Edición Nº 1630

 

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    ARTICULO

    3 de Agosto de 2000

    Todo Marchaba Bien
    En vísperas del aciago viernes 28, las multitudinarias Marchas de los Cuatro Suyos daban muestras de madurez, ingenio y unidad.

    El "aluvión" periodístico preocupaba al régimen. Derecha: Toledo y FBT, jovial y memorioso al recomendar la unidad.

    "Siem-pre-de-pie, nunca-de-rodillas" ruge la multitud en el Paseo de los Héroes Navales. Son alrededor de las 7:30 p.m. del jueves 27 y la Marcha de los Cuatro Suyos alcanza uno de sus picos más altos: el Paseo de la República luce virtualmente copado por miles de personas que han respondido de manera entusiasta a la convocatoria lanzada dos meses atrás por las fuerzas democráticas y ahora desfilan, unas tras otras, portando las más elocuentes pancartas de fabricación casera repudiando la inminente juramentación de Alberto Fujimori.
    A esas alturas los organizadores tenían más motivos para sonreír que para estar preocupados. Tanto la movilización de ese día, como la Marcha de Mujeres por la Democracia del miércoles 26, se habían desarrollado pacíficamente y constituían ya, para más de un analista, un verdadero revés para el régimen.
    Y si bien al día siguiente 6 personas muertas y millones de soles en pérdidas configurarían el saldo negativo de la marcha, es evidente que el significado político y cívico de la movilización no debería agotarse ante estos lamentables sucesos. Dada la magnitud y diversidad de la masa convocada, es de esperar que una vez que amaine el efectismo televisivo, se deslinden responsabilidades y la oposición se recomponga, la Marcha de los Cuatro Suyos será definida como un hito en la lucha contra el autoritarismo.

    La edad no fue impedimento, el miércoles 26, para marchar por democracia. Derecha, la calle contra la inacción.


    Porque, más allá de las imágenes de horror y vandalismo registradas, está la participación de conspicuos miembros de la sociedad civil, de artistas e intelectuales junto a dirigentes sindicales y políticos que, ahora más que nunca desde el 5 de abril de 1992, han decidido actuar decididamente en la oposición.
    "No-hay-Presidente, no-hay-Presidente" era el grito unificador de miles de mujeres en la cuadra 10 de la Av. Arequipa el miércoles 26. Respondían así a una convocatoria de emergencia, dado que la elección de la Mesa Directiva del Congreso se había adelantado al martes tratando de dejar sin piso el primer día de protestas.
    Ante eso, los organizadores mostraron reflejos y llamaron a una marcha de mujeres para la tarde del 26. La masa comenzó a ganar volumen hacia las cuatro de la tarde e inició su recorrido a las 5 p.m., bajando por la Arequipa, cruzando 28 de julio hasta Paseo Colón y de allí rumbo a la Plaza Bolognesi, donde desde el balcón de la Federación Campesina del Perú, Eliane Karp, Mercedes Cabanillas, el ex presidente Fernando Belaunde Terry se dirigieron a la multitud reunida demandando unidad y resistencia.
    Allí, alrededor de 30 mil personas -entre ellas la ex Primera Dama Violeta Correa, la cantante Susana Baca, la escritora Rocío Silva Santisteban y actrices como Sonia Seminario y Mónica Sánchez- coreaban lemas contra el Gobierno. Esa tarde, pese a marchar frente a dependencias públicas -y medios de comunicación hostiles a la expresión ciudadana- no se reportaron escenas de violencia.

    Los ciudadanos participaron con símbolos e ideas. Derecha: Fantomas criollo en noche pacífica.


