí, maravilloso. Para empezar, o sea, convocamos a Yuyachkani
y le dijimos que preparen algo con el siguiente posicionamiento: espectáculo
con raíces andinas pero no tantas que alguien de la misión
después vaya a hacerse de dos ideas equivocadas: que una pertenece
a la clase privilegiada, y que Daniel Espichán no es la base de
la lámpara que tiene en la mesa de noche del hotel, yo sé
que tú me entiendes.
Eso sí, o sea, que incluya horrores de tecnocumbia y todas las
resimbolizaciones antropológicas que se les ocurran acerca de mi
primo Pancho bailando, incluso ofrecí el álbum de la familia,
hija, donde hay unas fotos de cuando yo cumplí cinco años,
en las que Pancho aparece bailando cha cha cha y la cara de teta frita
con arritmia es la mismísima que le vi en la última conferencia
de prensa con los azulejos de Palacio atrás, te mueres.
Ah, lo más importante, y así se lo dije a los Yuyas: "O
sea, necesito que me den a mí un papel en el espectáculo.
Quiero representar a Martucha, ag, y si para ello debo salir un sábado
por la noche con Heriberto Benítez, decidan ustedes, pero no voy
a perder la oportunidad de aparecer ante una audiencia privilegiada, o
sea, reivindicando el rol de la mujer peruana en el ámbito político"
(esto último lo inventé ahí, hija, al momentito,
porque en realidad lo que yo quiero se llama más fácil:
joder a la bruja).
Por supuesto que me aceptaron y estoy hecha un atado de nervios por mi
debut. La secuencia va a ser más o menos así: luego de un
número en el que los Yuyas reinterpretan la fiesta del Inti Raymi
con un Toledo bañado en purpurina sobre el anda, cargado por Cachete
de la Flor, Forsyth, el propio Diego y Henry Pease -todos en taparrabos
de cuerina- aparezco yo, con un parche en el ojo, un vestidito de piqué
así de lo más cojudón, mi peinadete de salón
de belleza de la esquina de la quinta, pasaporte en mano y a mi costado
la bebe, representada por Maripí, hija, vestida igualita que yo,
caminando como ya lo dije alguna vez- con las puntas de los pies metidas
para adentro y un guardaespaldas que nos lleva las maletas.
La idea es que con este solo detalle tan simbólico, o sea, los
presentes entiendan cómo, pucha, o sea, mientras el país
se desangra tratando, ay no sé, de buscar un inca, un maya, un
azteca, un tibetano o un swagili para sacarnos de encima a El Chino Infeccioso,
pucha, la chola y su entorno sólo piensan en su propia sobrevivencia,
ay no, si son tan feos. Bueno, ya te cuento, que me voy a mi ensayo. Chau,
chau (Rafo León).
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