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10
de Agosto de 2000 |
Por LORENA
TUDELA LOVEDAY
Martucha,
Ag, y la
Identidad
Nacional
AY hija, algo ha pasado y no sé bien qué cosa es,
que pucha, o sea, de haber sido el Perú hasta hace una semana poco
menos que Burundi, ahora nos hemos vuelto un Ginebra un poco más
grande y con gente vestida por Geraldine en lugar de Luis Vuitton, pero
por ahí por ahí, ¿no sientes tú lo mismo?
Pucha, ahora todos de un lado y del otro, se llenan la jeta con la democracia
y hacen comisiones y dialogan y la OEA para acá y la OEA para allá
y yo te confieso que el tema me parece tan pero tan importante que hija,
o sea, lo único que realmente me ha angustiado hasta el desgarrón
existencial del píloro en los últimos días, fue enterarme
de que Diego García Sayán había organizado un almuerzo
en Villa el sábado pasado por sus cincuenta... ¡y no me invitó
el muy cabrón, a mí, que si me llama a las tres de la mañana
porque tiene ganas de hacer el sillón de peluquero, yo tiro las
sábanas antes de que él cuelgue el teléfono! Pero
así es la vida, hija, y todo esto no hace sino asegurarme en mi
convicción de que yo, pucha, tarde o temprano voy a terminar volviéndome
lesbiana, una minoría que la pasa regio, no tiene que estar aguantando
las patanerías de ningún falocrático ni el olor a
zapato por dentro, hija, que en los hombres es mil veces peor que en las
mujeres, de eso no tengo ninguna duda.
Pero bueno, ingratos aparte, te cuento que el otro día me puse
a ver a Jaime entrevistando a Martucha, ag, y empecé a asociar
libremente, hija, a ver si entendía un poco a la cachalota tuerta
de nuestra querida oficialona. Mi raciocinio iba más o menos así,
escucha: si Martucha, ag, no hubiera llegado a congresista, qué
te puedo decir, con suerte sería ahora la señora de la movilidad,
o la cajera de la farmacia San Juan, tú me entiendes perfectamente.
Sin embargo, valgan verdades, le duela a quien le duela o te guste o no
te guste, pucha, la mujercita llegó y qué te crees, así
como es ella que no vale nada, feona, tupidona, desangelada, sin un dios
te guarde, mediopelona y confundida, pucha, ahí está, y
todo el mundo la conoce, debe tener sus ahorritos, a la bebe la viste
-como el orto, eso sí- pero la viste con ropa comprada en Miami,
mal que bien tiene su maridete y nadie podría decir que no luce
agallas, porque eso sí, o sea, le pese a quien le pese, pucha,
hay que tener unas agallas del tamaño de los pies de Martha Hildebrant
(calza 45 en zapatillas, me han contado) para salir por aquí y
por allá a decir las leseras que suelta con una seguridad en sí
misma digna de mejor causa, pobre.
Bueno, tratando de ser súper objetiva, ¿qué nos dice
eso sobre el rol de la mujer en la vida política peruana? (uno
de mis issues favoritos, no sabes). Nada, bien sencillo, que como
los hombres en el Perú históricamente han sido unos cagones
(con el perdón de la vulgaridad), pucha, las riendas las han tenido
que asumir personajes así, o sea, como Martucha, ag, como la Mellado,
la Gamboa, la virola de la Espinoza, que cómo te explico, pucha,
son como esas tazas de imitación porcelana que antes vendían
en el mercado, ¿ya?: feas pero eficientes, y en algunos casos,
hasta pretenciosonas, porque si te pones a pensar, pucha, todas las que
te he mencionado andan bien a la peluca, al sastre verde y según
me han chismeado, pucha, a todas les encanta echarse el frasco entero
de perfume en la mañana, y entonces el Legislativo adquiere un
élan de salón-de-madame-Frou-Frou que nada te cuento y regio,
me parece súper positivo a pesar de que políticamente sean
chafalonía pura.
Así es la realidad y es más, pucha, creo que el asunto ya
es genético, y habrá que esperar los avances en las investigaciones
sobre el genoma humanom a ver cuánta razón tengo. Yo te
juro que encantada indagaría en el árbol genealógico
de Martucha, ag, si no supiera que la pobre no tiene árbol sino
ichu genealógico pero no importa, hija: estoy segura de que todas
sus antepasadas -costureras, especialistas en inyectables, cajeras de
Kelinda, boticarias, maestras de OBE- pucha, corresponden a ese perfil,
y te digo, o sea, me parece regio porque por lo menos ya nos da una pauta
para la tan deseada identidad nacional que nos hace horrores de falta.
Bueno hija, lo dejo acá y ya la semana próxima te voy a
comentar los ojos cansinos de Pico Salas. ¿Te puedes imaginar cómo
los bajará cada vez que tiene que conversar con el Doctor Mefisto?
Chau, chau. (Rafo León).
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