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ARTICULO
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6
de Julio de 2000 |
Choropampa
Mercurio en las Venas
Mil ochocientos habitantes en peligro de intoxicación
debido al derrame de mercurio de la compañía minera Yanacocha.
Un desastre de salubridad.
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Pacientes
intoxicados en el Hospital Regional de Cajamarca. Al frente, Herman
Narro (10), agarró mercurio pensando que era oro.Derecha:
Cuadrillas de obreros, protegidos con mascarillas, levantan de raíz
dos kilómetros de pista contaminada, para llevársela
a un depósito seguro al interior de la compañía
minera.
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Escribe GASTON AGURTO
EN la sala de cuidados intensivos del Hospital Arzobispo Loayza
de Lima, Luisa Arribasplata (39) permanece atada a la vida únicamente
gracias a un respirador artificial. Un mes atrás era la obstetra
del centro poblado de San Sebastián de Choropampa, distrito de
Magdalena, Cajamarca; pero hoy es una víctima más de un
desastre ecológico cuyas causas y consecuencias están pasando
inadvertidas por la opinión pública. A pedido de la familia
los médicos no informan sobre su estado de salud, pero se sabe
que fue internada con 150 microgramos de mercurio por decilitro de sangre
(ug/dl), cuando los valores superiores a 60 son considerados altamente
tóxicos. Estamos recibiendo todo el apoyo de la minera…
-dice el hermano Antonio Arribasplata- los neurólogos dicen
que el cerebro es un órgano que puede dar sorpresas… sólo
queda esperar.
La tragedia empezó el viernes 2 de junio. Esa tarde Verónica
Ruiz, vecina de Choropampa, sólo escuchó el ronquido del
motor de un camión Ransa recorriendo la calle principal del pueblo
con destino a la costa. Cuando salió a la puerta de su vivienda
vio a varias personas, sobre todo niños, inclinados sobre la pista.
Estaban frente a un reguero denso, de color blanco plateado y que,
al tratar de cogerlo con la mano, se separaba en bolitas que brillaban
como las perlas de un collar.
Tanta "maravilla" eran 80 kilos de mercurio líquido que se
habían desparramado de un camión de placa YG 9621 que prestaba
servicios a la compañía minera Yanacocha. Fueron dos kilómetros
de pista bañados por el tóxico mineral. Si en ese momento
el chofer o los pasajeros hubieran alertado a la población sobre
el peligro de exponerse a esta sustancia venenosa, quizás los daños
hubiesen sido considerablemente menores.
Para colmo de los males, en este empobrecido pueblo, vecino de uno de
los más ricos yacimientos auríferos del mundo como es Yanacocha,
existe la vieja creencia de que algún día los minerales
preciosos brotarán naturalmente de la tierra. Por lo tanto, los
choropampinos se lanzaron masivamente a las calles a recolectar el evasivo
mineral con las propias manos, con todo tipo de envases y hasta con cucharitas
de té. Una vez en casa, lo hicieran hervir pensando que luego,
al decantar el líquido, quedaría en el fondo de la olla
el codiciado sedimento de oro. Si a temperatura ambiente este mineral
se volatiliza, el proceso de hervido en lugares pequeños y cerrados
se encargó de multiplicar considerablemente los nocivos efectos
en el organismo.
LA MARCA DE MERCURIO
La alerta sanitaria fue dada al día siguiente por las autoridades
de la región y el pueblo se empapeló con afiches de Defensa
Civil que llamaban a la devolución del mineral. A pesar de ello,
los pobladores siguieron acopiando e incluso enterrando el mineral para
que no les fuera arrebatado. Y es que, según cuentan los pobladores,
en un intento por detener el daño causado, personal de la compañía
de transportes empezó a ofrecer 100 soles por cada kilo devuelto.
A los pocos días, los que habían manipulado o probado el
metal, o habían inhalado el vapor y las partículas en suspensión,
empezaron a sentir los síntomas: sabor metálico, sed, dolores
de garganta, abdominales, náuseas, vómitos, fiebre, dolor
generalizado, ronchas en la piel.
El Hospital Regional de Cajamarca tuvo que implementar un pabellón
especial para atender 250 casos de intoxicación severa, es decir
el 14% de la población de Choropampa. Y un mes después del
derrame, los envenenados siguen llegando.
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La
vivienda de Jaime Paico marcada con una x que quiere decir foco
infeccioso. Derecha: Julián Palacín, abogado de Paico
y otros pobladores de Choropampa.
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En una de las camas, en plena crisis nerviosa que los médicos identifican
como otro síntoma, se encuentra postrada Lucy Diaz, educadora del
Inabif que el viernes 16 de junio llegó a la zona afectada en la
comitiva de la ministra de la Mujer, Luisa María Cuculiza. Lucy
Díaz permaneció tan sólo hora y media inspeccionando
el pueblo y al regresar a Cajamarca empezó a sentir escalofríos,
nauseas y dolores generalizados. Su análisis arrojó 156
ug/dl, nociva concentración de metal en la sangre.
