Edición Nº 1630

 

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    ARTICULO

    3 de Agosto de 2000

    FIESTAS PARIAS
    Un país dividido y una ciudad inflamada recibieron el aniversario de una independencia en busca de plenitud. Poco que celebrar. Cronología, costo político y trágicos saldos humanos de una guerra azuzada cuyas imágenes bien pudieron evitarse.

    Los gases tuvieron un insólito efecto horizontal. Fujimori acusa recibo de sus emanaciones a la distancia y Toledo resiste su embate en el fragor de una marcha reprimida.

    LA madrugada del viernes 28 un solitario peatón cruzaba la ya acordonada Plaza Mayor. Era Alberto Kouri, flamante congresista tránsfuga. Era la una y treinta de la mañana y Kouri venía del cóctel ofrecido en Torre Tagle a las delegaciones diplomáticas invitadas a la transmisión de mando. A pesar del buen diente de los asistentes, el buffet de Marissa Giulfo había quedado casi intacto, los perecibles se repartieron, el resto se guardó. La sorpresa esa noche había sido ver a Francisco Tudela hacer la cola como cualquier mortal a la hora del saludo protocolar. Mientras algunos perdían poderes, otros se daban ínfulas. Kouri paseaba orondo por la plaza vacía cuando un grito en medio del silencio le recordó su naturaleza. ¡Tránsfuga!, se repitió el grito, seguido del tintinear de monedas. Algún vecino insomne lo había identificado. Ahí acabó el paseo. Al salir del centro pudo haber constatado la existencia de por lo menos cuatro barreras policiales concéntricas antes de llegar a la Plaza Mayor. Según la Defensoría del Pueblo, desde la 12:07 a.m. grupos de manifestantes se movilizaban por Carabaya hacia la Plaza San Martín. A las 12 y 22 la Plaza de Armas estaba acordonada. Tres minutos después se inicia el primer choque en la esquina de Puno con Azángaro. Los intentos de los manifestantes por ingresar a la plaza se prolongarían hasta las 3 a.m. Nunca lograron hacerlo. Faltaban apenas horas para la convocatoria de la última etapa de la Marcha de los Cuatro Suyos.

    Olvidando el motivo de la protesta, si la tuvo, un vándalo sale con las manos llenas del Ministerio de Educación.Derecha, Rescate del primer grupo de vigilantes. Se alertó a la policía que otros permanecían atrapados, pero la respuesta llegó demasiado tarde.


    La movilización desde los tambos rumbo al Paseo de la República empezó a las 8 a.m. Simultáneamente comenzaba el Tedéum en la Catedral de Lima. Había una primera barrera policial a la altura de la avenida Tacna con Huancavelica. En el segundo control, al llegar al cruce de Camaná con Callao, ya no dejaban entrar a quien no estuviera debidamente acreditado. En un tercer control, Plaza de Armas con Jirón de la Unión, policía de asalto de lo más solícita escoltaba personalmente hasta su destino a quienes habían llegado hasta ahí.
    La marcha empezó a las nueve de la mañana. Su ruta era incierta, debido a la premeditada falta de cooperación de la Prefectura de Lima los días previos en determinar un circuito razonable. "Yo que ustedes no marcho", había sido el singular consejo personal del prefecto Fernando García Barreda, luego de ofrecer una absurda movilización hacia el sur por el zanjón, y negar una propuesta sensata de los organizadores: marchar por Lampa hasta Nicolás de Piérola para volver al Paseo de la República.
    El Congreso era el destino simbólico, pero la frontera real se llamaba avenida Emancipación. La Policía había establecido su territorio a partir de ahí. Los estrechos jirones de acceso hacia el norte eran fácilmente cubiertos por las barreras policiales, pero el ancho del jirón Lampa suponía el riesgo mayor. Los primeros choques se dieron ahí, pasadas las nueve, y el aire se llenó de gas lacrimógeno. La cantidad de manifestantes reunidos logró romper el cerco policial, pero nadie pudo cruzarlo por el efecto de la gran cantidad de gases. Es decir, como medida represiva de control de masas, los gases probaron funcionar perfectamente desde esa primera hora. A las 9:35 Gino Costa de la Defensoría del Pueblo se comunica con Carlos Bruce. Este le señala que los que están originando los disturbios son personas que no están bajo su control.

    Infierno En El Banco
    Muerte, destrucción y aparente negligencia en incendio del Banco de la Nación.

    Los agitadores rompieron las lunas y, sin impedimento alguno, prendieron fuego a las instalaciones del Banco de la Nación. Con los bomberos agredidos y una policía inoperante, las llamas hicieron colapsar la estructura del viejo local. Seis vidas se perdieron bajo las cenizas.


