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ARTICULO
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26
de Julio de 2000 |
El Fin de Las TIRANIAS
Sobre cómo terminan las dictaduras de diversa
estirpe y procedencia.
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En
las dictaduras personalizadas la politización no asusta a
los cabecillas. Les importa poco la institucionalidad de las FF.AA.
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Escribe
FERNANDO ROSPIGLIOSI
MUCHAS personas en el Perú y en el extranjero, creen que
la dictadura de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori va a concluir
en una transición a la democracia al estilo de las dictaduras institucionales
de las Fuerzas Armadas. El recuerdo del final del gobierno militar de
Francisco Morales Bermúdez es el ejemplo que muchos tienen en mente
cuando hablan de transición.
Es decir, un gobierno autoritario rechazado por una amplia coalición
de fuerzas nacionales y presionado por los Estados Unidos para efectuar
una transición a la democracia. Ese régimen abre progresivamente
las compuertas de las libertades civiles hasta llegar a comicios en los
que el pueblo elige nuevamente a sus gobernantes y los militares se retiran
ordenadamente a sus cuarteles.
Sin embargo, lo que ocurrió en el Perú entre 1977 y 1980
es el desenlace más o menos típico de dictaduras militares
institucionales en América Latina, pero no lo es de otra clase
de dictaduras, las personalizadas.
Estas últimas se comportan de manera distinta, por lo general no
realizan transiciones ordenadas y se aferran al poder hasta el final,
es decir hasta que el dictador muere o es asesinado o es derrocado.
TIPOS DE DICTADURAS
Las dictaduras han sido clasificadas de muy diversas maneras, atendiendo
a sus orientaciones ideológicas, sus políticas económicas,
sus maneras de organizarse o sus características internas.
Por ejemplo, Guillermo O'Donnell, identifica un tipo de autoritarismo
"tradicional" en el que incluye a Batista, Somoza y Stroessner; un autoritarismo
"populista" como el de la dictadura peruana de los setentas; el modelo
"burocrático autoritario", como la larga dictadura militar brasileña
de 1964 a 1985; autoritarismos que combinan el tradicionalismo y el populismo,
como el de Pérez Jiménez y Rojas Pinilla en Venezuela y
Colombia a principios de los cincuenta respectivamente. 1
Samuel Huntington distingue a los autoritarismos de partido único
como los de Taiwan, México o la URSS; los personales, como Portugal
de Salazar, España de Franco y Chile de Pinochet; los militares,
como Brasil, Perú de los setentas o Panamá de Noriega; y
los de oligarquía racial, como Sudáfrica. 2
No obstante, puede hacerse otra clasificación atendiendo a la manera
cómo terminan las dictaduras, lo cual está a su vez vinculado
a características básicas de su composición y funcionamiento
internos, fundamentalmente si son institucionales o personalizadas.
INSTITUCIONALES Y PERSONALIZADAS
El asunto es que cuando son dictaduras institucionales tienden a actuar
de manera racional. Es decir, cuando se ven muy fuertemente presionadas
al punto que amenaza quebrarse su propia institucionalidad, prefieren
efectuar una transición lo más ordenada posible, intentando
conservar ciertas prerrogativas y garantías que aseguren a la institución
y sus miembros seguridades de impunidad.
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Alfredo
Stroessner, derecha: Juan Velasco Alvarado.
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Cómo señala Huntington, los líderes de los regímenes
militares "fueron particularmente sensibles a los efectos corrosivos de
implicarse políticamente en cuanto a su integridad, profesionalismo,
coherencia y estructuras de mando del ejército". Y para apoyar
su argumento, Huntington introduce una cita precisamente al general Francisco
Morales Bermúdez justificando la transición peruana a la
democracia de fines de los setentas.
Cuando la politización y las discrepancias políticas amenazan
fraccionar a las FF.AA., los militares se dan cuenta que ha llegado el
momento de retirarse. Y eso ocurre por lo general cuando el rechazo de
la población se hace incontrolable. Eso, además, plantea
a los militares la posibilidad de tener que reprimir violentamente a los
ciudadanos, granjeándose su odio perdurable.
Pero en las dictaduras personalizadas la politización no es algo
que asuste a los cabecillas. Al contrario, a ellos les importa poco la
institucionalidad de las FF.AA. y, por el contrario, introducen mecanismos
políticos en la manera de designación de mandos y ascensos
para controlarlas.
