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10 de Agosto de 2000 |
Por
AUGUSTO ELMORE |
INCONGRUENCIAS de la mayoría: al cierre de esta página,
el historiador Pablo Macera ha sido elegido presidente de la Comisión
de Ciencia y Tecnología del Congreso, pero, me pregunto, ¿sabrá
al menos manejar una computadora?, ¿tendrá alguna noción
de ciencia y tecnología? Dicho esto sin ánimo de ofenderlo,
porque a mí me pasa lo mismo. Mientras tanto su mentor, el ingeniero
agrónomo Absalón Vásquez fue propuesto para el mismo
cargo pero en la Comisión de Educación, Cultura y Deporte,
asuntos sobre los que seguramente sabe tanto como Macera de aquello que
le ha tocado. Ya sólo faltaba que pusiesen a Martha Chávez
a la cabeza de la Comisión de Derechos Humanos y Pacificación.
Por su parte la señora Martha Moyano se ha lanzado de espontánea,
digo es un decir, para acusar penalmente a Toledo y otros dirigentes de
la Marcha de los Cuatro Suyos por los sucesos del 28 de julio último.
¡Triste papel el de la hermana de la sacrificada lideresa de Villa
El Salvador. De hermana de una brillante dirigente popular a eso: acusete
por encargo.
Ya sé que parecía una insensatez -y probablemente lo era-,
el tratar de que los manifestantes, entre los que todo el mundo lo sabía
iban a estar una gran cantidad de infiltrados, llegaran a la Plaza de
Armas y al Congreso para manifestar su protesta por las elecciones amañadas
y por las arbitrariedades del gobierno. Pero la verdad es ¿qué
le cabe hacer a un pueblo para hacer público su descontento? ¿Sentarse
a ver por televisión, en todos los canales del gobierno, es decir
el 2, 4, 5, 7, 9, 11, 12, etc., la fastuosa ceremonia del Te Deum de la
Catedral? ¿Se pretende que el pueblo peruano sea ese resignado
de humillada cerviz a que se refiere el himno nacional?
A juzgar por todos los indicios, los vándalos que cometieron los
desmanes en el centro de Lima parecían más ser eso, vándalos
reclutados en el lumpen (como otras veces ha hecho el gobierno), que esos
manifestantes ordenados, alegres y gritones que repletaron el Paseo de
la República el día anterior.
Tal como lo recalcó el diario El Comercio, todas las comisiones
del Congreso fueron acaparadas por la mayoría, como si Fujimori
en estas elecciones forzadas y amañadas hubiese obtenido el 99%
de los votos y no una mayoría apenas superior a la de su contrincante,
que luchó en absoluta desigualdad de condiciones. Eso nos parece
un escándalo a todos los peruanos que nos sentimos libres, y que
no humillamos la cerviz.
Mientras pueblos como el mexicano guardan reverencial respeto por su historia,
en el Perú cada día se descubre un nuevo atentado contra
nuestra heredad histórica, cometido por pobladores ignorantes y
desaprensivos. A eso conduce el programa del gobierno, que le da la espalda
a la cultura y que fomenta una televisión y una prensa basuras.
Y que es capaz de nombrar al frente de la Comisión de Cultura del
Congreso a un ingeniero agrónomo probablemente ignorante en el
tema.
Otra muestra de incultura supina es la tala de árboles que en todos
los distritos y lugares de la república se produce todos los días,
que amenaza convertir al Perú en un país sin naturaleza
viva.
Lo que sí es admirable es el esfuerzo que hace la Pontificia Universidad
Católica y su activo Centro Cultural por la difusión cultural.
Una muestra de ello, además que de organización y eficiencia,
lo constituye el Cuarto Encuentro Latinoamericano de Cine que se lleva
a cabo actualmente en el CCPUC, que reúne realizaciones cinematográficas
de todo el subcontinente, en tarea que suple las deficiencias de nuestros
países y las de las connotadas, costosas y casi inútiles
instituciones como el Acuerdo de Cartagena, el Mercosur y otras que se
hicieron con la intención de unirnos, cosa que por cierto si siquiera
intentan de verdad. Y por esa razón mucho menos, por cierto, logran.
El glorioso ejército peruano, que rindió pleitesía
anticipada a Fujimori antes de que asuma el mando por tercera vez, se
abstuvo de realizar el tradicional desfile de Fiestas Patrias en el lugar
de costumbre, y buscó el amparo de la inaccesible Comandancia General
del Ejército, en el llamado pentagonito, a fin de evitarse los
probables chiflidos con los que seguramente iba a ser recibido por el
pueblo, por primera vez en su historia. En ese lugar desfiló ante
los otros súbditos gubernamentales. La pleitesía cuesta,
después de todo.
En la edición anterior dije que el primer ministro Federico Salas
no sabía en qué caballo se había montado. Ese caballo
es chúcaro y no admite bridas. Mas tengo la sospecha de que quien
lleva las riendas es otro y que es a él que no tardarán
en aplicarle las espuelas.
Cuando esta página salga publicada, ya estará acá
el enviado permanente de la OEA. Espero que si toma decisiones pronto,
no se le prendan los diarios mugre, acusándolo de pervertido o
algo parecido. No me extrañaría nada que así termine
la cosa.
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