Edición Nº 1631

 

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    10 de Agosto de 2000

    Por FERNANDO VIVAS

    ¡Y Lo Siguen Matando!

    Los responsables directos del toledicidio.

    El toledicidio es lento y doloroso pero no necesariamente mortal.

    TAL vez el mayor crimen no sea acribillarlo a diario sino haberlo dejado crecer. ¡Qué intrincado, transfugado e infiltrado maquiavelismo el que lo hizo flotar por encima de su techo de 15% -lo que obtuvo en su mejor momento de la campaña del '95- hasta liderar la oposición, entusiasmar a los 4 Suyos e interlocutar -¿así se dice?- con la OEA! ¡Qué perverso cálculo de serial-killer psicosocial el que fulminó a otros opositores y sembró al Perú Posible de Alejandro Toledo con todos los virus posibles!
    Pero ¿se puede culpar a un político ambicioso de cruzar las puertas que se le abren?, ¿se puede culpar al ratón de correr hacia el queso cuidando que no le caiga la trampa sobre el hocico cuando hay otra mucho más grande que ya la tenemos todos sobre el pescuezo... aunque esa trampota se llame paranoia?, ¿es justo acusar a la víctima de vanidad, aventurerismo e irresponsabilidad porque se dejó robar en un cruce tan peligroso como el de Lampa con Emancipación?
    No son cargos, son preguntas y sus correspondientes dudas. Lo que no dudo es que Toledo tenga el derecho de volver a ser lo que fue: un candidato para "entretener" (como él mismo diría), en competencia justa con cualquier otro líder (menos Fujimori) y en elecciones libres -tele realmente abierta, prensa no condicionada, Onpe limpia- que no deben tardar demasiado.

    Luego de la fase pasiva del toledicidio, la de dejar hacer, dejar crecer y sembrar ilusiones; el toledicidio activo se desata ad portas de la primera vuelta. La ARTV, Expreso y la prensa chicha -el eje mediático fujimontesinista- descargaron su artillería contra la oposición y su líder accidental. Las bombas molotov y los misiles más sofisticados que se lanzaron sobre él son conocidos por todos: una antología de la insidia y la desinformación que va desde la presunta hija que ya era caso juzgado hasta el mote de neoterrorista.
    Las condiciones de propiedad, vulnerabilidad económica y jurídica de los medios, además de la descripción de sus "usos radicales" a los que los ciudadanos estuvimos expuestos entre vueltas (y lo seguimos estando), son la materia ígnea de "Suma y resta de la realidad", libro de la periodista Jacqueline Fowks publicado por la Fundación Ebert. Fowks mapea y tabula la reincidencia de cortinas de humo, coberturas a favor y en contra, silencios e infamias del ventilador desinformativo del régimen.
    "Los medios, ya sea por opción voluntaria o por sus relaciones con las esferas de decisión, recortan pedazos de la realidad y deciden presentar, a veces, un conjunto muy pequeño o muy deformado de lo que tuvieron a su alcance como materia prima de la información" dice Fowks aludiendo elegantemente a las intrigas de Guillermo Thorndike, Eduardo Calmell o Umberto Jara en sus respectivos centros de trabajo. En el trajín de esta suma y resta de la verdad nuestra salud cívica y moral es la que sale perdiendo.

    Y lo siguen matando no porque sea una necesidad política del continuismo -al contrario, inerme y desangrado, les es más útil- sino porque es un espectáculo más en este circo de horrores top del ranking en el que se ha convertido la pantalla y la primera plana nacional. El conteo de sus tránsfugas, los sollozos de su ex secretaria Ana María Liberati, la persecución a sus dirigentes intermedios, son chicotazos eléctricos graduados para que ninguno sea el que le dé la muerte. Por suerte, son muchos los que quedan en pie.



    Escribe
    RAUL TOLA PEDRAGLIO

    Raúl Tola, de Canal N a la "Tv. con cara de rana".

    Debo admitir que tengo una deformación profesional: me interesan básicamente programas relacionados con lo que hago, y que me sirven como referentes. No me pierdo, por ejemplo, a James Lipton y su "Inside the actors studio", todas las semanas en Film & Arts. Simplemente magistral. Tampoco a Larry King, en CNN, ni a doña Barbara Walters, si tengo suerte y la encuentro mientras zapeo. Como es evidente, el resto de mi vida lo paso conectado con Canal N, ya sea como televidente o conduciendo alguna media hora informativa. Todas las noches, además, veo a Jaime de Althaus y "La Hora N", que combino con CCN y Jorge Morelli, para no perder de vista a la otra parte. Finalmente soy un fanático de la NBA, el fútbol europeo y los malcriados de Southpark, en Locomotion. Como puede notarse, casi no veo televisión de señal abierta, me parece un desperdicio de tiempo y una falta total de autoestima. La explicación de esto la dio Hank Bukowski hace casi treinta años, que la describió diciendo: "Y había una vieja terrible con cara de rana. Era horriblemente fea. (...) Y ellos sólo se movían y tranquilamente ponían sus caras en la pantalla y hablaban entre sí y se reían de algo. Era muy difícil reír con sus chistes y bromas, pero no parecían tener ningún problema para hacerlo". ¿Coincidencia? No creo.

     

     



    Sir Alec Guinness sobre el río Kwai.

    El Récord de Alec

    Cuando no lo conocía creía que el "Sir" antes del Alec Guinness era la advertencia de un actor de polendas, con paporreteo de Shakespeare, barriga imperialista y barba de mago Merlín. ¡Qué aburrido! Una vez que lo conocí, en el papel del militar que -de puro pelotudo y formalista- construye el puente sobre el río Kwai para demostrar a los japoneses lo disciplinados que son los prisioneros ingleses, ¡qué sorpresa! El personaje era patético y Guinness sobreactuaba pero en su agonía había brotes de negrura que pude ver más tarde, en todo su esplendor, en "The Ladykillers" y "Kind, hearts and coronets", obras maestras del sardónico humor británico. En la segunda, Guinness interpreta ocho delirantes papeles, ocho herederos de toda condición y pelaje que deben ser asesinados de las formas más crueles y elegantes. Un récord de Guinness. Si sólo lo conocen por su Obi Wan Kenobi de "La Guerra de las Galaxias", espérense a ver algo de su mejor época. Acaba de morir a los 86.




    Picotazos

    -"De ese departamento una columna es mía, la cocina es de Yesabella, los cimientos de Mónica Adaro..."

    -Wendy Menéndez a Beto Ortiz refiriéndose al departamento de Magaly Medina.



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