La corrupción, que es otro factor disolvente de la institucionalidad,
es reforzada y desarrollada por las dictaduras personalistas, porque es
justamente una manera de dominar las FF.AA.
Otra diferencia entre dictaduras institucionales y personalizadas es que
las primeras no recurren a las elecciones, por lo menos a las presidenciales,
como un mecanismo legitimador. Como quien gobierna es precisamente la
institución militar, que supuestamente encarna los valores e intereses
nacionales, por encima del faccionalismo de los partidos, no requiere
someterse a la consulta popular. Su justificación está en
la necesidad de impedir que triunfe una revolución, o en efectuar
transformaciones que los uniformados creen necesarias y que sólo
ellos pueden hacer.
Las dictaduras personalistas no se presentan como una expresión
de la institución militar, aunque la usan para mantenerse en el
poder. Requieren, por tanto, otra fuente de legitimidad y entonces recurren
a las elecciones, que son fraudulentas y amañadas.
COMO TERMINAN
Por lo general las dictaduras institucionales pasan por procesos de
liberalización, es decir, recuperación y ampliación
de derechos, tanto individuales -habeas corpus, derecho al debido proceso
judicial, etc.- como colectivos: libertad de asociación y de protesta,
eliminación de la censura en los medios de comunicación,
etc.
Y procesos de democratización, que implican el voto secreto
y universal para designar los cargos electivos, la competencia libre de
los partidos, etc. 3
Sin embargo, las dictaduras personalizadas terminan de diferente forma.
Como dice Huntington, los líderes de las dictaduras personalizadas
no se resignan fácilmente a dejar el poder voluntariamente. Ellos
intentan permanecer en el poder tanto como pueden y las transiciones ocurren,
por lo tanto, cuando el dictador fundador muere y sus sucesores deciden
la democratización o cuando el dictador es destituido. 4
Una cosa muy importante en este tipo de dictaduras personalizadas es que
"la naturaleza de su poder hizo difícil a sus oponentes dentro
del régimen derribarlos y, además, hizo imposible que tales
oponentes existieran en número significativo o que adquirieran
fuerza. El dictador personalista intentó permanecer hasta su muerte
o hasta que el mismo régimen llegara a su fin". 5
A diferencia de las dictaduras institucionales, donde aparecen reformadores
y se constituyen corrientes de "duros" que quieren perpetuarse y "blandos"
que desean la transición, eso no ocurre en los regímenes
personalizados.
Eso, por supuesto, no quiere decir que no existan disidencias. Las hay
e incluso los dictadores las alientan y utilizan a personajes supuestamente
"blandos" para dar la apariencia de liberalización. La diferencia
es que esos individuos no tienen ningún poder y son fácilmente
desechados cuando dejan de ser útiles o se vuelven peligrosos.
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Rafael
Videla, derecha: Agusto Pinochet.
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En consecuencia, señala Huntington, "la democratización
depende del hecho de que la oposición gane fuerza y el gobierno
la pierda hasta que caiga o sea derrocado." 6
Esto no es necesariamente así en los procesos de transición
desde dictaduras institucionales, donde la transición requiere
que al comienzo el gobierno sea más fuerte que la oposición.
Por último, un tema clave, el papel de los militares. "Los militares
son el último apoyo de los regímenes -dice Huntington-.
Si ellos le retiran su apoyo, si organizan un golpe contra el régimen
o si rechazan usar la fuerza contra aquellos que intentan derrocar al
régimen, el régimen cae." En muchos lugares el "descontento
militar fue promovido por las políticas dictatoriales que debilitan
al profesionalismo militar, politizando y corrompiendo los cuerpos de
oficiales." 7
En base a las experiencias históricas de los últimos 25
años, Huntington ha elaborado varias útiles -y divertidas-
guías para democratizadores. En el recuadro adjunto se incluye
la más pertinente para la situación peruana.
UNA RELACION
La clasificación presentada en otro recuadro muestra dos clases
de dictaduras, las personalizadas y las institucionales (no es una lista
exhaustiva, que sería interminable). Algunos autores, como Huntington,
incluyen, por ejemplo, a Pinochet entre las personalizadas. Si bien es
cierto que ese dictador se mantuvo a lo largo de todo el régimen
militar, es claro que la institución castrense como tal era la
que estaba comprometida con el gobierno y que al final actuó de
manera similar a la dictadura peruana o la brasileña en lo que
a transición se refiere.