    A las 9 y 30 la compañía de bomberos Francia Nº 3 (Moquegua con Camaná) recibía el primer aviso de emergencia: habían manifestantes en diversos sitios del centro. Amainado el primer ataque con gases, alrededor de 50 personas asfixiadas fueron atendidas en dicha bomba. El resto retrocedió hasta la altura del Jurado Nacional de Elecciones, en la calle Nicolás de Piérola. Mientras tanto, en la Catedral, los asistentes empezaban a lagrimear. Ordenaron cerrar las puertas y aun así seguía el fastidio. Hurtado Miller, saliendo del templo, se permitió una broma:
    -"Estamos llorando porque nadie sabe a quién le va a tocar ser ministro".
    Dos comisionados de la Defensoría, cuando el reloj marcaba las 10:54, reportan un incendio de regular proporción en el edificio del ex Ministerio de Educación.

    Hubo muchos gases, pero pocos palos. Dentro de todo, la Policía -ante el ojo de la prensa- evitó acciones más brutales. Derecha, asfixia, química a pesar de antídotos caseros.


    Alejandro Toledo aparece conduciendo su 4 x 4 en Paseo de la República a las 11:10 a.m. Canal N transmite en vivo su aparición y caminata durante algunos minutos, al cabo de los cuales retoma el seguimiento de sus demás cámaras. A las 11 y 10 un grupo de congresistas de oposición abandonan el Congreso por la avenida Abancay. A las 11 y 16 un comisionado de la Defensoría reporta un ataque a la estación de bomberos Salvadora Nº 10. Se destruye una unidad móvil. Siendo las 11 y 30 a.m. tres comisionados de la Defensoría del Pueblo parten hacia la Plaza San Martín, luego que llamaran de Perú Posible informando que Toledo ingresaba a la plaza. En el camino pasan por el local del JNE y observan cómo desde el techo los guardias de asalto disparan gases masivamente a los manifestantes.
    Toledo reaparece a bordo de una pickup blanca en la esquina de Lampa con Nicolás de Piérola. Lleva una máscara antigás y camina hasta la Plaza San Martín, donde al lado de David Waisman y Gustavo Gorriti improvisa un discurso. La reunión es pacífica, pero simultáneamente continúa el enfrentamiento entre la turba y los policías del JNE.
    La víspera del 28 dentro de este local habían pernoctado entre 30 y 40 miembros de la USE (Unidad de Servicios Especiales), división antimotín de la Policía.
    La policía lanza bombas, la turba inmediatamente las recoge y las tira dentro de un corralón frente al JNE. Cuando se acaban las bombas, aparece un camión policial que los abastece nuevamente. Esto se repite como un juego macabro. La represión se intensifica hasta dispersar la reunión de Toledo. Recuperado, éste y el grueso de la gente marchan por Belén hacia Paseo de la República, donde se encuentra con un Víctor Delfín ya herido. A la una de la tarde Toledo y los que están con él vuelven a ser dispersados con gases lacrimógenos.

    Las bombas lacrimógenas no sólo hacen llorar, también sacan sangre disparadas a quemarropa. A eso se suman otros cortes y contusiones.


    Mientras tanto, Jorge del Castillo llega al JNE exigiendo se libere a los detenidos que hasta el momento habían sido retenidos dentro del JNE. En ese momento abren las puertas del local y algunos policías y efectivos de seguridad son agredidos. Las puertas se cierran inmediatamente.
    A las 11 y 45 el fuego arde en el ex Ministerio de Educación. Un teniente de la bomba Francia Nº 3 llega primero, pues logra salir antes que la turba impida la salida de bomberos. Evalúa el incendio como de grandes proporciones y pide 5 unidades más de apoyo, además de una unidad médica. Acuden las autobombas de Lima Nº 4, La Punta Nº 34, una de Salvadora 10 (calle Belén), y una de Comas Nº 124. La máquina de Lima Nº 4 es atacada en la Plaza San Martín. Agreden a los bomberos, les cortan las llantas, les roban las hachas y las llaves del auto. Aun así los bomberos controlan el fuego. Gente llega a entrar al local del Ministerio, con el fuego aún apagándose, y empieza un intento de saqueo. El fotógrafo Miguel Carrillo logra fotografiar a estas personas y al ser descubierto es golpeado. Le quitan su equipo fotográfico y documentos. Según el testimonio de un bombero recogido por CARETAS, alrededor de diez personas entran al patio del edificio, tres de ellas portan armas, dos de ellas petardos. Hay cuatro policías con metralletas resguardando el local, que se parapetan detrás de la bomba por temor a que se desencadene una masacre. Una tanqueta llega y empieza a despejar la zona lanzando gases. Esto es aprovechado por un policía que logra meter a la tanqueta a sus compañeros (vestidos de civil, por miedo a ser atacados). La turba vuelve a entrar al patio del antiguo Ministerio de Educación. Ahora son seis sujetos armados, cuatro con pertardos. Apuntando a los bomberos les dicen que los van a matar. Un petardo es lanzado a un vehículo. El ambiente es de tensión absoluta. Un sujeto armado advierte: "¡a los bomberos no!" La turba le prende fuego a otros carros más que se encuentran en el garaje y se van, persuadidos por un efectivo bomberil. Los murales del primer piso del antiguo Ministerio de Educación, autoría de Teodoro Núñez Ureta, Sabino Springett y Juan Manuel Ugarte Eléspuru son consumidos por el fuego. Al retirarse la autobomba recoge a dos periodistas de Canal 5 que estaban a punto de ser agredidos. Pasaron frente al Banco de la Nación, pero a esa hora aún no se había desatado el incendio.

