Edición Nº 1626

 

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    ARTICULO

    6 de Julio de 2000

    MEXICO
    En sólo 5 horas se supo el nombre del ganador de las elecciones.

    Después de 71 años de gobierno priísta, ganó candidato de la oposición.

    Elecciones mexicanas contrastan con los métodos del gobierno fujimorista.

     

    Vicente Fox emprendió una cabalgata victoriosa. El PAN alcanzó el poder después de 61 años de intentarlo. Derecha: Ernesto Zedillo congratulando al Presidente electo, al día siguiente de las elecciones.

    Aunque era posible que ocurriera, nadie lo creyó hasta que sucedió. El domingo 2, cuando el impecable José Woldenberg, presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), anunció que los conteos rápidos que habían encargado daban como ganador al partido de la oposición, se rompió uno de los más antiguos mitos del continente. Varias generaciones de latinoamericanos se habían acostumbrado a la pétrea, inamovible presencia del PRI. Y ahora, ingresando al nuevo milenio, se produce el gran cambio.
    No es casualidad. No es la primera vez que los mexicanos votan mayoritariamente por un candidato opositor, a pesar de la aplastante maquinaria clientelista del PRI, pero sí es la primera vez que esa voluntad se respeta. En 1988, todos los observadores coinciden en que el ganador de la elección fue Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD. Pero cuando las cifras lo daban como triunfador, se "cayó" el sistema de cómputo. Cuando lo volvieron a encender, el ganador era Carlos Salinas de Gortari, del PRI. Un fraude escandaloso, pero la comunidad internacional lo toleró.
    En el 2000 eso ya no podía suceder. Desde hace varios años México, integrado en el NAFTA con EE.UU. y Canadá, ha sido empujado a construir un sistema electoral eficiente e imparcial. Cuando Woldenberg dijo hace unas semanas que había cero posibilidades de fraude, no todos le creyeron. Pero tenía razón.
    El presidente Ernesto Zedillo entendió claramente que en el actual contexto internacional, no podía ceder a las presiones de los "dinosaurios" de su partido, que pretendían imponerse nuevamente con otro fraude. Sabía que eso sería un desastre para México.
    Al final primó la cordura y la sensatez. En México sí hubo, a lo largo de estos años, una dura pugna entre "duros" y "blandos". Estos se impusieron, con el respaldo de la comunidad internacional. El resultado será una transición, al parecer, pacífica y sin grandes sobresaltos. Pero esto fue posible porque el PRI, como su nombre lo indica, era institucional.
    En ese sentido, la transición mexicana se asemeja a las ocurridas en Sudamérica desde gobiernos institucionales de las fuerzas armadas
    El mensaje al gobierno peruano es claro. Por si fuera necesario, un funcionario del Departamento de Estado de los EE.UU. lo recordó el lunes, poniendo al Perú en la poco grata compañía de Haití, Cuba y Venezuela, los países en cuarentena democrática.
    En suma, en el año 2000 la comunidad internacional aplicará estándares más estrictos para juzgar los avances y retrocesos de la democracia.
    Por si fuera poco, Alberto Fujimori ha perdido un fuerte aliado en la OEA. El México priista se opuso a la "injerencia" en asuntos internos por razones obvias. Con Vicente Fox es probable que las cosas cambien.
    Por último, hoy día, en la era de la información, cuando los sucesos trascendentales que ocurren en cualquier parte del mundo impactan masiva e inmediatamente en todas partes, la derrota del PRI tendrá un efecto sobre la población peruana, que hoy mira con ansiedad y expectativa lo que ocurre en otras partes del continente. La globalización, que le dicen.

     

    El ex Presidente norteamericano Jimmy Carter las llamó elecciones "casi perfectas". Fue uno de los observadores. Derecha: la celebración del triunfo de Fox congregó a una gran multitud en la tradicional Plaza de la Independencia, más conocida como El Angel.

    NO habían transcurrido cinco horas del inicio de los escrutinios y ya se sabía quién había ganado las elecciones mexicanas del domingo 2 de julio. El mismo Presidente de la República -luego de recibir datos preliminares "pero suficientes y confiables"- promediando las 10 de la noche, sorprendía a todo México al anunciar, personalmente, en las pantallas de Tv. el triunfo del candidato de la oposición Vicente Fox. Celeridad que contrasta con las elecciones peruanas del 9 de abril que, con el patrocinio del gobierno, se hundieron en un mar de errores y contradicciones que, finalmente, llevaron al inefable José Portillo a sacar de la manga los resultados, 30 días después.
    Mientras el Partido Revolucionario Institucional (PRI) reaccionaba ante la crítica interna y externa, promoviendo unas elecciones limpias y pacíficas, aquí, el gobierno amarraba las pitas del trompo electoral, descaradamente para aferrarse en el poder.
    Los que dudaban de unas elecciones limpias, dada la trayectoria del PRI, fueron los más sorprendidos. El partido de gobierno sometía, finalmente, la suerte de su candidato al veredicto de las ánforas. Después de 71 años se ponía a derecho. Y en esto se lleva las palmas el presidente Ernesto Zedillo, quien, acaso arriesgando los celos de sus partidarios, eliminó las vallas que se oponían a la alternancia del poder. Como alguien dijera esa noche en la televisión azteca: "Zedillo pasa a la historia como el padre de la perestroika mexicana". Y es que Zedillo es el hombre que ha abierto las puertas de un mundo en el que mucho tiempo reinó el fraude y el miedo, para dar paso a la transparencia. Pensar que ni siquiera fue el candidato original en las elecciones de 1994. Zedillo llegó a la primera magistratura al heredar la candidatura del asesinado Luis Donaldo Colosio.

