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ARTICULO
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3
de Agosto de 2000 |
Con la Espada Desenvainada
Apenas terminado su Mensaje, la Policía
desguarneció el centro. Los vándalos tuvieron cancha libre.
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Promesas
sin fuerza, desmentidas por el carácter de los nuevos ministros,
abren un tercer período muy poco prometedor.
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A las 9:30 de la mañana del 28 de julio, en el Hall de
los Pasos Perdidos del Congreso se daban los aprestos para la ceremonia
de juramentación del tercer mandato de Alberto Fujimori.
A lo largo del recinto ya estaban formadas, marcial y silenciosamente,
las escoltas de la Marina, la Fuerza Aérea y la Policía.
Destacaban por el uniforme de gala y la portentosa estatura de sus efectivos
los cadetes de la Escuela Militar de Chorrillos.
Los bustos de las figuras históricas del Parlamento republicano
sobresalían sobre las bayonetas y las plumas de los gallardetes.
Y entre ellas, a la entrada, la del soldado centinela Juan Ríos,
que fuera herido el 4 de enero de 1834 "al rechazar con denuedo a los
que atacaron la Asamblea Convencional".
De poblados mostachos, rostro afable y mirada determinada, resultaba inevitable
la pregunta sobre si Ríos, en esta oportunidad, hubiera también
levantado el rifle para repeler a los potenciales atacantes.
Al menos, en este caso los atacantes hubieran tenido que traspasar barrera
tras barrera de guardias de asalto, en cada intersección del Damero
de Pizarro, provistos con dos nuevos aditamentos para cumplir con su labor:
máscaras de gas y una escarapela patria engrapada al chaleco antibalas.
A medida que las manecillas del reloj se acercaban a las 11 de la mañana,
las galerías del Congreso fueron poblándose de largos sobretodos,
vestidos de gala, uniformes, sotanas. En las galerías del tercer
piso, la prensa se apretujaba. Y en el gallinero, los traductores. La
bancada oficialista -tránsfugas incluidos- ya había ocupado
sus curules.
Minutos antes de las 11 de la mañana, el jefe del Comando Conjunto
apareció en la galería tras una premonitoria clarinada que
tronó en el Hall de abajo.
El general José Villanueva Ruesta, hasta entonces ministro del
Interior, llegó con toda la charretera puesta, un impresionante
despliegue de honores y méritos donde había de todo como
en botica: tanques, paracaídas, helicópteros y banderas
de todos los colores.
Poco después, el arzobispo Juan Luis Cipriani llegó, enfundado
en una soberbia sotana negra. Pronto David Pezúa, del Poder Judicial,
Jaime Iberico de la Sunat, la Fiscal de la Nación, Blanca Nélida
Colán, y la nutrida delegación de viceministros, fueron
también ocupando sus asientos.
Por misterios del protocolo, a Roque Benavides, presidente de la CONFIEP,
le correspondió un asiento parapetado tras dos grandes columnas.
Forzó una interpretación auténtica en busca de una
reconsideración de su caso. En vano. En contraste, el asiento que
le tocó al jefe de prensa de Palacio, Carlos Orellana, era digno
de un pullman de Ormeño.
Faltaban pocos minutos para que Alberto Fujimori juramentara al asumir
su controvertido tercer mandato.
EL DISCURSO
El mensaje a la Nación de Alberto Fujimori ésta vez duró
43 minutos. Y cabe la pregunta: ¿Por qué tanto?
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Texto
desmentido por los hechos y que contiene grandes silencios; por
ejemplo, sobre democratización. Aunque habla de agroindustria,
este martes empezó la campaña agrícola: requiere
US$ 2.000 millones, y no hay crédito.
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En una situación política y económicamente crítica
para el país, Fujimori enunció bosquejos de un presunto
golpe de timón en materia económica, y se zurró olímpicamente
en la reclamada agenda democratizadora. Fue un mensaje a la Nación
literalmente gaseoso. Las delegaciones diplomáticas que esta vez
fueron ubicadas en tierra de nadie, entre la bancada de la oposición
y el binomio oficialismo/tránsfugas, aguardaron en vano un compromiso
de enmienda. Para muchos embajadores debe de haber parecido asombroso
el silencio sobre los compromisos con la OEA, recordados una semana antes
por el propio Fujimori en conferencia de prensa.
La pobreza de la agenda política de un Fujimori que cree necesario
gobernar quince años para redondear su gestión, resultó
así apabullante. Y en vista de la composición del nuevo
gabinete Salas, muy probablemente, un saludo a la bandera.
"Soy consciente de que en los dos primeros períodos los beneficios
no han alcanzado a todos los peruanos, de que la recesión última
ha incrementado las dificultades para no pocos", reconoció el mandatario
de arranque. Y pronto enunció los dos grandes objetivos del quinquenio:
"fortalecer la institucionalidad democrática y generar empleo y
bienestar".
Para algunos, finalmente tomó el toro de la reactivación
productiva por las astas. Afirmó que "el sector agropecuario recibirá
un tratamiento de emergencia", declaró que "la inversión
en proyectos específicos, que apunte a la descentralización
productiva, con énfasis en la generación de valor agregado,
contará con beneficios tributarios", e incluso apeló a la
tantas veces satanizada tesis cepalina de "sustitución competitiva
de importaciones".
Se ratificó en su intención de reducir los beneficios tributarios
al sector minero (ver Mar de Fondo), y prometió un "esquema de
reforzamiento patrimonial" para la industria, cuyos montos se darán
a conocer en las próximas semanas.