Y, a diferencia de dictaduras personalizadas como la de Stroessner o Somoza,
Pinochet no usó la corrupción generalizada para someter
al ejército. Por el contrario, las características profesionales
de las FF.AA. chilenas se sostuvieron, a pesar de la obvia contaminación
política que implica estar en el poder.
Pinochet era, además, el Comandante en Jefe. Por eso asumió
la presidencia y conservó el cargo después de dejarlo. De
hecho, ha sido defendido por su institución luego de abandonar
el poder, precisamente porque ellos sienten que los representó,
lo cual no ocurre con los dictadores personalistas cuando son derrocados.
Por esas razones, la dictadura de Pinochet se incluye entre las institucionales.
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También a diferencia de Huntington, que considera por ejemplo al
panameño Noriega entre las dictaduras militares y no personalistas,
aquí se le incluye entre las personalistas. El corrupto gobierno
de Noriega, que hacía elecciones fraudulentas y gobernaba a través
de fantoches -él mismo nunca ocupó la presidencia-, es típicamente
uno de esos que no actúa con la racionalidad de la institución
castrense, y se niega a abandonar el poder aun a riesgo de provocar una
catástrofe, como fue la invasión norteamericana a Panamá,
en diciembre de 1989, que culminó con la disolución de las
fuerzas armadas.
En conclusión, las experiencias ocurridas a lo largo del siglo
XX en América Latina ilustran los diferentes tipos de dictaduras
y la manera cómo llegan a su fin. Naturalmente, nunca dos gobiernos
son exactamente iguales, pero hay tendencias que permiten realizar algunas
conjeturas sobre el futuro.
Hasta ahora, todo indica que en el Perú del 2000 estamos ante una
variante de las dictaduras personalizadas que poblaron América
Latina durante décadas. Es probable que su final sea similar.
_______
1 Guillermo O´Donnell, "Introducción a los casos latinoamericanos",
en Guillermo O´Donnell, Philippe Schmitter, Laurence Whitehead,
Transiciones desde un gobierno autoritario, 1994, Tomo 2, p. 16.
2 Samuel P. Huntington, La Tercera Ola. La Democratización a Finales
del Siglo XX. Paidós, Buenos Aires, 1994, p. 110.
4 Samuel Huntington, p. 117.
5 Samuel Huntington, p.136.
6 Samuel Huntington, p. 135.
7 Samuel Huntington, p.137.
3.Guillermo O´Donnell y Philippe Schmitter, Transiciones desde un
gobierno autoritario. Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas,
1994, Tomo 4, p. 20.
4 Samuel Huntington, p. 117.
5 Samuel Huntington, p. 136.
6 Samuel Huntington, p. 135.
7 Samuel Huntington, p. 137.
Cuadro General
Vida, pasión y suerte de los autoritarismos mexicanos.
Dictaduras Personalizadas
-Porfirio Díaz (México) 1884-1911.
-Manuel Estrada Cabrera (Guatemala) 1898-1920.
-Juan Vicente Gómez (Venezuela) 1908-1935.
-Augusto B Leguía (Perú) (1908-1912) 1919-1930.
-Getulio Vargas (Brasil) 1930-1945.
-Jorge Ubico (Guatemala) 1931-1944.
-Maximiliano Hernández (El Salvador) 1931-1944.
-Anastasio Somoza García, Luis Somoza Debayle y Anastasio Somoza
Debayle (Nicaragua) 1937-1979.
-Marcos Pérez Jiménez (Venezuela) 1952-1958
-Fulgencio Batista (Cuba) (1940-44) 1952-1958.
-Gustavo Rojas Pinilla (Colombia) 1953-1957
-Alfredo Stroessner (Paraguay) 1954-1959.
-Francois y Jean Claude Duvalier, Papa Doc y Baby Doc, (Haití)
1957-1986.
-Manuel Antonio Noriega (Panamá) 1981-1989.
-Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori (Perú) 1992-?
Dictaduras
Militares Institucionales
-Perú 1962-1963 (Ricardo Pérez Godoy, Nicolás
Lindley).
-Ecuador 1963-1966 (Junta Militar: Ramón Castro, Marcos
Gándara, Luis Cabrera, Guillermo Freile).
- Brasil 1964-1985 (Humberto Castelo Branco, Artur da Costa e Silva,
Emilio Garrastazu Medici, Ernesto Geisel, Joao Batista Figueiredo.
-Argentina 1966-1973 (Juan Carlos Onganía, Roberto M. Levingston,
Alejandro Lanusse)
-Perú 1968-1980 (Juan Velasco Alvarado, Francisco Morales
Bermúdez).