    Presidentes del PRI: Lázaro Cárdenas, gobernó entre 1934 y 1940. Gustavo Díaz Ordaz (1958-1964).


    No ha habido en el mundo un partido político que haya porfiado durante 62 años para llegar al poder. El PAN (Partido Acción Nacional) luchó desde 1939 -año de su fundación- para lograrlo. Y en ese ánimo se estrelló con un partido -el PRI- que dominaba el escenario político y, en cada elección, apelaba a recursos vedados para enquistarse en el poder.
    Pero bien dicen que no hay mal que dure cien años y, en este caso, país que lo resista. Vicente Fox se ha impuesto a Francisco Labastida, que pasa a la historia como el único candidato del PRI derrotado en unas elecciones presidenciales desde 1929, año en que Plutarco Elías Calle fundó el Partido Revolucionario Institucional.

    ANTIRREELECCIONISTA

    México es un caso especial en la historia de los pueblos de la América morena. Fue el primer país que vivió una larga y sangrienta revolución. Revolución que estalla en 1910 para arrojar del poder a Porfirio Díaz. Francisco Madero levantó la bandera de la no reelección enfrentándose al dictador que se había atornillado en el sillón presidencial durante 27 años. Con ese lema se impuso a la corrupción y los estropicios de un poder duradero y absoluto.
    Sin embargo, los herederos del presidente Madero, si bien siguieron al pie de la letra lo de la no reelección, se las ingeniaron para continuar en el poder a través del "dedazo" y el fraude, cosa que era pública y, sin embargo, durante muchos años, nadie se atrevía a denunciar, obviamente, por miedo.

    Miguel de la Madrid (1982-1988): José López Portillo (1976-1982) Notable novelista.


    Por todo eso, el triunfo de Fox tiene el sabor de una hazaña. El haber sacado cerca de 8 puntos de ventaja al candidato del PRI demuestra que el pueblo mexicano estaba por el cambio. Tanto es así, que su elección ha sido recibida con beneplácito en todo el país.
    Las elecciones mexicanas son, por otro lado, un ejemplo que debe repercutir en el continente, donde todavía hay países, entre ellos el Perú -como bien señala el Departamento de Estado norteamericano- cuyo gobierno ha zarandeado la democracia y trata de aparecer, ante propios y extraños, como si no hubiera roto un plato.


    Independientemente de quién haya ganado o quién haya perdido, lo que México y el mundo han presenciado -a través de la televisión- es a un Presidente reconociendo la derrota de su partido. Y esto para los mexicanos, sobre todo los viejos, que se habían acostumbrado ver sólo ganar al PRI, debe haberles parecido un sueño. Un periodista mexicano comentaba al respecto: "Estoy seguro de que en Los Angeles, en Chicago, en diferentes partes de Estados Unidos, muchos están con los ojos como platos y con los oídos más abiertos que nunca, escuchando algo que en su vida imaginaron. Muchos mexicanos se murieron sin ver esto. Recuerdo que cuando niños, cuando adolescentes, nos dijeron: mira, como van las cosas, yo nunca voy a ver que pierda el PRI. Me voy a morir y no lo voy a ver. Lo escuché de muchos".
    Y efectivamente, no lo vieron. O sea, hay algo histórico en esa fecha del 2 de julio del año 2000. Un cambio importantísimo. Pero también, para muchos mexicanos, trae una pregunta de rigor: ¿cómo será de aquí en adelante? Es de esperar nomás que toda esta situación aterrice en un proyecto de gobierno que pueda mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos

    Carlos Salinas de Gortari (1988-1994): Ernesto Zedillo, con quien termina el largo reinado del PRI.


    El PAN no es un partido grande. No tiene una organización y un aparato capaz de echarse a caminar solo del brazo del gobierno. Además, todo hace pensar que Fox no va a tener una mayoría parlamentaria que lo apoye en las correcciones que hará una vez que llegue al gobierno (1.o de diciembre). Acaso consciente de eso, el Presidente electo ha anunciado un gobierno abierto y plural. Y en ese ánimo es de suponer que llamará a elementos de otros partidos para gobernar sin mayores tropiezos.
    Vicente Fox es un político experimentado. Ha sido diputado y gobernador de Guanajuato, el pueblo donde Hidalgo dio el primer grito de libertad en el viejo territorio de los aztecas. Relativamente joven, tiene 58 años; alto como un basquetbolista, padre de cuatro hijos adoptivos, divorciado, que gusta vestir de cowboy y ha sido ejecutivo de Coca Cola.
    Su triunfo lo tomó con sencillez. La forma cómo se ha comportado al saberse vencedor, incluso ha gustado a los que no simpatizaban con su candidatura. El hombre que en el fragor de la campaña electoral le dijera zamba canuta al candidato del PRI, es hoy totalmente distinto: sobrio, elegante y generoso, incluso con sus adversarios.
    Lo más impresionante es que después de 71 años de gobierno priísta va a haber una transmisión de mando pacífica. (DTL)

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