Edición Nº 1630

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    3 de Agosto de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Meditación, Hija

    AY, venía hoy de lo más dispuesta a hacerte el análisis psicodinámico que el nuevo Gabinete (cara de culete) se merece, cuando en eso recibo la llamada del gurú Kachaparada, mi maestro de yoga, meditación, Chikun, Taichi y negación psicótica coreana, para decirme que acababa de llegar a Lima y que quería verme. Dicho sea de paso, hija, mi gurú ha cumplido ya los ciento diez años, es el tataranieto de Buda Rimpoche Kachaparada y fue el iniciador del mismísimo Dalai Lama, porque tú sabes que yo soy de las que si necesita un abogado, no se busca a Delgado Aparicio.
    Bueno, regio como siempre, pucha, mi gurú venía en mi auxilio, porque entre el cinismo de El Innombrable Jijunay, la resonancia de las carcajadas rasputinescas del Doctor Sangre Seca, los ojos de orate de la Cuculiza en la juramentación, el vestido rosado mucosa de la virola Espinoza, la cara de cabeza clava Chavín de Farah, más lo que me tocó ver por la televisión el 28 de julio, pucha, la verdad que yo ya estaba para camisa de fuerza con costuras dobles, no sabes.

    Bueno, me reuní con el gurú y regio, flor de loto y a entrar en mi mundo interior y y a estaba franqueando la primera puerta de mi chakra pre auraazul, cuando en eso quién crees que se me mete, hija, como producto de mis karmas no resueltos: ¡ni más ni menos que Cáceres Velásquez! Pucha, pegué tal grito ante la cara de camélido parido por el codo del aymara tránsfuga ese, que Kachaparada regresó de su trance más rápido que si hubiera viajado en el Concorde que se cayó, no sabes; me miró con los ojos pitañosos aún de tan violenta vuelta y en su inglés de Peter Sellers me trataba de preguntar si en mi viaje por casualidad yo me había encontrado con algún piece of excrement, porque eso era lo que él había sentido en su conexión mental conmigo, y yo lo único que le pude responder fue, "mire maestro Kachaparada, estoy segura de que ni usted con toda su profunda sabiduría será capaz de imaginar el tamaño del piece of excrement que me ha tocado en el sagrado camino hacia el desapego. Por el amor de Dios, empecemos de nuevo pero si se me vuelve a aparecer ese sorete, lo dejamos para otro día, ¿le parece gurucito?".
    No sabes, mi gurú cerró los ojos, así cieguito se fue a una esquina, prendió un nuevo palo de incienso de sándalo con bubuti y exclamó en sánscrito: "Ah, Occidente; ah, Occidente, cada día te me pareces más al Oriente". Dicho lo cual, nos arrancamos de nuevo a meditar.
    Ay hija, estaba de lo más bonito el asunto, yo me desdoblé, transcurrí a mi ser anterior, estaba conversando en París con Clorinda Málaga de Prado, el único ruido que podíamos escuchar era el del Sena en primavera cuando en eso, qué se te ocurre: ¡el otro Cáceres, hija, el mostrenco pestífero del hijo se me mete al trance, solapado de mozo parisino! Bueno, ante semejante tragedia mi trauma de retorno a la peruvian reality ya fue con carajomierda, como podrás imaginar.
    No sabes, el gurú me felicitó porque me dijo que él había estado presente en mi yo en los dos momentos y que no los hubiera podido soportar ni el Mahatma Gandhi con una caja entera de Xanax de 50 mg. adentro. Me propuso hacer un tercer intento, y yo, un poco de mala gana acepté, hija, pero al segundo ¡OOOOOOMMMMMMMMM!, cuando ni siquiera había perdido la conciencia de estar en un departamento sanisidrino con una Jessikah's Jesseniah's que cantaba Ruth Karina mientras barría la lavandería, de pronto se me zampa al trance el ramillete ese de gordas porongas que ahora preside la mesa del Congreso, sanseacabó, le propuse al gurú que nos dejáramos de huevadas y que mejor nos sirviéramos un whiskicito, a lo que el viejo accedió sin pestañear.
    Como consecuencia, hija, nos metimos tal curda que creí en un momento que estaba matando a un siglo y su décuplo más de sabiduría, porque al pobre viejito le vinieron unas vomitaderas de espanto y hasta ahora debe estar con resaca allá en la cumbre de su monasterio en la ciudad sagrada de Mekong.
    Bueno hija, qué te puedo decir, creo que nada, ¿no? Un consejo nomás, cuando estés así -como supongo que debes estar si eres GCU, porque si no lo eres habrás de ser una fujimorona pacharaca que no lee esta columna- la única salida es: clase. Que el mundo te llegue al pincho, que esos monstruos sigan haciendo su merienda negra, que ya regresarán el equilibrio, la transparencia y todo lo demás. No hay piece of excrement que dure para siempre, hija: se pudre. Chau, chau. (Rafo león).


     

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