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17
de Agosto de 2000 |
Por LORENA
TUDELA LOVEDAY
Encuentro
De
Dos Culturas, Hija
AY hija, te juro que este país es tan complicado que buscar
entenderlo con la mentalidad cartesiana occidental, pucha, es como pretender
que Martucha, ag, ay no sé, o sea, salga finalista en un Miss Mundo
porque así lo exige el relativismo cultural de la antropología
moderna, yo sé que tú me entiendes.
Mira, invité a mi pata del alma Stephan de la Fressange a pasar
unos días por acá, porque después de su último
intento de suicidio había quedado hecho una noche, no sabes. Dicho
sea de paso, o sea, Stephan es parisino, arquitecto, súper GCU,
sofisticado como no hay dos y claro, cuando Miguelón de Osma lo
conoció hace como ocho años en un luau, comentó,
"puta, que ese huevón ni se meta a la piscina porque va a hacer
globitos". No tengo nada más que añadir.
Regio, vino Stephan pero lo que no fue tan regio es que se me presentó
con Miou, su noviete nuevo, que es loca como una manola de Goya pero precioso
al punto que yo le haría un cabestrillo o una de esas cosas y ya,
aunque sea para sacarme (o el revés, ejem) el clavo. Sin embargo,
hija, bello y todo el tal Miou es un marsellés hijo de pescadores
(algo así como un Absalón pero del mar Mediterráneo,
¿ya?) y a mí nadie me quita la idea de que lo sangronea
a Stephan a su reverendo antojo, pero ése es su problema. Lo que
sí, o sea, para no aguantarlos mucho rato en mi casa, pucha, me
los llevé al Cusco y ahí empezó toda la antropología.
Para comenzar, pucha, llegando al hotel a Stephan y a mí nos vino
un soroche que te juro, yo he llegado a alucinar que me estaba poseyendo
el espíritu de María Jesús Espinoza porque hasta
bizca me volví, y el pobre Stephan gritaba "mierdá, mierdá,
con razón tienén presidenté chinó, estó
no lo aguantá le monde civilizé..." En cambio la loca, no
sabes, regia, se puso su polito con la bandera gay por delante y hecha
una libélula gala se mandó cambiar por las calles de la
Ciudad Imperial.
Bueno, a las tres horas Miou regresaba ni más ni menos que con
el subprefecto, hija, para que yo le traduzca lo que este segundo caballero
le quería hacer entender. Te imaginarás que con el soroche,
la bizqueadera, el dolor de cabeza y un rosquete sesentón a mi
costado que lloraba como una Sarita Colonia recién salvada de la
violación, mis posibilidades de entender a un coronel PNP tratando
de hablar en francés eran un tanto limitadas, qué quieres
que te diga, tanto no puede una.
Para hacértela breve, la cosa fue así: el coronel había
visto a Miou dando de saltos entre las rocas de Sacsayhuamán y
no había llegado a mejor conclusión de que ese efebo rubio
dorado, con "la bandera de nuestro Tahuantinsuyo, mamá" en el pecho,
no era sino un príncipe Inca históricamente perdido entre
los meandros del choque de dos culturas, y que él quería
que presidiese la ceremonia de izamiento de la bandera del día
siguiente.
Mira, yo no voy a entrar en detalles, ¿ya? pero sólo te
pido que te imagines una parada militar en la Plaza de Armas del Cusco,
en la que batallones de las tres fuerzas armadas y las dos policiales
le rinden honores a Miou, quien no había encontrado mejor idea
que salir de drag queen, hija, con peluca ciclame de Cleopatra,
palazzo de anaconda color malva y unos zapatones de cuarenta centímetros
de alto que ni la tía Hildebrandt, no sabes.
Para mí el highlight del asunto vino cuando izan la bandera
del Tahuantinsuyo, hija, y Miou emocionadísimo se pone a cantar
a gritos, con gorjeos de Edith Piaf, La Vie en Rose, que como tú
sabes, pucha, es el himno gay en todo el mundo. Lo que pasa es que con
su vozarrón de vaporino marsellés imitando a la Piaf, mientras
todo el mundo cantaba el himno nacional de acanga, no sé si me
entiendes...
Sin embargo, pucha, el desfile salió regio, a Stephan se le pasó
la depre al mismo tiempo que el soroche ("no pudé sabér
antés que éramós tantós en Perou", comentó
sonriente) y yo pude comprobar una vez más que si hablamos de antropología,
pucha, el Perú es un pedazo de tierra con una creación intersubjetiva
encima. Lindo. Chau, chau (Rafo León).
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