Edición N† 1633

 

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    24 de Agosto de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    El BIT

    AY hija, qué flojera, no sabes, yo que quería escaparme a mi semanita tibetana anual, más aún ahora que mi gurú Cachaparada acaba de cumplir los ciento once años y de la muerte no se salvan ni los santos, y qué crees que me pasa: me llaman a un directorio de emergencia del BIT y me fregaron, creo que me quedo sin meditación, sin desarrollo espiritual y más blanca que una raspadilla sin jarabe, porque parte de la meditadera consistía en pasarse un par de diítas en el Mediterráneo, olvidándose de Farah y de El Chino Cochino (porque ahora estoy ensayando una estrategia para borrarlos de mi mente de a pocos, todo no se puede a la vez. Después de esos desechos sólidos vienen la Gamboa y Cáceres Velásquez y así).
    El BIT (Banco Interamericano Tudela) fue fundado por mi tatarabuelo José Manuel Tudela de Albornoz, hija, después de la Guerra con Chile, cuando los ingleses le pidieron que con la fidelidad y dedicación con que había trabajado veinte años escribiendo documentos (tenía una letra linda) en la importadora de guantes, podía hacerse cargo de un banco que sirviera para comprarle salitre y el guano a nuestros tíos Pratt, hija, porque antes se hacían unos negocios regios con cosas de lo más pof, y a nadie le olían mal las manos, al revés que ahora.

    La cosa es que el BIT pasó por todas: lo compraron unos italianos, lo convirtieron en fábrica de fideos; después vino un gringo, se casó con la hermana de mi abuelita y en el local central del banco, en La Colmena, puso el bar donde se inventó el pisco sour. Tiempo después, pucha, mi tío bisabuelo Diego Tudela Tudela, que era tan mariconísimo como buen empresario, pucha, lo recuperó para banco, y ya con Odría, pucha, otra vez la familia se iba a Europa por meses y recibía la plata donde estuviera, había que avisar nomás y regio.
    Claro, el chi-cho-chu Velasco vino y nos estranguló a todos y lo que sigue es historia conocida: miseria, recesión, drogadicción, meretricio, marginalidad, violencia social, violencia política, anomia, terror, violaciones, hurtos, estupros, mala imagen internacional, quiebras, unos encajes altísimos -completamente fuera de estilo, no sabes- y el jijuna gran puta cabrón bergante marica cochino huevón apestoso cara de mojón clorofílico del Alan, que nos lo quiso quitar y no pudo, bienhecho.
    Bueno, globalización: hace dos años nos compraron unos canadienses que se creen paridos por Buda y nos tratan como a los bodegueros de la esquina (y yo me hago la cojuda: total, quien es alguien acá en el Perú somos nosotros, a pesar de que la plata la tengan ellos, que en realidad no pasan de ser unos guardabosques disfrazados de banqueros, con decirte que uno de ellos se presentó al directorio... ¡con saco sport a cuadraditos celeste con verde!!!!).
    Al grano: resulta que a El Jalado Pérfido no sé qué se le ha dado con que nos quiere canjear la cartera pesada por, llamémosla así, la vanité imposible. La semana pasada hizo una reunión con los banqueros en Palacio (supondrás que me dio viruela negra para no ir), con todo y Keiko Sofía -que si la pellizcas revienta-, para plantearnos "su papel de ustedes en el paquete de miones de medidas económicas para alentar el desarrollo".
    Desarrollo te voy a dar.
    Bueno, en resumen, si siguiéramos las instrucciones que dio Boloña en esa reunión, yo tendría, en una semana, que hacer más o menos lo siguiente:comprarle a Chlimper toda su producción de espárrago de los próximos diez años (que dicho sea de paso, pucha, son aguachentos y sin sabor, en soufle quedan horribles) y de ese monto, o sea, cobrarnos los siete millones de dólares que nos debe la pizzería de Bebito Patito, o sea, Carlos (de quien, dicho sea de paso, he encontrado otros poemas de juventud que la próxima semana te los voy a dar). ¿Y qué ganaríamos los Tudela con esa idiotez?: dos cosas, que el encaje se convierta casi en una bastita y que Dionisio nos compre el 30% de nuestros locales a nivel nacional para cobrarse de ahí lo que le debemos a Susana por el crédito que abrimos en su banco para la compra de las alfombras de la casa de Flamencos. Regio, nadie quiebra, nos olvidamos de los encajes y las huachaferías y como dijo Absalón "pasamos la página" (claro, Absalón pasa la página, pero de la revista Cueros).
    Ay no, te juro hija que es tan complicado y aburrido el asunto, que creo que igual me voy al Tibet, total, conmigo o sin mí los Tudela desde el siglo XIX siempre han sabido lo que representa manejar un banco en el Perú, y en realidad, manejar cualquier cosa, hasta el auto ¿no? Regio, chau, chau. (Rafo León)


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