Al cierre de esta edición, las autoridades sanitarias no habían
descartado la presencia de arsénico en la sangre de los pacientes.
Según especialistas, si el mercurio estuviera mezcado con arsénico,
la minera habría incumpido con el estudio de impacto ambiental
presentado como condición para poder extraer oro, procedimiento
que debe hacerse en base a cianuro, lo que es ambientalmente aceptado.
Los estamos tratando con Penicilamina -dice el doctor Luis Terán,
Director Ejecutivo del Hospital Regional de Cajamarca-, un fármaco
importado de emergencia por el Ministerio de Salud que debería
ayudar a eliminar las partículas del metal pesado a través
de la orina. Si mejoran, los derivamos al hostal Turismo (un local
de cinco pisos que alberga a más de 60 pacientes) donde permanecen
bajo tratamiento vigilado. Pero de ninguna manera los dejamos regresar
a Choropampa, ya que allí volverían a infectarse.
Dicho de otra manera: el pueblo está contaminado. Los medidores
de metales pesados, en manos de personal de Defensa Civil, han marcado
rojo al interior de las viviendas. Y éstas, como en las epidemias
de peste de la edad media, se han identificado con una cruz que indica
que son focos de infección. Sin embargo, lo que queda de la población
sigue habitando temerariamente las residencias marcadas.
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Alcalde
Felipe Pretell, de acuerdo con los 9 puntos de Yanacocha.
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INDEMNIZACION Y DESASTRE
Diez días después del derrame se presentó ante
la comunidad de Choropampa el abogado Julían Palacín. Su
experiencia en haber obtenido las más altas indemnizaciones para
las víctimas de accidentes o de sus deudos y, obviamente, el desamparo
legal de los pobladores, le valió el ser nombrado abogado del pueblo.
Luego de pedir a la minera Yanacocha 100 mil dólares por cada persona
afectada, la empresa -según acusa- empezó a mover sus influencias
tratando de impedir que defendiera a los damnificados. Mientras tenga
un solo cliente con valentía para demandar, me encargaré
de llevar el caso incluso hasta la justicia norteamericana. El socio mayoritario
de Yanacocha es la companía Newmont Mining Corporation, y juro,
haré un juicio histórico para que las mineras no vuelvan
a abusar de la población -dice Palacín.
CARETAS intentó vanamente recoger la versión de los funcionarios
de Yanacocha en Cajamarca, pero se sabe que la compañía
minera ha sido sancionada con una multa del Ministerio de Energía
y Minas por 1'740.000 nuevos soles. Y, por cuenta propia, está
corriendo con los gastos médicos de los cientos de hospitalizados.
Además, en coordinación con el Ministerio de Salud y la
Dirección General de Salud Ambiental, está levantando dos
kilómetros de asfalto y los pisos de muchas casas para llevárselos
en bolsas selladas a un depósito más seguro.
Según el ingeniero agrónomo Luis Gomero, en esta recolección
no se está tomando en cuenta el mineral que, luego de ser recogido
por los pobladores, fue esparcido en el entorno. He ahí un peligro
latente.
Por su parte, el alcalde de Choropampa, Felipe Pretell, piensa que el
trato directo con la minera es lo más conveniente para los 1.800
habitantes de su comunidad. Según éste, el municipio no
demandará judicialmente a Yanacocha si ésta cumple, en los
próximos cinco años, con nueve puntos: Construcción
de pistas y veredas, suministro de agua y desagüe, construcción
de una posta médica dotada de profesionales de la salud y ambulancia,
construcción de tres centros educativos, un estadio deportivo,
indemnización a los afectados directos e indirectos, seguro de
salud y de vida para todos los habitantes y, finalmente, trabajo para
algunos jóvenes en la compañía minera. Sólo
este último punto ha sido negado.
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En
un primer momento los pobladores de Choropampa pensaron que se trataba
de un metal precioso, por lo que se lanzaron a recolectarlo. Y luego
se negaron a devolverlo a las autoridades aun cuando éstas
habían alertado sobre sus peligros.
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Para muchos, toda indemnización resultaría insuficiente
frente a la gravedad del desastre ecológico ya que, como explica
el ingeniero Gomero, el mercurio es un mineral de "alta persistencia y
bioacumulación" en el medioambiente. Una vez que el mineral
ha entrado en la cadena alimenticia, es muy difícil que salga de
ella. Por eso se están llevando las pistas y los pisos de las casas.
Sin embargo, el peligro subsiste. El mercurio que ha caído
en la tierra será absorbido por los microorganismos que son alimento
de aves, que, a su vez son alimento de animales carnívoros que,
finalmente, llegan a la mesa del hombre. Este ciclo se encargaría
de diseminar el veneno en todo el ecosistema. Y, entonces, siguiendo la
nueva tradición del pueblo de Choropampa, todos los pobladores
tendrán que ser marcados con una cruz.
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