Edición Nº 1625

 

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    30 de Junio de 2000
    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    El Espectáculo Para la Misión

    AY, me llamó Diego, no sabes lo que fue; yo estaba en sesión con Joshua, un adolescente (que no es árabe precisamente) color zanahoria cruda, millonarísimo como no hay dos, que ha empezado a soñar con que su mamá real es Cáceres Velásquez, no sé si me entiendes, me lo trajo toda la colonia a empujones. La cosa es que últimamente veo a mis pacientes con celular prendido (nunca sabes en qué momento le puede llamar la democracia) y en una de ésas sonó, era Diego y claro, yo que estaba en plena interpretación con Joshua, en lugar de decirle "tendrías que revisar la altura de tus afectos a la luz de lo que me estás contando", le terminé diciendo "tendríamos que apagar la luz porque la arrechura me está matando". Plop.
    Lapsus aparte, pucha, Diego quería que me encargue del espectáculo que se va a ofrecer a la misión de la OEA en la cena que, pucha, o sea, todas las instituciones democráticas le van a hacer mañana. Ahora claro, si de mí hubiera dependido, pucha, la cena la hubiera hecho en el Club, todo el mundo sentado, de negro, qué espectáculo ni qué cholada y sanseacabó, pero hija, o sea, como la democracia es in vitro participativa, la tal cena va a terminar siendo en el Club Departamental Vischongos porque el presidente, que es del Foro, ofreció gentilmente sus instalaciones. Va a haber show criollo, competencia de sapo, yunza, cajas de chela en el piso y animador arequipeño, con eso te digo todo. Después nomás no me vengan a decir que Axworthy absolvió a El Jijuna Nipón por cómplice sino que con tal de salir corriendo fue capaz de cualquier gaffe.


    Pero bueno, hija, lo que salve la noche será el espectáculo que me encargaron a mí organizar, y que pucha, lo diseñamos con Maripí, maravilloso. Para empezar, o sea, convocamos a Yuyachkani y le dijimos que preparen algo con el siguiente posicionamiento: espectáculo con raíces andinas pero no tantas que alguien de la misión después vaya a hacerse de dos ideas equivocadas: que una pertenece a la clase privilegiada, y que Daniel Espichán no es la base de la lámpara que tiene en la mesa de noche del hotel, yo sé que tú me entiendes.
    Eso sí, o sea, que incluya horrores de tecnocumbia y todas las resimbolizaciones antropológicas que se les ocurran acerca de mi primo Pancho bailando, incluso ofrecí el álbum de la familia, hija, donde hay unas fotos de cuando yo cumplí cinco años, en las que Pancho aparece bailando cha cha cha y la cara de teta frita con arritmia es la mismísima que le vi en la última conferencia de prensa con los azulejos de Palacio atrás, te mueres.
    Ah, lo más importante, y así se lo dije a los Yuyas: "O sea, necesito que me den a mí un papel en el espectáculo. Quiero representar a Martucha, ag, y si para ello debo salir un sábado por la noche con Heriberto Benítez, decidan ustedes, pero no voy a perder la oportunidad de aparecer ante una audiencia privilegiada, o sea, reivindicando el rol de la mujer peruana en el ámbito político" (esto último lo inventé ahí, hija, al momentito, porque en realidad lo que yo quiero se llama más fácil: joder a la bruja).
    Por supuesto que me aceptaron y estoy hecha un atado de nervios por mi debut. La secuencia va a ser más o menos así: luego de un número en el que los Yuyas reinterpretan la fiesta del Inti Raymi con un Toledo bañado en purpurina sobre el anda, cargado por Cachete de la Flor, Forsyth, el propio Diego y Henry Pease -todos en taparrabos de cuerina- aparezco yo, con un parche en el ojo, un vestidito de piqué así de lo más cojudón, mi peinadete de salón de belleza de la esquina de la quinta, pasaporte en mano y a mi costado la bebe, representada por Maripí, hija, vestida igualita que yo, caminando como ya lo dije alguna vez- con las puntas de los pies metidas para adentro y un guardaespaldas que nos lleva las maletas.
    La idea es que con este solo detalle tan simbólico, o sea, los presentes entiendan cómo, pucha, o sea, mientras el país se desangra tratando, ay no sé, de buscar un inca, un maya, un azteca, un tibetano o un swagili para sacarnos de encima a El Chino Infeccioso, pucha, la chola y su entorno sólo piensan en su propia sobrevivencia, ay no, si son tan feos. Bueno, ya te cuento, que me voy a mi ensayo. Chau, chau (Rafo León).

     

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