    Sangre en la calle.197 civiles fueron heridos durante una marcha convertida en revuelta callejera.


    Diez minutos después de terminado el discurso presidencial, hacia el mediodía, los escáners de las redacciones limeñas escuchan en la frecuencia policial la orden de replegar efectivos policiales hacia la 22a Comandancia en la primera cuadra de Abancay.
    El repliegue policial ha comenzado. Por el jirón Camaná, siguiendo el retiro de las tropas policiales, entra el primer grupo de manifestantes a la Plaza Mayor. Provocan destrozos, incendian una caseta de información turística que han arrastrado desde la Plaza San Martín. Las cámaras de la policía filman los hechos. Un helicóptero de la policía sobrevuela la plaza. No hay un solo efectivo policial en ella. A las 12 y 13 el Tambo instalado en la Plaza de Acho es reprimido por la Policía con bombas vomitivas.
    Instantes antes un reducido grupo de vándalos habría atacado el Palacio de Justicia y le prendió fuego. Aquí tampoco habría un solo policía. Simultáneamente el ex Ministerio de Educación es atacado. Hacia la 11 y 55 de la mañana se reporta un incendio en en el JNE. Un grupo se encargó de romper las lunas de las ventanas para luego prenderle fuego a las cortinas. Rompen la puerta del garaje del Banco, en jirón Contumazá, y algunas personas ingresan al local. Los vigilantes, que se encontraban entonces en el quinto piso, lanzan macetas a los manifestantes tratando de evitar el incendio. Las primeras llamas se ven en la Calle Contumazá. En ese mismo momento otro grupo rompe las lunas del JNE que dan a esa misma calle. Una de las cortinas encendidas es llevada hacia al JNE, para empezar el incendio ahí. Esto es registrado por las cámaras de la Policía en lo alto de un edificio en la esquina opuesta al Banco de la Nación. Los bomberos de Lima Salvadora -a sólo tres cuadras- no pueden acudir, pues son apedreados apenas intentan salir de su base y el respaldo policial no llega. Un grifo de agua cercano, en la Plaza San Martín, es inutilizado en ese mismo momento. Dentro del Banco seis de los vigilantes deciden bajar a los primeros pisos con la intención de apagar las llamas. Dos de ellos se quedan en la terraza del piso quinto. Estos reúnen cable telefónico y se deslizan hacia el techo de una panadería contigua. En ese techo uno de ellos enterraría su arma antes de saltar hacia la calle, saliendo en una fotografía que daría la vuelta al mundo. Otro grupo se escaparía hacia Lampa haciendo una soga con cortinas. Los seis que descendieron del quinto piso son los que morirían.

    El solo hecho de vestir uniforme hizo presas de la golpiza a tres vigilantes del Ministerio Público. En este caso, la Policía dispersó la turba a balazos. Derecha: Manifestante devolviendo el saludo policial.


    Son las 11:57 otro comisionado de la Defensoría reporta a su base un incendio en el Palacio de Justicia. Tampoco hay resguardo policial ahí. Hay tres incendios simultáneos en Lima y la Policía se ha replegado.
    Con el JNE ya en llamas se vuelven a abrir las puertas de este local. Son las que dan a Contumazá. Salen policías y civiles, incluidas dos mujeres. Un policía es rociado con gasolina. Logra escapar porque la dueña de hostal vecino aboga por él. Otro se hace el muerto pero igual es golpeado por la turba. Acaba en el hospital. Otro se pone una toalla húmeda a manera de mandil y sale confundido entre la gente. Jorge Rochabrunt, jefe de Relaciones Públicas del JNE, sale en este grupo. Si bien los civiles no son atacados, alguien confunde a Rochabrunt con un policía por su corte militar y es alcanzado por un botellazo. Nadie sabe cómo los USE habían logrado salir del JNE dejando abandonados a su suerte a los civiles. Empieza a correr el rumor que el Ejército se ha levantado en Arequipa.

    Vandalismo y asomos de saqueo en el PROMUDEH. Similares escenas se vieron (derecha) en el Ministerio de Educación. Aquí, el fuego echó a perder murales de Núnez Ureta y se incendiaron autos particulares.