La barra brava de la bancada oficialista, con Absalón a la cabeza
aplaudía a rabiar. El grueso de la oposición hacía
rato que se había marchado del hemiciclo.
DEMAGOGIA
¿Y cuáles, por ejemplo, son los proyectos de desarrollo
estrella que harán que despegue la economía?
Pues, la maca de Cerro de Pasco, la cochinilla de Ayacucho, el camu-camu
de la Amazonia, la fibra de alpaca y de vicuña del sur peruano,
y los fosfatos de Bayóvar.
Claro que salvo la industria de la alpaca, el resto de productos no pasan
de ser en la actualidad proyectos experimentales a los que todavía
les queda un largo trecho por recorrer. Las exportaciones de camu-camu
y maca en 1999 apenas ascendieron a medio millón de dólares.
Fujimori mencionó también los fosfatos de Bayóvar,
que reemplazaron en esta ocasión la promesa del gas de Camisea.
La tan mentada reserva fue descubierta hace 41 años, y hasta ahora
sólo existe una planta piloto que produce 50 mil Tm. al año.
"Tampoco se trata de un commodity ", explica Walter Sánchez
del Ministerio de Energía y Minas, "y por lo tanto no tiene cotización
internacional, como el oro y la plata, lo que complica aún más
la situación".
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Como
en el juego de la gabardina de Cantinflas.
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En buena cuenta, lo de Bayóvar es un refrito, sacado de la manga
luego de varias décadas, que no promete mucho.
Fujimori también habló de impulsar el turismo, pero volvió
a repetir la falacia de que por cada turista se generan dos puestos de
empleo, ratio que fuentes consultadas del sector niegan enfáticamente.
Si fuera así, el año pasado ya se habrían generado
49.000 nuevos puestos de empleo.
Gran ausente fue la crisis del agro. El martes empezó la nueva
campaña que necesita según cálculos del Ministerio
de Agricultura US$ 2.000 millones en créditos que Boloña
no va a aflojar.
Arrebatando aspectos sustanciales de una agenda para el desarrollo de
personalidades como Francisco Sagasti, el mandatario propuso, de manera
prioritaria, "un programa intenso de transferencia de tecnología
que impulse la modernización de nuestra economía".
¿Para quién? ¡Pues para la artesanía!
Una vez más, Fujimori se salió por peteneras. "En la década
pasada se produjo una tendencia hacia la reprimarización de nuestro
aparato productivo" admitió, lo que en buena cuenta ha significado
una profunda crisis del sector manufacturero. Si de valor agregado y puestos
de empleo se trata, ése es un sector donde, según el Ministerio
de Trabajo, la caída del empleo fue de 20% entre 1990 y 1999.
De la gaveta de proyectos olvidados a lo largo de su primera década
de gobierno, Fujimori rescató la idea de que la Sierra, "que es
el eje histórico (del Perú), debe ser transformada en el
eje económico".
El Mandatario vislumbró una serranía donde "pequeñas
y medianas ciudades se conviertan en centros urbanos ordenados, planificados,
atractivos con economías viables y bienestar para su población"
aunque se cuidó de mencionar la precaria situación financiera
y política de los gobiernos locales, presas favoritas de la política
clientelista del fujimorato.
Y la pintó de verde. "Queremos una sierra verde, llena de bosques
y pastos mejorados, altamente nutritivos, poblada de vicuñas y
alpacas".
24 horas más tarde, durante el tradicional almuerzo con las FF.AA.
por Fiestas Patrias, en Palacio, el propio Fujimori se teñiría
de verde.
ENDURECIMIENTO
El discurso ante los militares no ha sido dado a conocer en su integridad,
ni siquiera en El Peruano. Pero por el fondo y por la forma, de acuerdo
a las versiones difundidas, es una intervención poco prometedora
para la democracia y la pacífica convivencia en el Perú.
Cierto es que esa alocución se produjo al día siguiente
de la violencia que azotó a Lima y la cual fue por lo menos permitida
por las fuerzas del orden. No se trataba de que les metieran bala, como
la congresista Martha Chávez ha expresado que debió hacerse.
No. Hay otros medios, no sanguinarios, que la Pdolicía conoce y
sabe emplear.
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El
otro discurso, el de la dureza. Entre los jefes militares, desafiando
a la opinión nacional e internacional, el inamovible ex capitán
Montesinos.
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Hay, por supuesto, que investigar los hechos, establecer responsabilidades
y sancionar culpables. Nadie más obligada que la oposición
a exigirlo, y a deslindar posiciones en el supuesto de que infiltrados
o desleales hubieran participado.
Pero nada de eso justifica que el Presidente lanzara a la oposición
democrática en conjunto la acusación de haber querido incluso
incendiar el Congreso. No se trata de meter las manos al fuego por nadie;
pero sí de exigir que, so capa de enfrentar una conjura violentista
que no existe, no se empiece a reprimir, a enjuiciar y quizás apresar
a quienes nada tienen que ver con la violencia del 28.
Algo más: el Presidente está obligado a mostrar pruebas
y culpables. No hacerlo, equivale a complicidad alentadora del encono
y la polarización. Ya en estos días se empieza a ver, en
declaraciones de oficialistas, los efectos del segundo discurso pronunciado
ante jefes militares y policiales, con un tono que hizo recordar a los
dictadores más deplorables de nuestra historia.
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