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ARTICULO
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17
de Agosto de 2000 |
De Apresado A Reparado
CARETAS estuvo en una audiencia de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos sobre el caso Cesti. La reparación final al
ex broker está a la vista y los despropósitos del Gobierno
también.
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Gustavo
Cesti y Alberto Borea, su abogado ante la CIDH.
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SIN
ninguna vergüenza jurídica, Jorge Hawie, abogado del Estado
Peruano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso del
ex broker de seguros Gustavo Cesti, sentenció: "No está
probado que Leonor La Rosa o los estudiantes de La Cantuta se autotorturaron,
lo que sí está probado es que Cesti se autoencarceló".
Un murmullo de risas se escuchó en la Sala de Audiencias de la
CIDH ubicada en el barrio Los Yoses de San José. Entre los sonrientes
-a quienes Hawie respondió diciendo "a mí no me da risa,
sino pena"- estaba nada menos que el juez Baltasar Garzón.
Alberto Borea, por cierto, abogado de Cesti, aprovechó el derecho
de réplica que luego le fue concedido para pulverizar los argumentos
de Hawie recordando las tesis `marthachavenses' sobre la autodesaparición
de los estudiantes de La Cantuta y otras ideas memorables.
Pero, ¿qué es lo que estaba en juego aquella mañana
calurosa del pasado 9 de agosto? Se trataba de una audiencia pública
para ver la reparación que Cesti debe recibir por parte del Estado
Peruano, luego de que, precisamente gracias a un fallo de la mencionada
Corte, fuera puesto en libertad el 10 de noviembre de 1999. Dicha sentencia
fue cumplida aunque irregularmente (nunca se emitió ninguna resolución,
simplemente se abrieron las puertas del presidio), por lo que no se esperaba
una actitud distinta en esta nueva causa.
Del lado del Estado Peruano, además de Hawie, estaba Rolando Eyzaguirre,
un joven abogado, centrado en cuestionar, a su juicio, lo desproporcionado
de la suma de reparación solicitada: 32 millones de dólares,
que incluyen el lucro cesante (lo que Cesti dejó de ganar), el
daño emergente, el daño moral y el perjuicio a los familiares.
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Los
magistrados que escucharon a ambas partes alistan un fallo que podría
sentar precedentes.
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Borea, sin embargo, sostuvo con documentos de la Superintedencia de Banca
y Seguros, cuál era el nivel de ingresos de Cesti y sus proyecciones,
por lo que la suma le parecía adecuada.
El 4 de mayo de 1997, luego de una arbitraria detención, producida
tras acusar de malversación a Augusto Miyagusuku y otros directivos
de la financiera Popular y Porvenir, Cesti fue sentenciado a 4 años
de prisión en el Fuero Militar (siendo un capitán retirado
hacía varios años). El recurso de hábeas corpus presentado
entonces por Borea fue tratado como una zapatilla por el Consejo Supremo
de Justicia Militar.
Cesti, estuvo detenido en el cuartel Simón Bolívar de Pueblo
Libre desde el 26 de febrero de 1997, a pesar de que 14 días antes
(el 12 de febrero) la Sala Especializada de Derecho Público, presidida
por el magistrado Sergio Salas, dispuso que cese la persecución
contra él. La telaraña de Popular y Porvenir, sin embargo,
cuyas redes, al parecer, llegan hasta bien arriba, siguió adelante
y desoyó toda sentencia judicial, incluyendo las recomendaciones
de la CIDH.
Fue así que el caso Cesti llega a la Corte Interamericana y se
produce la sentencia del 27 de setiembre de 1999, que dispone su liberación,
pero que es acatada recién en noviembre. El 29 de enero del 2000
la Corte declara que deben cesar los embargos contra Cesti. De modo que
la audiencia en la que estuvo presente CARETAS tenía como fin hacer
cumplir un artículo de la Convención Interamericana de Derechos
Humanos que dispone la reparación de quien ha sufrido error judicial
por parte del Estado.
Al lado de Borea, estaba Luis Fappiano, un jurista argentino que actuaba
a nombre de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Entre
ambos procuraban sustentar el reclamo de Cesti, sobre el cual se puede
discutir el monto, pero no el fondo y la forma. Después de que
la tesis del autoencarcelamiento fue expuesta en la sala, al público
asistente no le quedó la menor duda de que en el Perú el
Estado de Derecho ha sido puesto de cabeza. Y ello, en nombre de preservar
a un régimen que se zurra, con demasiada frecuencia, en los derechos
más elementales de quienes no le simpatizan.
Algunas risas más se escucharon al final de la sesión. En
los próximos días se emitirá la sentencia final y
todo indica que ésta será favorable al ex broker. Y es que
como alguna vez señaló CARETAS, el caso Cesti no es ningún
chiste (Ramiro Escobar).
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