    Recién a las 2 de la tarde reaparece la policía, por centenares y lanzando gases a discreción. En menos de dos minutos desalojan la Plaza Mayor sin problema alguno. Bomberos intentan salir de la bomba Salvadora No 10 pero la turba en la Plaza San Martín se lo impide apenas doblan la calle Belén. Rompen el parabrisas con una piedra, el vehículo recula y los bomberos se refugian en su base amenazados por la turba. Los bomberos son acusados de fujimoristas. La aparición de Jorge del Castillo evita un linchamiento. Una primera unidad de bomberos con escala telescópica llega a la esquina de Lampa con Nicolás de Piérola. Según un comisionado de la Defensoría del Pueblo la unidad está parqueada media hora frente al incendio, sin actuar. Este comisionado intenta averiguar el porqué de la actitud, pero dice que encuentra una actitud reacia de parte de los bomberos. Estos acababan de ser agredidos, les habían bajado las llantas además, y con las llantas así resulta imposible levantar la escala telescópica (50 metros de alcance) pues el camión no cuenta con la estabilidad necesaria. Al cabo de media hora la unidad entra en acción y se traslada a la acera frente al JNE para rescatar a seis personas atrapadas en la azotea. Los bomberos se acoplan tanques de oxígeno. En ese momento las llamas en el Banco llegaban al cuarto piso, mientras que en el JNE había más humo que fuego.

    Gustavo Gorriti, asesor de Toledo, adelanta identificación de actores (derecha) inocentes y revoltosos del 28


    A las 2 y 45, tras varias explosiones que algunos atribuyen a balones de gas, se derrumba una pared del Banco de la Nación. Este edificio ya había soportado antes otros incendios, lo que -según expertos- podría suponerle una fatiga de materiales. Una hora y media de calor a 600 grados centígrados, que luego es bajada bruscamente, cristaliza el acero, haciendo colapasar las estructuras.
    A las 3 de la tarde se reporta un ataque contra el local de Atento, propiedad de Telefónica, en la esquina de Camaná con Moquegua, al lado de la bomba Francia Nº 3. Trescientos empleados, la mayoría mujeres, se refugian en la azotea. La participación de los bomberos evita un problema mayor y la gente logra salir por la puerta.

    Abandono de plaza.Terminada la juramentación se ordenó el repliegue, abriendo la posibilidad al caos. Derecha, Un sector importante de los manifestantes mantuvieron una actitud pacífica. Igual los gases fueron para todos.


    En la esquina siguiente, cuadra seis de Camaná, la turba ingresa al local del Promudeh. Se da el saqueo y se llevan computadoras. La policía regresa y los desaloja rápidamente.
    A las 4 y 50 Greta Minaya informa a la Defensoría que hay 100 detenidos en la segunda Región Militar.
    Hacia las 5 p.m., lanzando bombas lacrimógenas desde una tanqueta que da vueltas alrededor de la Plaza San Martín, la policía desaloja a los últimos manifestantes apostados ahí. Intentos de barricadas cierran parcialmente la plaza Grau, Garcilaso de la Vega y algunas calles aledañas. Los enfrentamientos se van alejando del centro histórico.
    A las 7 de la noche se reportan bombas lacrimógenas en el Tambo de Manco Cápac. A esa hora la Defensoría del Pueblo ya tiene números de desaparecidos, detenidos, heridos y muertos.
    El 28 de julio en la noche se registran treinta y cinco personas no ubicadas. Doscientos siete detenidos. Ciento noventa y siete heridos. Seis muertos.

     


    Cuando el Bloqueo Funcionó

    Cinco filas de policías, y un rochabús con ganas de escupir a diestra y siniestra, bloquean eficazmente a los manifestantes que intentan irrumpir en el Damero de Pizarro por el Jirón Lampa a la altura de Emancipación. Los gases, disparados a distancia, probaron ser efectivos. Si los destacamentos no se hubieran replegado en ésta y en otras vías de ingreso hacia la Plaza Mayor, se puede especular que otro habría sido el saldo de daños y pérdidas humanas. A la derecha, parapetada detrás del rochabús, policías sin cascos ni protección adecuada ante las piedras, replantea sus posiciones. Tras el repliegue policial la batahola se expandió hasta la Plaza Mayor mientras las llamas hacían estragos simultáneamente en varios edificios públicos. Los bomberos, desprotegidos, no podían actuar. La geografía del caos esta ilustrada en el mapa de la derecha. Zonas álgidas, cámaras de barrido automático cuyas cintas estan en manos del régimen, y retirada crítica de los uniformados, configuran los accidentes del 28 de julio. Mucho de lo que pasó pudo evitarse o siquiera atenuarse.


     

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