-Ecuador 1972-1978 (Guillermo Rodríguez Lara, Alfredo Poveda
Burbano).
-Chile 1973-1990 (Augusto Pinochet Ugarte).
-Uruguay 1973-1985 (Juan María Bordaberry, Alberto Demicheli
Aparicio Méndez, Gregorio Alvarez, Rafael Addiego).
-Argentina 1976-1983 (Jorge Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo
Galtieri, Reynaldo Bignone.
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Receta Democrática
Una guía para acabar con las dictaduras.
"La historia de los reemplazos (o rupturas) sugiere la siguiente
guía para los opositores demócratas moderados que intenten
derrocar a un régimen autoritario:
1) Centrar la atención sobre la ilegitimidad o dudosa legitimidad
del régimen autoritario: éste es su punto más vulnerable.
Atacar al régimen en aspectos generales que conciernen a áreas
más amplias, como la corrupción y la crueldad. Si el régimen
está consiguiendo buenos resultados (particularmente en lo económico)
estos ataques no van a ser efectivos. Cuando se tambalee su rendimiento
(como acostumbra pasar), remarcar su ilegitimidad se convierte en el procedimiento
más importante para desestabilizarlo en el poder.
2) Como los gobernantes democráticos, los autoritarios crean con
el tiempo sus propios enemigos. Anime a estos grupos descontentos a apoyar
la democracia como una alternativa necesaria al régimen actual.
Haga especiales esfuerzos por enrolar a hombres de negocios, profesionales
de clase media, figuras religiosas y dirigentes de partidos políticos,
muchos de los cuales habrán apoyado la creación del régimen
autoritario. Cuanto más "respetable" y "responsable" aparezca la
oposición, más fácil será ganar más
adeptos.
3) Cultive a los generales. En última instancia, que el régimen
se derrumbe o no dependerá de si ellos apoyan al régimen;
se unen a usted en la oposición, o se mantienen al margen. El apoyo
de los militares puede resultar una ayuda cuando llegue la crisis, pero
todo lo que usted necesita es el compromiso de los militares de que no
van a defender al régimen.
4) Practique y predique la no violencia. Entre otras cosas, esto le hará
más fácil ganarse la simpatía de las fuerzas de seguridad:
a los soldados no les gusta la gente que prepara cócteles Molotov
contra ellos.
5) Aproveche cada oportunidad para expresar su oposición al régimen,
incluida la participación en las elecciones que él organiza.
6) Desarrolle contactos con los medios de información extranjeros,
las organizaciones de derechos humanos y las organizaciones supranacionales,
como las iglesias. En especial, movilice el apoyo de Estados Unidos. Los
congresistas norteamericanos siempre están buscando causas morales
para conseguir publicidad y usarlas contra el gobierno norteamericano.
Exagere su causa ante ellos, y proporcióneles material televisivo
y fotográfico de sus propios discursos.
7) Promueva la unidad entre los grupos de la oposición. Intente
crear una organización que los comprenda y los proteja, lo que
facilitará la cooperación entre esos grupos. Esto resulta
difícil porque, como en los ejemplos de Filipinas, Chile, Corea
y Sudáfrica, los gobernantes autoritarios a menudo son expertos
en promover la desunión de sus opositores. Una prueba de su capacidad
para convertirse en un líder democrático de su país
consiste en su habilidad de superar esos obstáculos y asegurar
en cierta medida la unidad de la oposición. Recuerde esta sentencia
de Gabriel Almond: "Los grandes líderes son los constructores de
grandes coaliciones".
8) Cuando el régimen autoritario cae, esté preparado para
llenar rápidamente el vacío de autoridad. Esto puede hacerse
de varias maneras: poniendo en escena a un líder popular, carismático
y democráticamente orientado; organizando rápidamente elecciones
populares para proporcionar legitimidad al nuevo gobierno y construyendo
una legitimidad internacional para obtener el apoyo de los elementos extranjeros
y supranacionales (organismos internacionales, Estados Unidos, la Comunidad
Económica Europea, la Iglesia Católica). Reconozca si algunos
de sus recientes compañeros de coalición querrían
establecer una nueva dictadura propia, y organice tranquilamente los apoyos
de la democracia para contar con su esfuerzo si se materializa aquélla."
_________
Tomado de Samuel P. Huntington, La Tercera Ola. La Democratización
a Finales del Siglo XX. Paidós, Buenos Aires, 1994, pp. 141
a 143.
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