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24 de Agosto de 2000 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
El
Gran Golpe
CON un lenguaje que combina el tono del parte militar con el
estilo del expediente judicial, el jefe real de los servicios de Inteligencia,
el ex capitán Vladimiro Montesinos, explicó el lunes pasado
los extraordinarios resultados de la "operación Siberia".
Lástima que, de esta fenomenal operación, ejemplo para el
mundo entero, según Alberto Fujimori, no hubiera ningún
resultado concreto. Ni un solo fusil capturado, ni una cacerina incautada,
ni una miserable bala decomisada. Nada.
Montesinos sólo exhibió unos documentos militares falsificados,
como toda cosecha del operativo que hará empalidecer de envidia
a los servicios de Inteligencia del mundo entero. Cosa en la que, dicho
sea de paso, el asesor tiene larga experiencia, porque precisamente fue
expulsado del Ejército y sentenciado a prisión en 1976 por
falsificar documentos castrenses.
En la retahíla de incongruencias y disparates que sostuvieron Montesinos
y Fujimori el lunes, está el del exitoso cordón militar
establecido a lo largo de la frontera peruano-colombiana. Ese cordón
se erigió en el Putumayo a principios del año pasado, porque
el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) tenía información
del tráfico de armas, dijo Fujimori.
¿Y cuál fue la utilidad del cordón si después
de edificado se produjeron tres descargas con un total de 10.000 fusiles
para las FARC, de acuerdo a la propia versión oficial?
Es más ¿cómo el famoso cordón iba a impedir
el tráfico de armas si los aviones las dejaban caer antes de ingresar
al Perú?
En este punto, pues, la versión de Montesinos y Fujimori no tiene
ni pies ni cabeza.
Tampoco en lo que se refiere a la banda de traficantes. Nadie puede creer
que un negocio tan gigantesco como el que denunciaron, sea manejado por
un par de tenientes y otro par de suboficiales, todos en retiro.
Algunos observadores han interpretado que la insólita versión
de Montesinos y Fujimori es una cortina de humo para ocultar el inicio
del diálogo con la OEA. En realidad, la operación va mucho
más allá y tiene varios propósitos:
Primero, lavar la imagen de Montesinos, cuya remoción fue pedida
por César Gaviria y Lloyd Axworthy el 28 de junio a Fujimori, y
reclamada unánimemente por la oposición, la sociedad civil
y un sector del propio gobierno.
Con esta farsa, pretenden realzar los supuestos méritos de Montesinos,
elevado ahora a la categoría de héroe continental.
Segundo, justificar la solitaria posición internacional del régimen
y reclamar un lugar en el mundo. La crítica a la Secretaria de
Estado norteamericana, que visitó Sudamérica obviando de
manera notoria al Perú, va en ese sentido. Nosotros hacemos más
que el resto y no nos dan nada, mientras que a los colombianos que se
les pasa todo, les entregan 1.300 millones de dólares, fue el quejido
de Fujimori.
Tercero, justificar la permanencia indefinida de Montesinos como jefe
real de los servicios de Inteligencia, insustituible según Fujimori.
La presencia dominante de Montesinos en la conferencia de prensa, fue
explícita y humillante para los militares. Los generales de división
y ministros Carlos Bergamino y Walter Chacón, cumplieron la importante
función de trasladar el micrófono de Fujimori a Montesinos
y de Montesinos a Fujimori. Al almirante Rozas, jefe nominal del SIN,
le fue peor, pues no tuvo ni esa pequeña misión, por la
ubicación que le correspondió en una esquina de la mesa.
Cuarto, lo más grave. Según algunas versiones, insinuadas
por los propios colombianos, se trataría de ocultar con esta pantomima
la responsabilidad de Montesinos y/o militares peruanos en el tráfico
de armas y drogas.
A juzgar por la reacción nacional e internacional, la operación
propagandística de Montesinos y Fujimori está resultando
un fiasco. Muy pocas personas les creen en el Perú y el extranjero,
y las incoherencias de su explicación suscitan más dudas
que entusiasmo. Sobre todo después del enérgico desmentido
de los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores, y congresistas de
Colombia.
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Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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