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3
de Agosto de 2000 |
Por LORENA
TUDELA LOVEDAY
Meditación,
Hija
AY, venía hoy de lo más dispuesta a hacerte el análisis
psicodinámico que el nuevo Gabinete (cara de culete) se merece,
cuando en eso recibo la llamada del gurú Kachaparada, mi maestro
de yoga, meditación, Chikun, Taichi y negación psicótica
coreana, para decirme que acababa de llegar a Lima y que quería
verme. Dicho sea de paso, hija, mi gurú ha cumplido ya los ciento
diez años, es el tataranieto de Buda Rimpoche Kachaparada y fue
el iniciador del mismísimo Dalai Lama, porque tú sabes que
yo soy de las que si necesita un abogado, no se busca a Delgado Aparicio.
Bueno, regio como siempre, pucha, mi gurú venía en mi auxilio,
porque entre el cinismo de El Innombrable Jijunay, la resonancia de las
carcajadas rasputinescas del Doctor Sangre Seca, los ojos de orate de
la Cuculiza en la juramentación, el vestido rosado mucosa de la
virola Espinoza, la cara de cabeza clava Chavín de Farah, más
lo que me tocó ver por la televisión el 28 de julio, pucha,
la verdad que yo ya estaba para camisa de fuerza con costuras dobles,
no sabes.

Bueno, me reuní con el gurú y regio, flor de loto y a entrar
en mi mundo interior y y a estaba franqueando la primera puerta de mi
chakra pre auraazul, cuando en eso quién crees que se me mete,
hija, como producto de mis karmas no resueltos: ¡ni más ni
menos que Cáceres Velásquez! Pucha, pegué tal grito
ante la cara de camélido parido por el codo del aymara tránsfuga
ese, que Kachaparada regresó de su trance más rápido
que si hubiera viajado en el Concorde que se cayó, no sabes; me
miró con los ojos pitañosos aún de tan violenta vuelta
y en su inglés de Peter Sellers me trataba de preguntar si en mi
viaje por casualidad yo me había encontrado con algún
piece of excrement, porque eso era lo que él había sentido
en su conexión mental conmigo, y yo lo único que le pude
responder fue, "mire maestro Kachaparada, estoy segura de que ni usted
con toda su profunda sabiduría será capaz de imaginar el
tamaño del piece of excrement que me ha tocado en el sagrado
camino hacia el desapego. Por el amor de Dios, empecemos de nuevo pero
si se me vuelve a aparecer ese sorete, lo dejamos para otro día,
¿le parece gurucito?".
No sabes, mi gurú cerró los ojos, así cieguito se
fue a una esquina, prendió un nuevo palo de incienso de sándalo
con bubuti y exclamó en sánscrito: "Ah, Occidente; ah, Occidente,
cada día te me pareces más al Oriente". Dicho lo cual, nos
arrancamos de nuevo a meditar.
Ay hija, estaba de lo más bonito el asunto, yo me desdoblé,
transcurrí a mi ser anterior, estaba conversando en París
con Clorinda Málaga de Prado, el único ruido que podíamos
escuchar era el del Sena en primavera cuando en eso, qué se te
ocurre: ¡el otro Cáceres, hija, el mostrenco pestífero
del hijo se me mete al trance, solapado de mozo parisino! Bueno, ante
semejante tragedia mi trauma de retorno a la peruvian reality ya
fue con carajomierda, como podrás imaginar.
No sabes, el gurú me felicitó porque me dijo que él
había estado presente en mi yo en los dos momentos y que no los
hubiera podido soportar ni el Mahatma Gandhi con una caja entera de Xanax
de 50 mg. adentro. Me propuso hacer un tercer intento, y yo, un poco de
mala gana acepté, hija, pero al segundo ¡OOOOOOMMMMMMMMM!,
cuando ni siquiera había perdido la conciencia de estar en un departamento
sanisidrino con una Jessikah's Jesseniah's que cantaba Ruth Karina mientras
barría la lavandería, de pronto se me zampa al trance el
ramillete ese de gordas porongas que ahora preside la mesa del Congreso,
sanseacabó, le propuse al gurú que nos dejáramos
de huevadas y que mejor nos sirviéramos un whiskicito, a lo que
el viejo accedió sin pestañear.
Como consecuencia, hija, nos metimos tal curda que creí en un momento
que estaba matando a un siglo y su décuplo más de sabiduría,
porque al pobre viejito le vinieron unas vomitaderas de espanto y hasta
ahora debe estar con resaca allá en la cumbre de su monasterio
en la ciudad sagrada de Mekong.
Bueno hija, qué te puedo decir, creo que nada, ¿no? Un consejo
nomás, cuando estés así -como supongo que debes estar
si eres GCU, porque si no lo eres habrás de ser una fujimorona
pacharaca que no lee esta columna- la única salida es: clase. Que
el mundo te llegue al pincho, que esos monstruos sigan haciendo su merienda
negra, que ya regresarán el equilibrio, la transparencia y todo
lo demás. No hay piece of excrement que dure para siempre,
hija: se pudre. Chau, chau. (Rafo león).
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