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Edición N† 1629 |
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La Flor de Papa
Un libro, enorme y maravilloso, encierra en sus páginas toda la sabiduría de un hombre que ha dedicado su vida a la investigación de una planta legendaria. Es en realidad uno más de una extensa obra y el segundo volumen de la serie "Las papas de América del Sur". Carlos Ochoa, como bien dice el doctor Uriel García en el siguiente artículo, es el botánico que más conoce en el Mundo sobre la papa. Su libro por lo tanto merece toda la atención, pues como el propio doctor Ochoa afirma: "tal vez muestre las armas para la lucha contra el fantasma del hambre". Escribe CARLOS Ochoa, es el sobresaliente botánico que más conoce, en el mundo, sobre esa legendaria planta, del género Solanacea, conocida como: papa. Nacido en el Cusco su nombre es familiar en los exclusivos cenáculos de naturalistas científicos del orbe. Es él de notable "taxonomista" (clasificador) de la nutritiva planta andina. Este reconocimiento es una suerte de revancha o compensación de los agricultores nativos de los Andes peruanos, que hace muchos siglos aislaron y produjeron la alimenticia planta, hazaña que ya casi nadie se acuerda.
Ochoa acaba de publicar un nuevo libro: Las Papas de Sudamérica,
PERU (Parte I) (1999 Centro Internacional de la Papa, Lima-Perú).
Se trata de un tratado escrito en el lenguaje, concreto y sobrio, que
usan los botánicos para estudiar los especímenes que encuentran
en sus andanzas. Es la descripción sistemática de miles
de plantas que crecen, de manera espontánea, en los contrafuertes
andinos y que, para reconocerlas, se necesita tener los ojos cargados
con la alucinación de un taumaturgo. Ese libro está impreso,
como los otros que él ya escribió, en gran formato (A4),
con más de mil páginas, en fino papel satinado, con numerosas
ilustraciones en color y en blanco y negro. La mayor parte de los dibujos
que demuestran las características anatómicas de cada planta
han sido realizadas por el propio autor, que como todo excelente botánico
es, también, un buen dibujante. Complementando este tratado hay
una amplia bibliografía. En suma, es una obra de la más
alta calidad, como las que salen de Harvard, Oxford o Montpellier.
El botánico cusqueño ha recorrido por los riscos y quebradas
de nuestra América buscando, las aparentemente vulgares, hierbas;
pero, como él lo ha demostrado, son las precursoras de ese alimento
universal que fue descubierto y mejorado por los antiguos habitantes precolombinos
de los Andes. Al estudiar sus características con el rigor propio
de los hombres de ciencia, Ochoa, se convirtió en el más
connotado experto en el conocimiento de esta planta nutritiva. Esa misma
papa que origina multimillonarias ganancias a las industrias transnacionales
del alimento.
Ese descubrimiento realizado por los agricultores altoandinos en las
regiones que ahora son parte del Perú y Bolivia, constituye el
regalo más generoso que cualquier civilización haya hecho
para impulsar el bienestar de la humanidad. El cultivo de la papa es el
mejor ejemplo de la llamada "globalización", que se realizó
varios siglos antes de que ese término se acuñara. Hay platos
"típicos" preparados con papa en Italia, España, India,
Rusia, Irlanda, Alemania o Finlandia (donde se le conoce como Perú).
El licor destilado "nacional" de Rusia y otros países del Este
europeo, el vodka, se prepara con papa. En países muy lejanos,
de otros continentes, el vulgo cree que la buena papa es nativa de sus
propias tierras. En los Estados Unidos de América, a las papas
fritas las conocen como French fries (fritos franceses). Un insultante
ejemplo de desdén con desagradecimiento. Todo por que Thomas Jefferson,
"descubrió" las papas en Francia, cuando fue embajador ante la
corte de Luis XVI; por eso, regresó con semillas de la pomme
de terre a su país. El cultivo de la papa andina salvó
de la hambruna a varios países del viejo continente.
A principios de la década de 1980, en el Instituto Internacional de la Papa, en el distrito de La Molina, donde trabaja Carlos Ochoa, se desarrolló (por un experto escocés) un procedimiento muy sencillo y casi artesanal para preparar una papilla, obviamente a base de un puré de papas, al que se le agregaba otros cereales, propios de cada región, u otros nutrientes. Ese alimento desecado se puede embolsar y guardar por largo tiempo. Un paquete equivalente a diez raciones costaba un dólar. Esta idea fue tomada, con entusiasmo, por el doctor Raniero Rossembaun, entonces representante de la agencia alemana GTZ, en la región Inca. Se distribuyó en las comunidades campesinas más empobrecidas y con mayores riesgos de enfermar y morir por desnutrición. Rossembaun le puso, a esta papilla, el nombre quechua de: Kallpa wuawua (algo así como superniño). Su grado de aceptabilidad fue muy bueno desde que tuvo una gran acogida, pues se podía preparar variadas y agradables recetas. Desafortunadamente, el joven Raniero fue echado (1987) del país por alguien que quería imponer criterios partidistas en el reparto y el uso del Kallpa Wuawua.
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