Edición N† 1632

 

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    17 de Agosto de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Encuentro De
    Dos Culturas, Hija

    AY hija, te juro que este país es tan complicado que buscar entenderlo con la mentalidad cartesiana occidental, pucha, es como pretender que Martucha, ag, ay no sé, o sea, salga finalista en un Miss Mundo porque así lo exige el relativismo cultural de la antropología moderna, yo sé que tú me entiendes.
    Mira, invité a mi pata del alma Stephan de la Fressange a pasar unos días por acá, porque después de su último intento de suicidio había quedado hecho una noche, no sabes. Dicho sea de paso, o sea, Stephan es parisino, arquitecto, súper GCU, sofisticado como no hay dos y claro, cuando Miguelón de Osma lo conoció hace como ocho años en un luau, comentó, "puta, que ese huevón ni se meta a la piscina porque va a hacer globitos". No tengo nada más que añadir.
    Regio, vino Stephan pero lo que no fue tan regio es que se me presentó con Miou, su noviete nuevo, que es loca como una manola de Goya pero precioso al punto que yo le haría un cabestrillo o una de esas cosas y ya, aunque sea para sacarme (o el revés, ejem) el clavo. Sin embargo, hija, bello y todo el tal Miou es un marsellés hijo de pescadores (algo así como un Absalón pero del mar Mediterráneo, ¿ya?) y a mí nadie me quita la idea de que lo sangronea a Stephan a su reverendo antojo, pero ése es su problema. Lo que sí, o sea, para no aguantarlos mucho rato en mi casa, pucha, me los llevé al Cusco y ahí empezó toda la antropología.

    Para comenzar, pucha, llegando al hotel a Stephan y a mí nos vino un soroche que te juro, yo he llegado a alucinar que me estaba poseyendo el espíritu de María Jesús Espinoza porque hasta bizca me volví, y el pobre Stephan gritaba "mierdá, mierdá, con razón tienén presidenté chinó, estó no lo aguantá le monde civilizé..." En cambio la loca, no sabes, regia, se puso su polito con la bandera gay por delante y hecha una libélula gala se mandó cambiar por las calles de la Ciudad Imperial.
    Bueno, a las tres horas Miou regresaba ni más ni menos que con el subprefecto, hija, para que yo le traduzca lo que este segundo caballero le quería hacer entender. Te imaginarás que con el soroche, la bizqueadera, el dolor de cabeza y un rosquete sesentón a mi costado que lloraba como una Sarita Colonia recién salvada de la violación, mis posibilidades de entender a un coronel PNP tratando de hablar en francés eran un tanto limitadas, qué quieres que te diga, tanto no puede una.
    Para hacértela breve, la cosa fue así: el coronel había visto a Miou dando de saltos entre las rocas de Sacsayhuamán y no había llegado a mejor conclusión de que ese efebo rubio dorado, con "la bandera de nuestro Tahuantinsuyo, mamá" en el pecho, no era sino un príncipe Inca históricamente perdido entre los meandros del choque de dos culturas, y que él quería que presidiese la ceremonia de izamiento de la bandera del día siguiente.
    Mira, yo no voy a entrar en detalles, ¿ya? pero sólo te pido que te imagines una parada militar en la Plaza de Armas del Cusco, en la que batallones de las tres fuerzas armadas y las dos policiales le rinden honores a Miou, quien no había encontrado mejor idea que salir de drag queen, hija, con peluca ciclame de Cleopatra, palazzo de anaconda color malva y unos zapatones de cuarenta centímetros de alto que ni la tía Hildebrandt, no sabes.
    Para mí el highlight del asunto vino cuando izan la bandera del Tahuantinsuyo, hija, y Miou emocionadísimo se pone a cantar a gritos, con gorjeos de Edith Piaf, La Vie en Rose, que como tú sabes, pucha, es el himno gay en todo el mundo. Lo que pasa es que con su vozarrón de vaporino marsellés imitando a la Piaf, mientras todo el mundo cantaba el himno nacional de acanga, no sé si me entiendes...
    Sin embargo, pucha, el desfile salió regio, a Stephan se le pasó la depre al mismo tiempo que el soroche ("no pudé sabér antés que éramós tantós en Perou", comentó sonriente) y yo pude comprobar una vez más que si hablamos de antropología, pucha, el Perú es un pedazo de tierra con una creación intersubjetiva encima. Lindo. Chau, chau (Rafo León).



     

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