    Tanto en ésta, como en la parada cívica del jueves 27, fue difícil observar a alguien que no llevara consigo una cartulina, polo, vincha o banderola de rechazo al Gobierno o a sus más caracterizados voceros, lo que da una idea del talante festivo de ambas movilizaciones.
    Así, mientras la Plaza Bolognesi era pacíficamente tomada por delegaciones femeninas de partidos políticos, Comedores Populares y demás colectivos como Resistencia y Democracia Ya, una numerosa avanzada de Construcción Civil y el SUTEP llegaba a la Plaza Mayor. Allí su comportamiento fue pacífico, la presencia policial escasa y distante, y tras una hora de permanencia marcharon hacia Bolognesi.
    Aquella primera jornada, disuelta de motu proprio poco después de las 7 pm. había sido auspiciosa. La Defensoría del Pueblo los acompañaba y mostraba su satisfacción por los resultados de ese primer día.
    Por ello, el despliegue de banderolas, de lemas y pancartas que inundó el Paseo de la República al día siguiente exhibía las crecientes posibilidades de una oposición unida y dialogante, que no le mezquinaba el liderazgo surgido de las urnas a Alejandro Toledo, y que había coordinado activamente los detalles de la Marcha.
    El Paseo de la República desnudó los aciertos y defectos de la organización. Atrajo a ciudadanos de distintos segmentos socioeconómicos, fundió en un objetivo común a una multitud de limeños y a miles de provincianos llegados especialmente para la ocasión, y unió a casi todos los partidos y frentes de oposición -a excepción del FIM de Fernando Olivera y Avancemos de Rafael Rey- en una noche memorable para la democracia peruana.
    El desfile cívico, en el que la juventud tuvo destacado papel y la creatividad estuvo a la orden del día fue emotivo, pero se dilató en demasía y Toledo terminó hablando al filo de la medianoche perjudicándose con la partida de miles de manifestantes para felicidad de las cámaras de la prensa oficialista.
    Los planes para que el mitin coincidiera con la vigilia de manifestantes no surtieron efecto -muchos llevaban marchando más de 6 horas-, y casi un tercio prefirió seguir los sucesos en casa. Este se inició con el emotivo Juramento por la Democracia a cargo de la niña Lucía Wiener y que adelantara CARETAS 1629. Aquellos tres "Sí juro" que le arrancara a la multitud fueron la dosis de adrenalina que reavivó los ánimos.
    El alcalde Alberto Andrade rompió fuegos a manera de bienvenida con una vibrante arenga. Y a él le siguieron ocho oradores de los más diversos: desde una joven radical de saludo "clasista y combativo" hasta un Fernando Belaunde, invitado para reencontrarse con las masas, quien recogió el mensaje de unidad de los Suyos, jovial y memorioso. Todos ellos calentaron breve pero intensamente la plaza.

    Jueves 27, la Marcha alcanza su clímax y la unidad admite voces de diverso calibre. Centro: ratonil alegoría sobre usos y costumbres legislativas. Derecha, Miércoles 26, tras el viaje, un relax combativo.


    Alejandro Toledo fue el orador de fondo. Esta vez apareció con anteojos y leyó un discurso que recibió los aportes de, entre otros personajes, Javier Diez Canseco, y cuyo momento más importante fue el anuncio de un Frente Democrático de Unidad Nacional que, agrupando a las principales fuerzas de oposición, inicie acciones de resistencia pacífica dentro y fuera del país si el Gobierno se resistiera a implementar las reformas propuestas por la OEA.
    El solo anuncio de una oposición camino a la unidad, en correspondencia con los fines que en diciembre del año pasado perfilara el Pacto de Gobernabilidad suscrito por 14 agrupaciones políticas, significaba un logro para los Cuatro Suyos. Lamentablemente, errores de cálculo y factores ajenos en parte a los organizadores de la marcha (ver nota anterior), cuyo origen debe investigarse de manera imparcial hasta las últimas consecuencias, erosionaron gran parte de lo avanzado. Al menos en términos de imagen.
    Dado este panorama, el reto para las fuerzas democráticas será recomponer cuanto antes la reputación de una movilización que, en sus dos primeras jornadas, fue un ejemplo de organización y unidad. La contracampaña oficialista durante las últimas semanas adelantaba un escenario de fuego y muerte, lo que -sospechosamente- se cumplió el viernes 28.
    Los próximos días y la actitud enérgica con que las fuerzas democráticas afronten sus responsabilidades, así como su capacidad para explicarle al país los caminos a seguir, definirán un nuevo escenario de diálogo o confrontación. (Pedro Tenorio).


     

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