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ARTICULO
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6
de Julio de 2000 |
El Efecto Montesinos
Congreso de EE.UU. suspende partida de US$ 42
millones para lucha antidrogas en el Perú. Solicitan cabeza del
asesor.
Escribe
GUILLERMO GONZALES ARICA
EL pasado viernes, el Perú sintió la primera pegada
de las presiones económicas que nos pueden afectar. Ese día,
en el subcomité de consenso de las dos ramas legislativas de Estados
Unidos se aprobó un presupuesto adicional de US$ 1.300 millones
para el Plan Colombia de lucha antidrogas. Días antes se había
aprobado ya US$ 11.200 millones para ese fin. Pero la novedad del día
de San Pedro y San Pablo es ésta: junto con los US$ 1.300 adicionales
para Colombia, se decidieron adicionales de US$ 110 millones para Bolivia
y US$ 20 millones para Ecuador. El Perú, al que se le habían
previsto US$ 42 millones suplementarios, se quedó sin nada.
Según nuestras fuentes en Washington, el todopoderoso zar antidrogas
de los Estados Unidos, general Barry McCaffrey, había anticipado
el día anterior, a la sección de Asuntos Andinos del Departamento
de Estado, que dirige Phil Chicola, esa importante decisión, sin
duda conversada previamente en los más altos niveles del Estado
norteamericano.
El gobierno peruano acusó el golpe. El sábado 1 de julio
por la mañana, tras una entrevista radial, el desgastado Primer
Ministro, Alberto Bustamante Belaunde, rezongó que, mientras el
Perú había invitado a la Misión Axworthy- Gaviria
y se preparaba "para consolidar su sistema democrático", el Congreso
de Estados Unidos tenía una posición distinta a la del Departamento
de Estado. Además, acalorado, negó -contra la evidencia
que surge de la prensa internacional -que la Misión de Alto Nivel
haya solicitado del gobierno despedir al asesor presidencial Vladimiro
Montesinos.
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¿Cuál es la verdad de la milanesa? Como se sabe, sólo
una semana antes de esta última decisión del Congreso, el
22 de junio, el Senado estadounidense había aprobado una enmienda
a la Ley de Asignaciones Presupuestales de Fondos al Exterior relativa
al Perú, enmienda que establece que el Departamento de Estado deberá
remitir a los Comités de Asignaciones Presupuestarias y Relaciones
Exteriores tanto del Senado como de la Cámara de Representantes
un informe evaluatorio de las relaciones económicas, políticas
y militares de Estados Unidos con el Perú.
La enmienda exige, además, que en un término de 90 días
el Presidente de Estados Unidos informe a ambas Cámaras del Congreso
sobre la situación de la independencia del sistema judicial, de
los Derechos Humanos y de la libertad de expresión en el Perú.
La conclusión de esta enmienda es que si dicho informe señala
que no hay avances sustantivos, los fondos asignados al Perú en
la Ley de Presupuesto, que es aprobada antes de que termine el año
fiscal norteamericano (éste vence el 30 de setiembre) no serán
entregados. Pero lo que ha puesto los pelos de punta a algunos empresarios
nacionales es que la enmienda también establece que se informe
acerca de cuáles son las ventajas adquiridas por el Perú
a partir de la Ley de Preferencias Andinas. Esta ley tiene directa relación
con beneficios arancelarios. Los empresarios nacionales tienen, pues,
motivos para estar preocupados.
Finalmente, la enmienda establecía excepciones. Una de ellas se
refería a la ayuda antidrogas.
CAMBIO INTEMPESTIVO
¿Qué hizo cambiar de opinión al Congreso gringo
en menos de una semana? Según fuentes en Washington D.C., antes
de la llegada a Lima de la Misión Axworthy - Gaviria se habría
llevado a cabo una reunión entre el Secretario General de la OEA,
representantes del Congreso estadounidense y Arturo Valenzuela mandamás
del Consejo Nacional de Seguridad. En esta reunión se habría
decidido que la Misión de Alto Nivel de la OEA pidiera a Fujimori
la remoción del asesor presidencial Vladimiro Montesinos. Como
se sabe, semanas atrás el Senado Norteamericano (CARETAS 1622)
solicitó de manera formal del Departamento de Estado un informe
sobre la relación de Montesinos con la vulneración de derechos
humanos, amenazas a la libertad de prensa e interferencias en el proceso
electoral.
El tema, por tanto, ya estaba sobre el tapete. En Washington hay quienes
piensan que la guerra fría trajo consigo a aliados poco deseables
y que es el momento de deshacerse de ellos. Estas opiniones son compartidas
por un amplio sector de la comunidad de inteligencia norteamericana.
El miércoles 28, en la Casa de Pizarro, la Misión Axworthy
- Gaviria habría hecho el planteamiento. La respuesta gubernamental
es ya conocida. Al asesor nadie lo toca. La Misión no sólo
habló del asesor, sino que sugirió que se deberían
establecer mecanismos para ejercer un control civil sobre los servicios
de Inteligencia y además crear una comisión en el Congreso
que se encargue de supervisar a los organismos de Inteligencia. Bustamante
Belaunde también saltó hasta el techo sobre este último
punto y apeló al argumento de la seguridad nacional.
Algunos observadores en Washington opinan que frente a la reacción
del Gobierno peruano, el Congreso norteamericano saltó como un
resorte. Los mismos observadores comentan que la no asignación
de los US$ 42 millones no impide que en el futuro, mediante otra ley,
esa suma sea otorgada. Más aún, se comenta en la capital
norteamericana que antes de setiembre se podría discutir esta asignación
y tocar sólo el tema del Perú.
"Lo que está haciendo el Congreso norteamericano es dar mensajes",
señaló un analista. Y la verdad no sólo se los están
dando al gobierno peruano. No hay que olvidar que, además de la
Enmienda del Senado aprobada el 22 de junio, también existe la
Resolución 43, que establece que si no se producen mejoras democráticas
cambiarán las relaciones militares, económicas y políticas
con el Perú.
Hasta antes de la no asignación de los US$ 42 millones como ayuda
suplementaria a la lucha antidrogas, se sabía de excepciones a
posibles sanciones. Estas estaban referidas a asistencia para fines humanitarios,
y precisamente, como se ha dicho, a antidrogas. Por tanto, no entraban
en las excepciones la ayuda para proyectos militares y de intercambio
de personal militar, llámese el Military International Educational
Training, o los propios ejercicios militares conocidos como UNITAS. Sin
embargo, a pesar de que los militares gringos en Washington tienen fastidio
por estas posibles sanciones, todo ello está avaluado en menos
de un millón de dólares al año. Tampoco entran en
las excepciones que los directores estadounidenses en el FMI, en el Banco
Mundial y en el BID voten en contra de las solicitudes de préstamos
peruanos.
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