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ARTICULO
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3
de Agosto de 2000 |
Diccionario Del Alma
Humana
Un peruano explora la mente de hombres y mujeres
a la luz de Adler, el rebelde.
"¿Cree
usted que voy a pasarme toda la vida a su sombra", dijo Adler a Freud
en 1911. No creía en el excesivo peso que el fundador del psicoanálisis
concedía al impulso sexual. Hoy, Claudio Alarco, peruano que enseña
desde hace décadas en Alemania, aporta luces para el estudio de
la psicología de los individuos. Es también autor de un
Diccionario práctico para el conocimiento sexual.
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Freud,
en un poco conocido retrato por Dalí. Derecha, Alarco: una
contribución que recauda elogios de especialistas en Alemania.
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CLAUDIO Alarco von Perfall, hijo de peruano y alemana, vive y
enseña en Alemania desde hace 38 años. Hace poco llegó
al Perú con su nuevo libro, Diccionario de Psicología
Individual, publicado en Madrid por la especializada editorial Síntesis.
El texto se basa, fundamentalmente, en la escuela creada con ese nombre
por Alfred Adler, miembro de la trilogía celebérrima -Sigmund
Freud, Carl Gustav Jung y Adler- que, a fines del siglo XIX y comienzos
del XX, arrojó una sonda exploradora a las profundidades del alma
humana.
Psicología individual llamó Adler a su teoría; pero,
¡atención! él empleó el término individuo
en su sentido etimológico: in-dividuos. Es decir, indiviso,
inseparable. En un doble sentido: cada ser humano como una totalidad integral
y como parte indivisible del universo social.
Pocos saben que expresiones como "complejo de inferioridad" (o de superioridad)
fueron acuñadas por Adler, y constituyen elemento clave de su concepción.
Algo más: esa idea fue el punto de ruptura con su maestro. Para
Adler, Freud concedía excesiva importancia al impulso sexual. Por
esta razón se apartó, mejor dicho, fue expulsado de la Asociación
Internacional Psiconalítica que presidía.
Propone Adler que las estrategias tanto neuróticas como adaptativas
provienen del sentimiento de inferioridad que tiene el ser humano desde
el inicio de su existencia. Hay en esto una herida incurable, que, sin
embargo, puede llevar a la protesta viril (en el antiguo sentido de virtud).
El texto de Alarco reúne y discute conceptos que atañen
a todos, incluidos niños y adultos, hombres y mujeres. "Usted lee
el libro, y se lee a sí mismo", me dijo.
Pudo añadir: "Y lee su historia, y la historia".
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Adler:
aun los freudianos ortodoxos lo respetan.
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ASOMBRO JUVENIL
Claudio Alarco von Perfall nació en Lima, en 1941. Estudió
en el Colegio San Pablo de Chaclacayo, antes de ingresar a Estudios Generales
de la Universidad Católica. Luego siguió un año de
Psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Allí,
en el curso de Técnicas de Entrevista y Orientación Profesional,
en 1961, estudiaban a los clásicos, Freud, Jung, Adler, Sullivan.
-¿Cómo empezó su interés por Adler?
-Un día fui a la Biblioteca Ricardo Palma de Miraflores, en busca
de bibliografía sobre él. Encontré su libro El
conocimiento del hombre, un libro en que Adler exponía genialmente
su doctrina. Me causó tal impresión, que me dije: "Algún
día voy a escribir sobre Adler".
Luego marchó a Alemania, donde ingresó en la Universidad
de Friburgo. Hizo luego estudios completos de Psicología en la
universidad de Colonia, y de Antropología Cultural así como
Filología Románica en ese mismo centro académico.
Se doctoró con una tesis sobre Cultura y Personalidad en Ibiza,
impresa poco después por la Editora Nacional de España.
En Colonia le tocó elaborar para un seminario un trabajo referente
a la psicología individual de Adler. "Ahí descubrí
la riqueza de su pensamiento y empezó a madurar este interés
que me ha perseguido durante años", expresa.
Alarco explica en su Diccionario cómo el complejo de inferioridad
orgánico es vencido por el afán de superación, en
el caso de las personas normales. En otros, el complejo se desvía
hacia un ansia desmedida de poder. "Hitler", precisa, "padecía
de un fuerte complejo de inferioridad, que intentó una potenciación
desmesurada del poder".
Quien haya leído una biografía de Adolf Hitler, por ejemplo
la de Allan Bullock, no puede menos que recordar el joven y fracasado
aspirante a pintor, incapaz de crear figuras humanas y dedicado a una
minuciosa haraganería.
Una definición de Adler, citada por Alarco en el rubro de Esquizofrenia,
me remeció: "El grado más alto del aislamiento está
representado por la locura". A veces me he preguntado si la locura no
viene a ser en muchos casos sino un grado extremo, extremado, doloroso
del narcisismo, del egoísmo.
En la definición de Neurosis, Alarco señala cómo
la psicología contemporánea no encuentra un criterio común.
Pero uno de sus rasgos es un profundo sentimiento de inferioridad, que
engendra un exacerbado afán de superioridad.
TRABAJO, AMOR, CONVIVENCIA
"Frente a un problema, el neurótico por lo general expresa: `Lo
podría hacer, me gustaría resolverlo... pero'". Hay allí,
de acuerdo a Adler, no sólo una marca de inseguridad, sino también
un escaso desarrollo del interés social.
Recuérdese que para Adler la salud psíquica exige la realización
de tres tareas fundamentales: el trabajo, el amor, la convivencia social.
Cabe recordar que Adler fue un hombre de izquierda, cercano al socialismo.
Su hermano, Víctor, fue uno de los grandes dirigentes del Partido
Socialista Austriaco ajeno al bolchevismo. El psicólogo no fue
un político, pero, como lo recuerda Raymond de Becker en su libro
La vida trágica de Freud, en la época zarista muchos
marxistas exiliados, entre ellos Trotski, visitaron su casa de Viena,
en esos años en que la capital de Austria era un centro de intensa
irradiación cultural.
Pero Adler era judío, como Freud. Por eso tuvo que huir de su país
natal y refugiarse en Estados Unidos. Su hija mayor, Valentina, nacida
en 1898, era comunista, y murió en Rusia víctima de las
purgas stalinistas, hacia 1940. Adler había muerto tres años
antes, no sin haberse enterado de que sus libros, como los de otros autores
judíos o antifascistas eran quemados en Alemania en hogueras públicas.
Jung, entretanto, proclamaba que "el inconsciente ario dispone de un potencial
más elevado que el hebreo". Para él, el Führer era
un arquetipo. "Lo he visto llegar y puedo comprenderlo porque conozco
el poder del inconsciente colectivo".
A veces los psicólogos, en especial los que adulan a los dictadores,
omiten su propia inconsciencia individual. (César Lévano)
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